REVISTA N° 34 | AÑO 2026 / 1

Las alianzas inconscientes en el vínculo de pareja

Las alianzas inconscientes en el vínculo de pareja

Este artículo de Rosa Jaitin rinde homenaje a René Kaës desarrollando el concepto de alianzas inconscientes en las relaciones de pareja. La autora muestra que estas alianzas estructuran los vínculos intersubjetivos y transgeneracionales mediante mecanismos inconscientes de defensa y transmisión. Distingue varias formas de negatividad: relativa, de obligación y radical, que influyen en la calidad de las relaciones humanas. El estudio clínico de una pareja heredera del trauma del genocidio armenio ilustra cómo los traumas no simbolizados se transmiten entre generaciones. La pareja se construye alrededor de un pacto narcisista destinado a reparar las heridas de la filiación. Sin embargo, esta alianza también se convierte en fuente de sufrimiento, culpa y repeticiones patológicas. El cuerpo, especialmente el de la mujer, se transforma en el lugar de expresión de la negatividad radical a través de la enfermedad. La terapia psicoanalítica de pareja permite transformar progresivamente ciertos contenidos traumáticos en elementos representables. El trabajo terapéutico actúa como un espacio transicional que favorece la simbolización y la elaboración psíquica. Finalmente, el artículo subraya la importancia de los contextos sociales y culturales en la transformación de las alianzas inconscientes.

Palabras claves: alianzas inconscientes, transmisión transgeneracional, negatividad radical, rareja, trauma.


Les alliances inconscientes dans la relation de couple

Cet article de Rosa Jaitin rend hommage à René Kaës en développant le concept d’alliances inconscientes dans les relations de couple. L’auteure montre que ces alliances structurent les liens intersubjectifs et transgénérationnels à travers des mécanismes inconscients de défense et de transmission. L’étude clinique d’un couple ayant hérité du traumatisme du génocide arménien illustre comment les traumatismes non symbolisés se transmettent entre générations. Le couple se construit autour d’un pacte narcissique destiné à réparer les blessures de la filiation. Cependant, cette alliance devient aussi source de souffrance, de culpabilité et de répétitions pathologiques. Le corps, notamment celui de la femme, devient le lieu d’expression de la négativité radicale à travers la maladie. La thérapie psychanalytique du couple permet progressivement de transformer certains contenus traumatiques en éléments représentables. Le travail thérapeutique agit comme un espace transitionnel favorisant la symbolisation et l’élaboration psychique. Enfin, l’article souligne l’importance des contextes sociaux et culturels dans la transformation des alliances inconscientes.

Mots-clés: alliances inconscientes, transmission transgénérationnelle, négativité radicale, couple, traumatisme.


Unconscious alliances in the couple’s bond

This article by Rosa Jaitin pays tribute to René Kaës by exploring the concept of unconscious alliances in couple relationships. The author explains that these alliances’ structure intersubjective and transgenerational bonds through unconscious defense and transmission mechanisms. The clinical study of a couple inheriting the trauma of the Armenian genocide illustrates how unprocessed trauma is transmitted across generations. The couple is built around a narcissistic pact aimed at repairing filiational wounds. However, this alliance also becomes a source of suffering, guilt, and pathological repetition. The body, especially the woman’s body, becomes the place where radical negativity is expressed through illness. Couple psychoanalytic therapy gradually allows traumatic contents to be transformed into representable elements. The therapeutic process acts as a transitional space promoting symbolization and psychic elaboration. Finally, the article highlights the importance of social and cultural contexts in the transformation of unconscious alliances.

Keywords: unconscious alliances, transgenerational transmission, radical negativity, couple relationship, trauma.

 


ARTÍCULO

Las alianzas inconscientes en el vínculo de pareja

Rosa Jaitin[1]

Presentación

René Kaës fue una figura destacada del psicoanálisis contemporáneo.

Mi trayectoria científica y personal está estrechamente ligada a él. Como modelo de psicoanalista, investigador, maestro y amigo, se caracterizaba por su apertura hacia los demás y su sencillez.

En este artículo, en su homenaje, voy a retomar el tema de las alianzas inconscientes en los vínculos de pareja a partir de una situación clínica.

