REVISTA N° 5 | AÑO 2009 / 1

Filiación y adopción : reflexiones cruzadas


articulo05-es
Descargar PDF
Télécharger PDF
Download PDF

Filiación y adopción: reflexiones cruzadas 

El autor estudia la influencia del vínculo niño-padres genitores sobre el vínculo adoptivo con la propuesta de tres figuras: las de la sombra, del retorno del fantasma y de lo negativo. Considera que la filiación podrá (re) construirse gracias, entre otros factores, a la afiliación, que es favorecida a su vez por la cohabitación en la casa familiar. Al mismo tiempo, la narratividad tiene un papel determinante. Para abordar los efectos de ésta, se analiza el traumatismo, que desencadena defensas y desórdenes del pensamiento y del narcisismo. A la lectura de dos casos de terapia familiar psicoanalítica, resulta que nuevos mitos familiares pueden formarse. Adoptar implicará, en resumen, una reconfiguración de la organización de la familia y una reformulación de los lugares y funciones de cada uno.

Palabras clave: Adopción, filiación, “sombra” del otro vínculo, afiliación, traumatismo, narratividad.


Filiation et adoption : réflexions croisées 

L’auteur étudie l’influence du lien enfants-parents géniteurs sur le lien adoptif par la proposition de trois figures : celles d’une ombre, du fantôme revenant et du négatif. Il considère que la filiation pourra se (re) construire grâce, entre autres facteurs, à l’affiliation, qui est favorisée à son tour par la cohabitation dans la maison familiale. En même temps, la narrativité y remplit un rôle déterminant. Pour aborder les effets de celle-ci, est analysé le traumatisme, qui déclenche des défenses et des désordres de la pensée et du narcissisme. A la lecture de deux cas de thérapie familiale psychanalytique, il s’avère que de nouveaux mythes familiaux peuvent se former. Adopter impliquera, en somme, une reconfiguration de l’organisation de la famille et une reformulation des places et des fonctions de chacun.

Mots-clés: Adoption, filiation, « ombre » de l’autre lien, affiliation, traumatisme, narrativité.


Filiation and adoption : interrelated thoughts

The author studies the influence of the link children- parent begetter on the adoptive link through the proposal of three images: the shadow, the ghost and the negative. He considers that filiation will be able to be (re) constructed thanks to, amongst other factors, affiliation, which is helped in its turn by cohabitation in the family home. At the same time, narration plays a decisive role. To broach the effects of the latter, the trauma is analysed and this sets off the defences and thoughts and narcissism disorders. When reading these two cases of psychoanalytic family therapy, we find that new family myths can be created. To adopt implies, in a way, a reconfiguration of family organisation and a reformulation of each member’s place and function.

Key words: Adoption, filiation, « shadow » of the other link, affiliation, trauma, narration.


ARTÍCULO

Filiación y adopción: reflexiones cruzadas

Alberto Eiguer 

Sombra, fantasma, negativo

“La sombra del objeto « cae » sobre el yo”, dice Freud (1914) respecto del melancólico. Otra sombra « cae » sobre todo cónyuge, sobre todo padre, sobre todo vínculo familiar, la sombra de algún otro o de un vínculo antiguo: el exnovio (a) s sobre el vínculo de la pareja; los vínculos filiales de las familias de origen de cada padre sobre los vínculos de la familia actual; después del divorcio, los vínculos familiares de un primer matrimonio sobre los de la familia recientemente recompuesta. Es también el caso del vínculo establecido con el médico que se ocupó de la asistencia a la procreación sobre el vínculo del padre y la madre con el niño así concebido, y por fin el vínculo del niño con sus padres biológicos sobre el vínculo entre los padres que adoptan y el niño adoptado.  Pero numerosas familias que adoptan, y las otras, ignoran que están bajo la influencia de una o más sombras; hacen como si eso no existiría ; luego los padres se asombran de las dificultades encontradas a crear o reconstruir la familia con la que soñaron. Mientras la nueva familia no elaborará esta sombra, ésta seguirá siendo activa para interferir en el juego.