Las alianzas inconscientes

A partir de 1988, René Kaës, miembro del Quatrième Groupe de Psicoanálisis, retomó los trabajos de Piera Aulagnier (1975) e introdujo el tema de las alianzas inconscientes. Agregó al contrato narcisista el pacto denegativo, y diferenció diferentes niveles de negatividad inconsciente en los vínculos, que, según su grado, provocan la protección o la intoxicación de estos.

Al incluir las alianzas inconscientes en su teoría, René Kaës profundiza su concepción de los vínculos, en el sentido de que la trama vincular estaría siempre sostenida por las alianzas inconscientes. Estas organizan los vínculos intersubjetivos y transubjetivos de los sujetos y son el «cemento» de la materia psíquica que une a los individuos entre sí. Las alianzas inconscientes serían, así, el resultado de diferentes modos de vinculación que producen lo inconsciente, imponiendo obligaciones a los sujetos del vínculo y un mutuo inversión psíquica.

El sujeto del inconsciente se construye en las alianzas inconscientes como sujeto en la intersubjetividad. Podríamos afirmar que estas crean el inconsciente, lo que significa que la psique estaría abierta al inconsciente de los demás. Para vincularse con los demás, es necesario dejar de lado los desacuerdos gracias a los beneficios de las modalidades de lo negativo y de la comunidad de negación, lo que facilita la creación del entramado vincular. Así es como los vínculos se construyen en una reciprocidad y una comunidad de mecanismos de defensa (Kaës, 1993, 2007).

Las alianzas están sometidas a encuadres y garantes metapsíquicos y metasociales. La alianza necesita garantes simbólicos, es decir, terceros testigos de la unión, representados por las creencias, los grupos que las portan y las leyes sociales (Tourraine, 1965).

Cuando estos garantes son defectuosos o no se cumplen, se precipita la formación de alianzas inconscientes patógenas. Hoy en día, somos testigos de disfuncionamientos sociales y políticas, así como de catástrofes colectivas provocadas por múltiples guerras, migraciones forzadas y desastres climáticos que afectan a nuestro sistema planetario. Es decir, que cuando los garantes meta sociales son deficitarios, los sistemas metapsíquicos se ven afectados, lo que lleva a la eliminación de las prohibiciones de muerte e incesto.

Retomaré este aspecto en mi presentación clínica para poner de manifiesto las articulaciones entre los garantes metasociales y metapsíquicos.

Otra de las características de las alianzas inconscientes es que están sujetas a la transmisión, que es indisociable de la transferencia. Además de estos objetos transferibles y transformables, René Kaës sostiene que lo «negativo» es también, y sobre todo, un organizador inconsciente de la transmisión de las alianzas, que varían según el grado de negatividad vincular.

Grados de negatividad vincular y transmisión transgeneracional en la pareja

La negatividad actúa en las personas para liberar al vínculo de sus componentes alienantes y mortíferos. El vínculo intersubjetivo se estructura mediante la denegación, siendo por un lado, un sistema de defensa y por otro, una actividad fundadora y creativa del espacio psíquico.

En 1988, René Kaës comenzó a desarrollar el concepto de pacto denegativo, distinguiendo dos polaridades conjuntas.

La primera se basa en el amor, que posibilita inversiones mutuas, identificaciones comunes y compartir una comunidad de ideales y creencias. Sobre esta base, se establece un contrato intersubjetivo con el fin de dejar de lado las diferencias y proteger el vínculo naciente. Entonces se genera un espacio potencial creativo e idealizado que permite fundar la alianza de pareja sobre la que voy a trabajar, en una relación de confianza contenida en una envoltura protectora.

La segunda polaridad se organiza en torno a las diversas operaciones defensivas que, en sus extremos, pueden destruir al sujeto y al vínculo. Estas operaciones defensivas abarcan desde la represión hasta la negación, pasando por la escisión y la exclusión.

A partir de estos desarrollos, René Kaës (2009) abre el camino hacia una metapsicología transubjetiva al proponer tres grados de negatividad.

Distingue tres modalidades de negatividad que determinan el destino de las alianzas y que, como ya he mencionado, son partes constitutivas del inconsciente. Diferencia tres grados de negatividad: la negatividad de obligación, la negatividad relativa y la negatividad radical.

Estas tres modalidades de negatividad permiten comprender la dinámica intrapsíquica, intersubjetiva y transubjetiva de la transmisión de las alianzas inconscientes.