Traté a familias que adoptan en las cuales el pasado “influía sobre” el presente de manera constante. El edipo toma configuraciones inéditas. La novela familiar adquiere figuras múltiples. Los terceros se pegan. Se reprime el recuerdo de estos últimos pero retorna. Expulsados por la puerta, vuelven por la chimenea o la ventana. En las terapias con estas familias, el análisis de estas fidelidades inoportunas no puede sino hacerse paso a paso, por escalones: las representaciones de estos distintos apegos aparecen conectadas. El excónyuge recuerda a su abuelo en conflicto con la abuela, que tuvo un hijo de su primer amor ido a la guerra y una hermana rival, etc. Estos terceros son como testigos que reclaman lo que les es debido, según la fórmula propuesta por Abraham y Torok (1978) con respecto al fantasma. A veces se los vive como envidiosos de la felicidad de los miembros de la familia actual y ésta hace lo necesario para arruinarse la existencia.

En algunas familias que adoptan, se toman ciertas iniciativas: los padres intentan por todos los medios recordar al niño sus orígenes. Se le habla de la cultura de donde viene. Se intenta enseñarle las costumbres de ésta, las producciones que la caracterizan, los ritmos, las músicas, las comidas, la lengua eventualmente. Se lo lleva a “su” país para que conozca a sus genitores.

Traté un caso de este género donde el niño no quería que se le hablase ya más de su cultura. Prefería leer Astérix el Galo, dibujar el avión Rafale y construir su maqueta. No se interesaba por la historia de su madre biológica, lo que dejaba perpleja a su madre adoptiva. Quería quizá que ésta esté más segura de sí misma y que desee imponerse: que sea, en resumen, más posesiva. Prefería que le hablase de ella y no de esta madre biológica que se convirtió con el tiempo en una persona anónima para él.

Los padres impacientes que, por el contrario, no quieren de ninguna manera que el niño tome contacto con su pasado o que frecuente a sus genitores no provoca menos dificultades. La sombra del otro está siempre presente, pero para que se pueda tenerlo en cuenta es necesario que un conflicto pasado/presente se orqueste, conflicto entre un padre y madre « ladrones » y un padre y madre terceros a

quienes se arrancó a su niño. El hijo y toda la familia tienen necesidad que haya una lucha de deseos. Porque aquello que duele es cuando no hay padres que deseen. Y para él, el signo exterior del deseo es la voluntad de posesión.

Para hablar del otro y del otro vínculo, cité la metáfora freudiana de la sombra del objeto. Otra metáfora puede citarse: la de lo negativo. El padre biológico funciona como un negativo del padre adoptivo. La idea de negativo se aplica también a la pareja, al cónyugue, a la familia que el cónyugue había formado. Se encuentran estos paralelismos a menudo. La negatividad ejerce como una fuerza de atracción sobre el vínculo actual; es en realidad una referencia de la que los nuevos miembros y la nueva organización familiar deben liberarse para que se ponga en marcha su unión filial o marital. La fuerza de esta negatividad proviene en gran medida del hecho que el vínculo previo pudo haber tenido una función iniciadora.

Es decir, la primera experiencia aprendió al hijo lo que es ser el hijo de un padre y una madre y a estos últimos la naturaleza y el sentido de la filiación; al cónyugue, lo que es una pareja. Los adultos lo sabían ciertamente por haberlo vivido u observado en su infancia. Pero se trata ahora de la experiencia directa. En cada caso, comprendieron cómo una pareja o un vínculo filial funcionan, y ello a pesar de las dificultades y del desacuerdo que pueden dejar heridas y aunque admitiesen al mismo tiempo que la felicidad aportada por la nueva relación fuera incuestionable.

Las tres metáforas de la sombra, del fantasma y de lo negativo nos ayudan a situar más aún lo que está en juego, y a reconocer las razones de los desordenes encontradas por las familias que adoptan, dificultades empeoradas por la necesidad de hallar soluciones rápidamente. ¿Por qué esta urgencia? No lo sé. Se combina quizá la castración y el miedo que una mala madre venga a recuperar al hijo, y que “el rapto” fuera descubierto. A penas un problema surge, se tiene temor de fallar a los ideales familiares. El otro, omnipresente, se convierte en una amenaza. El vínculo adoptivo o biológico no deja de ser por lo tanto un vínculo filial. Estas consideraciones sobre la adopción nos conducen a estudiarlo.  El vínculo de filiación es “un vínculo de descendencia directa entre quienes surgen unos de otros”, propone el diccionario Le Robert (1957, p. 14). El compromiso emocional que los vincula es singular. Lo generacional está implícito con « surgen unos de otros ». No obstante el tejido de lo filial no está formado solamente por lo filial. La filiación tiene un papel evidente.

La afiliación

Los antiguos Romanos llamaban familia al conjunto de las personas que vivían bajo el mismo techo. Esta situación me interrogó acerca del interés en pensar que la casa familiar define un campo en donde los que allí viven forman parte del mismo conjunto groupal ligados por vínculos de filiación y parentesco. Forman parte de este conjunto otros residentes como parientes cercanos, trabajadores domésticos, amigos, e incluso los animales familiares. Me inspiré del concepto de vínculo de cohabitación (Bourdieu, 2001), y observé que puede compensar la ausencia de un lazo de sangre entre padre y hijo, como eso aparece en la adopción, la recomposición familiar, la homo-parentalidad y la familia que recurre a procreación médicamente asistida (PMA). Este vínculo de cohabitación puede reforzar el vínculo de afiliación entre miembros de la familia y contribuir a reforzar estos nuevos apegos así como a la inserción de las personas en el parenstesco y la genealogía : facilitar la adhesión, confirmar la pertenencia, todos conceptos incluidos en el proceso de la afiliación.

Incluso con los animales domésticos, la relación con los amos se ve reforzada por la cohabitación; el proceso de afiliación favorece el sentimiento que son como de la familia. (A. Eiguer, 2004.) En el caso de las familias que adoptan, lo cotidiano refuerza los vínculos de familia por la afiliación, que favorece la integración de los no consanguíneos al parentesco. Lo cotidiano se compone de alegrías y tristezas, contactos, comidas pasadas juntos, veladas agradables, juegos y conversaciones, salidas y visitas, preocupaciones compartidas, solicitudes y solidaridades ante las crisis. En familia se dicen cosas, se habla del pasado, se invocan personajes significativos de la infancia y la genealogía. Cada gesto repetido refuerza la trama. Se comprenderá por qué tanto niños piden que se les repita el mismo cuento.

El vínculo filial se basa en parte en la afiliación, en un apego que remite al grupo y sus dinamismos. Complicidades aparecen; apuntalamientos se refuerzan, movilizados por el sentimiento que los inconscientes son portadores de deseos, fantasías y afectos. El hijo construye su inscripción en una filiación por su inserción en el hábitat de la casa, que aporta en él las huellas de la pertenencia a una familia.

En el caso de una familia que había adoptado a dos niños, los padres desearon contarles sus vidas pasadas con lujo de detalles. Los hijos se sintieron progresivamente cercanos de este pasado. La terapia se emprendió cuando eran púberes, 12 y 13 años, con el fin de superar sus dificultades escolares. El padre así como la madre venían de un país extranjero que sufría del yugo de un régimen dictatorial. El padre tenía allí una actividad clandestina de pasador de fronteras, es decir hacía cruzar clandestinamente la frontera a los que querían emigrar. Hacía también contrabando. Estas actividades le valieron ir a la cárcel. Le gustaba hablar de sus actividades ilegales y divertía a su asistencia explicando las artimañas de las que se había servido. Encantados, los niños pedían siempre más detalles sobre las proezas paternas. El relato paternal de su propia fuga tenía un lugar destacado entre estas historias. Los niños gozaban al escucharla. Sabían que eso había sido peligroso, pero la embriaguez que causaba en ellos este relato los conducía a una extraña renegación.

En una sesión, uno de ellos explicó que había llegado a vanagloriarse delante de sus amigos, a veces algunos adultos. Decía estar orgulloso que su padre haya sido un contrabandista, que haya ridiculizado a los gendarmes y a los aduaneros muchas veces, luego “de haber puesto en peligro” al Gobierno de su país. Era “¡Mi padre este gran héroe!” Pero la madre se puso lívida cuando lo oyó en sesión. Explicó luego haber experimentado diferentes sentimientos contradictorios. Aunque feliz de ver que los hijos se mostraban cercanos del padre, tenía miedo que la cosa termine sabiéndose y que sus problemas recomiencen. ¡La sombra del pasado! Era posible que los niños se inscribiesen de esta forma más aún en su historia agregó. Parecían entenderlos y apreciar su pasado y su elección de vida. Pero al mismo tiempo, había como una identificación con las opciones del padre mientras que, en realidad, habían sido el producto de una elección por necesidad. La madre añadía que no pensaba que eso pudiese ser fuente de orgullo. Hubiera preferido que fueran sensibles a los sufrimientos que ello habían implicado.  El más chico añadió que no vería nada malo en convertirse en contrabandista si la ocasión se presentaba. Su hermano lo provocó: “Te gusta revender muy caro tus DVD podridos. Te gusta engañar a los que llamas tus mejores amigos.”