La transmisión está relacionada con la necesidad de garantizar la continuidad entre los miembros y las generaciones en el caso de la familia y entre los miembros y las sucesiones en el caso de las instituciones. La transformación permite pasar de elementos brutos a elementos más representables y transformar experiencias sensoriales psíquicas dolorosas, haciéndolas más organizables e intercambiables para facilitar su simbolización.

La negatividad relativa corresponde a la negatividad que se establece en la frontera entre el inconsciente, el preconsciente y la consciencia en la teoría freudiana. Está regida por mecanismos de defensa de la represión secundaria. El concepto de negatividad relativa, propuesto por René Kaës (ob. cit), podría explicar algunos aspectos de la transmisión «transgeneracional» no patológica. El sujeto del inconsciente es necesariamente sujeto de transmisión.

La negatividad de obligación corresponde a la coacción de producir lo negativo y está vinculada a las prohibiciones fundamentales de asesinato e incesto. Estas prohibiciones contribuyen a la construcción de la muerte simbólica de los padres en las relaciones identitarias. Aunque estas prohibiciones siguen existiendo, somos testigos de la violación de las leyes internacionales y de los crímenes contra la humanidad que dominan la actualidad del mundo. Este clima agudiza el aumento actual de parejas y familias maltratantes, así como la aparición masiva de feminicidios e incestos.

Pasemos ahora a la negatividad radical, que se caracteriza por «lo que no es». Esta se manifiesta en la experiencia de la carencia, en la prueba de la ausencia, en el encuentro con lo desconocido o en la ausencia de encuentro entre un sujeto y un otro. Podría describirse de manera paradójica como lo real no percibido ni contenido. Las figuras del vacío y del blanco son una representación cercana, ya que este fondo irrepresentable de la negatividad radical tiene como trasfondo la angustia de separación y la angustia originaria, que no pueden ser tratadas ni por la represión ni por la negación. La negatividad radical trata de objetos brutos, no transformables, enquistados e incorporados, inertes, que atacan los vínculos de pareja e impiden su transformación.

René Kaës insiste en que las alianzas inconscientes están sujetas a los procesos del inconsciente y que sus modalidades varían según los mecanismos de defensa, ya sea del lado de la represión o de lo que no se puede reprimir.

A lo largo de su libro, Kaës demuestra que las exigencias de la represión son tanto intrapsíquicas como intersubjetivas, por lo que insiste en que son constitutivas del inconsciente. Otro punto a remarcar es que el nivel de negatividad de las alianzas inconscientes, y en particular de los pactos narcisistas, depende de la modalidad de defensa movilizada (ob. cit.).

Me parece importante revisar las operaciones de defensa, en particular a nivel intersubjetivo y transubjetivo, para analizar el juego en la relación de pareja que trataré en mi trabajo clínico.

Las operaciones de defensa por represión dan lugar a alianzas inconscientes relativas a la negatividad y a la negatividad de obligación. En efecto, la represión, en sus formas originaria, primaria y secundaria, está en el origen de la constitución del inconsciente.

La represión originaria marca el nacimiento de la tópica del aparato psíquico, gracias a la separación del sistema Inc y del sistema Pc-Cs, que inaugura la tópica (Balestrière, 2008). Al principio, el aparato psíquico no se diferencia del cuerpo (Aulagnier, 1975), como veremos más adelante en la clínica que voy a presentar, en la que es el cuerpo el que porta la toxicidad.

En el psicoanálisis tradicional, la represión interviene a nivel intrapsíquico y se asocia a experiencias de displacer o exceso de placer, desbordamiento pulsional y representaciones intolerables para el yo. Esta represión desempeña un papel fundamental en las alianzas inconscientes, pero, como veremos, no son suficientes para entender los mecanismos a nivel intersubjetivo y transubjetivo).

A nivel intersubjetivo, la represión obliga al sujeto a reprimir las pulsiones destructivas para preservar los vínculos con los demás, que son protectores y dispensadores de placer y amor.

Otros mecanismos de defensa, que operan fuera de la represión, son centrales en la transmisión inter y transubjetiva.

Las operaciones de defensa de la transmisión transubjetiva dan lugar a alianzas inconscientes tejidas por la negatividad radical y en las que las defensas son más complejas que cuando estas operan por medio de la represión.

Estas defensas se hallan en el origen de los procesos y de las organizaciones inconscientes «extratópicas». Esto significa que se hallan fuera de la tópica intrasubjetiva. Operan al nivel económico de la metapsicología freudiana. En otras palabras, los contenidos psíquicos son expulsados del sujeto y depositados en los vínculos inter y transgeneracionales.