Pensaba, por mi parte, que por su orgullo, el padre aparecía como un verdadero « atorrante »; llevaría el oficio de contrabandista en la sangre. Esta lógica recuerda la de la adopción. Los padres estériles adoptan en general por necesidad de la misma manera que este padre se convirtió en contrabandista en ausencia de otra salida. Por el pasaje de los emigrantes, se podía añadir una dimensión ideológica. Es como si los hijos dijeran: “Si rehusas la idea que te convertiste en un contrabandista porque te gustaba esa vida, no puedes decirnos que es igual ser hijo biológico que adoptivo.”

Se evidenciaba que la nueva filiación adoptiva tomaba un cariz que los padres no habían previsto, al menos conscientemente. Ellos mismos había decidido exiliarse para rehacerse y abandonar su vida clandestina y marginal. El padre no pensaba tener alma de delincuente, como lo probaba el hecho que no había reanudado el contrabando e incluso que había roto con la gente de ese medio. En Francia, había realizado estudios de quinesiterapeuta y era feliz. Pero los hijos se habían quedado fijados a estos relatos, que tenían distintas ramificaciones incluyendo a personajes conocidos por ellos y a miembros de las familias. Realmente las aventuras del contrabando jalonaban el transcurso vital de las familias de origen y sus miembros. De allí, se podían entender las vidas de éstos, precisar sus identidades, conocer mejor sus personalidades.

Por la forma en que el padre contaba su vida clandestina, los dos hijos habían tenido la intuición que había disfrutado verdaderamente y que su elección de vida correspondía a una vocación oculta. Probarlo era para ellos más importante que la revelación de un secreto: era deducir que el padre los consideraba como sus hijos. Fue destacado en parte en una sesión.

En todo caso, cuando se es adoptado, se supone integrar el pasado de los padres con sus costados luminosos y oscuros, sus antepasados, costumbres, ética, etc.

La idea de afiliación como la de vínculo intersubjetivo nos aclara: la reciprocidad determina lo filial. Formar parte de una filiación, es devenir curioso a fin de conocer al otro, implicarse en su vida más allá de sus elecciones y gustos, es quedar afectado por sus dificultades, aunque cada uno aprecia su libertad e independencia. El otro no nos obliga a sentirnos concernidos por él, pero es un proceso inconsciente, un compromiso directamente vinculado con el hecho de encontrarse uno ante otro y en interacción con él.

Para pensar la adopción: consideraciones sobre el traumatismo y la narración

La adopción es un momento de crisis y la integración del nuevo miembro en la familia implica un estremecimiento, un microtraumatismo, aunque la adopción suele ayudar a cicatrizar otras heridas (esterilidad, etc.).

Para estudiar el impacto de este traumatismo en la familia y su evolución, sería oportuno tener en cuenta la singularidad de éste. Hablemos del traumatismo en general.

Habitualmente, cualquier traumatismo perturba la filiación en mayor o menor medida. No es raro que el hijo dude de la identidad de uno u otro de sus prójimos o que rechace su identidad. En las víctimas, la conmoción del traumatismo alcanza distintos ámbitos: el afecto, con miedo, perplejidad y sufrimiento inconsolable; el pensamiento desbordado por la excitación, perturbada, desorganizada; las huellas mnémicas no pueden articularse entre ellas; el narcisismo termina debilitado y alterado por la formación de vacuolas del yo (Abraham y Torok, 1978; A. Eiguer, 2009), que son como el testimonio de lo irrepresentable, dicho de otro modo, de las alteraciones del entendimiento luego de la prohibición de pensar dictada por el transgresor, si fue el agente del traumatismo, y sus amenazas. La causa del traumatismo puede ser exterior o interior a la familia, pero las consecuencias en la víctima serán en su conjunto significativas: imposibilidad de fantasear. El equilibrio familiar se rompe. Estos desórdenes producen a su vez efectos significativos mucho tiempo después.

Pero se emerge del traumatismo por y con los otros, identificándose a él, a su empatía, su ternura.

El relato tiene también una función importante. La víctima expone los hechos e intenta comprender lo que sucedió. Según la perspectiva abierta por Ferenczi (1931, 1933), los mecanismos de defensa psíquicos no deberían evaluarse siempre de manera negativa; resultan necesarios, aunque provisionalmente y mientras el choque se viva penosamente. ¿Por qué no autorizarse a desmentir, escindir, racionalizar, invertir el sentido de las cosas? Estas defensas abrirán a veces líneas de recuperación. ¿Por qué? Aunque no lo ve claramente, el sujeto puede comenzar por interpretar las cosas de manera unívoca o errónea pero, ello es ya pensar, deducir, razonar. Defiende su interpretación de los acontecimientos. Ferenczi hace hincapié en la escisión, que se vuelve útil con el fin de separar el recuerdo de la experiencia y la vivencia del resto de su ser. Utiliza el término de “fragmentación” para esta defensa útil. Cuando haya superado el choque, el sujeto encontrará su unidad, y entonces se acordará, hablará de la experiencia, la conectará, amasará, mezclará, reconstruirá, transformará. Ferenczi (1933) recuerda que la desmentida y la escisión pueden también ser compartidas por el adulto protagonista del traumatismo y por el testigo.

El adulto trivializa el perjuicio si fue el agresor ; la negligencia o la falta emocional si ignoró las necesidades del niño. Parece ignorar la psicología particular de éste, que no puede seguirlo cuando emplea “el idioma de la pasión”. Ferenczi deja entender que esta desmentida resuena con la de la víctima, configurando una comunión en la desmentida. Es decir la desmentida es nociva si se refuerza colectivamente. Su presencia sugiere claramente la necesidad de una elaboración gradual del sufrimiento y, ante todo, del refuerzo de la autoestima en la víctima del traumatismo. La situación de pasividad sufrida complica las cosas: pasivo por haber sufrido, por hacerse confortar. En el caso de la familia expuesta recientemente, los hijos se sienten como participando en el pasado de sus padres adoptivos. Notamos que esta ilusión era funcional; la desmentida era poco marcada y contribuía a la construcción de la filiación.

La proyección se revela ser también un mecanismo interesante. Su papel en el trabajo del pensamiento, la utilización de la intuición y la deducción al cual el pensamiento se asocia, la apertura de una “visión del mundo” y la sistematización que integra las distintas comprobaciones empíricas merecen nuestra atención. Numerosos investigadores, entre los cuales Freud (1912), examinaron el lugar notable de la construcción de sistemas de interpretación en los pueblos primitivos relativos a los fenómenos de la naturaleza cuyo control no tienen. Estos investigadores admitieron su carácter positivo. ¿Por qué no llegar a explicaciones para calmar nuestras angustias? Una vez que los efectos desorganizadores de la conmoción superada, el sujeto pueden desarrollar nuevas formas de razonamiento, interesarse por cuestiones que no tenía costumbre de plantearse.

El pensamiento tiene vínculos incuestionables con la narración: el relato que se hace permite forjar nuevas hipótesis y revisar sus propias convicciones. Sucede frecuentemente que versiones diferentes de los hechos se sucedan, incluso que sea contradictorias, sobre las funciones de los agentes del traumatismo, los testigos, las víctimas. Se construyen colectivamente en familia. Se dirá que el que se creía haber salvado a la víctima era realmente un cómplice del agente; el agente, una víctima de sí mismo, etc.  En la historia del psicoanálisis, el papel positivo de la defensa reivindicado por Ferenczi sufrió una especie de represión hasta H. Kohut (1971), que, sensible a las ventajas narcisistas de ésta, lo rebautizó mecanismo compensatorio. La defensa intenta compensar una carencia antigua o reciente, de amor, protección, consideración. El adulto (s) que estuvo a cargo del cuidado es responsable de esta falla. Esta definición corresponde al enfoque de Ferenczi, la función positiva de la defensa es tanto más considerable cuanto que el adulto faltó al niño traumatizado. La defensa se interpretaba anteriormente en relación con la pulsión, cuyos efectos intentaba neutralizar. En la comprensión de Kohut, el vínculo padre-madreniño aparece en primero plano.

Esta reformulación es contemporánea de la reconsideración de la narración en la reconstrucción del pasado: el relato apoya al recuerdo y le da una verisimilitud y no al revés – es decir, la hipótesis que habitualmente se avanzaba: era de buen juicio buscar la verdad, que es una y única.