El mecanismo utilizado es la depositación intersubjetiva, que fue estudiada inicialmente por E. Pichon Rivière (1971) y J. Bleger (1995). A nivel transgeneracional, la depositación se realiza en forma de criptas, un descubrimiento de Abraham y Torok.

Nicolas Abraham y María Torok (1987) introdujeron la noción de cripta como un cuerpo extraño incorporado por el yo que contiene la tópica de otra persona, de un «otro enterrado vivo» que vuelve y atormenta a otras generaciones. Se trata de la historia de un duelo imposible.

El interés de este modelo radica en mostrar que la transmisión no es una repetición inmutable, sino que se constituye a partir de una desviación necesaria para la constitución de un nuevo sujeto.

A diferencia de la introyección, el mecanismo de incorporación estaría en el origen de la cripta. Se refiere a un fantasma que no puede ser metaforizado y, en consecuencia, queda encerrado en estado bruto. El sujeto permanece pegado, al pie de la letra, a una experiencia que no puede ser pensada. La incorporación revela una laguna en la psique, una falla en un lugar específico donde la introyección no puede producirse.

La incorporación pasa por una cripta del lenguaje que se convierte en un jeroglífico indescifrable. Se establecen relaciones entre palabras sin significado, rimas semánticas formales sin sentido manifiesto. Otra vía de manifestación de la cripta es el cuerpo, que se pone de manifiesto en el caso clínico que presentaré.

La cripta corresponde a una negatividad radical producida por mecanismos de defensa ectópicos. La escucha psicoanalítica de los vínculos permite crear un espacio protector que genera las condiciones necesarias para depositar experiencias dolorosas que el Yo no puede asimilar. El trabajo central del psicoanálisis vincular consistiría en crear un espacio transicional para albergar los residuos transgeneracionales que se manifiestan siempre en las rupturas del encuadre de los dispositivos terapéuticos vinculares, que abren y facilitan su expresión.

Estos mecanismos de exportación, depósito y cripta se articulan con otra doble exigencia, intrapsíquica e intersubjetiva, que sustenta estas operaciones. Estos mecanismos de defensa, que operan fuera de la represión, actúan en la transmisión intersubjetiva mediante la negación, la desautorización, el rechazo y la exclusión, y organizan la materia de los pactos denegativos, así como la comunidad de denegación, los pactos perversos y las alianzas negativas basadas en la alucinación.

A diferencia de las alianzas basadas en la represión, en este caso se trata de alianzas patológicas y alienantes.

Todas las alianzas inconscientes intersubjetivas combinan estos diferentes componentes: algunas son simétricas y homogéneas, y otras, heterogéneas y asimétricas, como cuando la negación de uno de los miembros de la relación alimenta la represión en el otro. Estas dos operaciones son necesarias para mantener viva la trama vincular.

Estas operaciones se llevan a cabo conjuntamente por unos y otros, a veces solo por unos, pero con el acuerdo inconsciente de los demás, ya que todos obtienen un beneficio inconsciente. La represión, la negación y la exclusión plantean exigencias a cada sujeto del vínculo para servir a sus propios intereses y a los del conjunto al que pertenecen.

Las alianzas son tanto más eficaces para permanecer inconscientes y producir efectos inconscientes cuando los intereses más profundos de los sujetos comprometidos en el vínculo convienen a estos y deben permanecer inconscientes para preservarlo.

A través del caso clínico que voy a presentar, veremos cómo funciona la transmisión transgeneracional en el vínculo de pareja cuando las familias de origen han atravesado traumatismos difícilmente representables y cómo el vínculo conyugal está dominado por un sistema de defensas destinado a la supervivencia y a superar la culpabilidad de los supervivientes de un exterminio (Kaës, 1989).

Viñeta clínica

El señor y la señora son ambos herederos de un trauma resultante del genocidio armenio que afectó a las tres generaciones que les precedieron y que fue uno de los factores determinantes en la elección de pareja.

El psicoanálisis de pareja comenzó cuando tenían unos cincuenta años. Duró cinco años y permitió comprender los mecanismos comunes a sus familias de origen, la calidad del vínculo intersubjetivo y los beneficios intrasubjetivos o personales que el vínculo conyugal les otorgaba.