Con las versiones sucesivas para explicar lo que aconteció, la narratividad apuntala y permite repararse. En la medida en que la herida se vive como una afrenta cuyo control no tenemos, el relato nos permite encontrarnos como sujeto, artesano, protagonista del acontecimiento. Es también una tentativa en acercarnos al mito, un poco más cerca con cada nueva versión, hasta conseguir que lo banal y lo avergonzante pasen a ser gestas remarcables. “Si eso me sucedió a mí, es porque estaba predestinado. Si también le ocurió a los del barrio, a los de mi comunidad, a los miembros de mi familia, puedo sentirme acompañado.” Transformarse en un héroe, es ya dejar de estar solo, e “inscribirme en un destino familiar. Todos los nuestros se encuentran allí, desde generaciones y generaciones”. En el caso de la familia recientemente expuesto se observa la formación del mito acerca del heroísmo del padre, lo que intenta solucionar las incertidumbres de la filiación adoptiva.

Para concluir

Para la reconstrucción narrativa, la familia desempeña su papel específico. Si cada uno de sus miembros sufrió del traumatismo al mismo nivel, la recomposición por el relato será colectiva. Si uno de los miembros ha sido el más afectado, todos contribuirán a su restauración. Si el agente de la agresión es un miembro de la familia, los terceros, testigos o exteriores a la familia, serán esenciales para este trabajo.

En cada caso, y, en particular, en las familias que adoptan, el mito del niño salvado porque elegido está presente, cada patenaire del actor de reparación adhiere a este mito. El terapeuta también, que ya está atravezado por su propio mito familiar, concuerda sus gestos con los gestos esperados por la víctima y su familia. Los mitos de los cuidadores hacen eco con los mitos familiares.

Los dos ejemplos citados permiten observar el interés de la narración en el proceso de adopción; tiene una función de restauración y estrechamiento de los vínculos filiales. Con respecto a la primera familia, el niño reclamaba a sus padres frágiles que le hablen de su vida. Se interesaba específicamente a héroes franceses de las historietas. El segundo caso pone de manifiesto que para que hijos y padres se adapten recíprocamente, el relato tiene una importancia capital en la identificación del otro y, una vez reconocido mejor por éste, en la identificación a él. Cuando algo no es posible o autorizado, se puede permitir infringir y reconocer que se tuvo goce. El relato no parece siempre decir la verdad, pero revela la verdad profunda de los sujetos. Siendo tan perspicaces y sensibles para descubrir misterios, los niños adoptados pueden ayudar a reconquistar la autenticidad en cada uno.

El niño adoptado podría pedir: “Cuéntame tu historia aunque no es exacta. Me ocuparé de encontrar su (tu) verdad.”


Bibliografía

Abraham N., Torok M. (1976) L’écorce et le noyau, Paris, Flammarion.

Bourdieu P. (2000) Les structures sociales de l’économie, Paris, Le Seuil.

Eiguer A. (2004) L’inconscient de la maison, Paris, Dunod.

Eiguer A. (2008) Jamais moi sans toi. Psychanalyse des liens intersubjectifs, Paris, Dunod.

Eiguer A. (2009) « Narcissisme familial », Revue internationale de psychanalyse de couple et de famille, N° 2, versions en français, anglais et espagnol www.aipcf.net

Ferenczi S. (1931-2) « Réflexions sur le traumatisme », tr. fr. OC  IV, Paris, Payot, 1982, 139-147.

Ferenczi S. (1933) « Confusion de langues entre l’adulte et l’enfant », tr. fr. in OC IV, Paris, Payot, 1982.

Freud S. (1912), Totem et tabou, tr. fr. Gallimard, 1977.

Freud S. (1914) Deuil et mélancolie, tr. fr. in OC XII, Paris, PUF.

Kohut H. (1971) Le self, tr. fr. Paris, PUF, 1974.

Le Robert (1957) Paris, Ed. Le Littré.


Psychiatrist and a psychoanalyst, holder of an Habilitation to direct research in psychology (Université Paris V), director of the review Le divan familial, President of the International Association of Couple and Family Psychoanalysis.

AIPCF, 154 Rue d’Alésia, 75014 Paris, France

Revista Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja

AIPPF

ISSN 2105-1038