Las ramas familiares de origen se caracterizaban por la exclusión de una u otra. En el caso de la mujer, la rama materna estaba excluida, y en el caso del hombre, la paterna.

En las sesiones, la representación de los vínculos era dual, con una difícil inclusión de un tercero.

Otra característica común a ambos era la dependencia extrema de las familias de origen, que les impidió crear su propio vínculo matrimonial. Se trataba de añadir un hijo a la familia del otro. No había diferencia entre los hijos políticos y los propios.

En esta situación, el vínculo de pareja se creaba a partir de un trauma que no permitía diferenciar entre las familias de origen y los cónyuges. Este vínculo de pareja permitía representar la condensación del trauma de exclusión, una vía real para simbolizar la dificultad de la triangulación. La pareja se funda entonces como vínculo fraterno (Jaitin, 2006, 2008).

La construcción de esta pareja tenía como objetivo asegurar el contrato narcisista destinado a mantener el vínculo de filiación, ya que la alianza les permitía satisfacer los investimentos narcisistas y objetales convenientes para ambos y sus familias.

El reto, la misión de esta pareja era convertirse en padres, en un intento de salir de la posición de herederos de un genocidio y reparar la masividad de las pérdidas, abriendo un futuro de lado de la vida. En este sentido, el vínculo de pareja funcionaba como organizador del vínculo filial. La alianza conyugal proporcionaba a esta pareja un apoyo frente al trauma transgeneracional en proceso de elaboración.

Las alianzas inconscientes que establecieron entre ellos les permitieron tejer una reciprocidad y una comunidad de mecanismos de defensa para afrontar las diversas modalidades de lo negativo en su vida psíquica personal y en su vida en común. Sin embargo, los reproches constantes que aparecían en las sesiones ponían de manifiesto la falta de armonía y de complementariedad entre sus mecanismos de defensa.

Esta pareja se formó en torno a la ilusión de que los orígenes culturales comunes bastaban para unirse, cumpliendo así el mandato familiar de realizar el contrato narcisista, destinado a reparar las heridas de la propia filiación provocadas por el genocidio, como ya he dicho. Ambos eran profesionales de éxito, hijos ideales «elegidos» para la sucesión generacional.

Pero toda herencia transgeneracional incluye elementos que permanecen a la espera de ser representados, aunque no por ello tienen que ser de naturaleza traumática. Esto corresponde a la negatividad relativa, regida por mecanismos de represión y desplazamiento. Es decir, que hay conflictos propios de las configuraciones edípicas de cada cónyuge, conflictos personales intrafamiliares que esperan ser representados en un proceso terapéutico.

La afiliación al vínculo conyugal está destinada a resolver los conflictos personales con la propia filiación. Es decir, que las alianzas inconscientes conyugales operan como conmutadores filiativos, ya que, en la afiliación al vínculo conyugal, el cónyuge recibe y porta también las huellas de la filiación ajena, así como las de la suya propia.

Así, la filiación actúa como un organizador genealógico que permite a un individuo posicionarse en relación con su ascendencia y su descendencia. Cada sujeto está inscrito en una cuádruple herencia filiativa: en su propio cuerpo, en las generaciones que le precedieron y le sucederán, en sus contemporáneos y en las diferencias de género, así como en el contexto sociocultural de nacimiento y adopción.

Cuando una experiencia o vivencia de uno de los miembros de la pareja no puede ser procesada, se desplaza y se deposita en la alianza conyugal. Esta soporta las fragilidades de la propia filiación para iniciar un proceso de elaboración y representación que aporta beneficios a ambos.

La alianza conyugal inconsciente es una formación psíquica vincular común y compartida en la que la pareja es parte constitutiva. Son las formaciones comunes y compartidas de la materia psíquica sobre las que se construye el vínculo de pareja, en el que ambos cónyuges participan.

Las alianzas inconscientes tienen como objetivo asegurar un interés común mediante una acción compartida destinada también a satisfacer un objetivo propio de cada uno que no podría lograrse de forma aislada sin la presencia del otro.

Los vínculos de pareja y familia se organizan en torno a objetivos específicos, es decir, tareas conscientes e inconscientes que se refieren a intereses comunes a cada sujeto del vínculo y que los relacionan, aportando satisfacciones.

En este sentido, René Kaës sostiene que “la alianza es a la vez un proceso y un medio para alcanzar objetivos inconscientes”. Estos objetivos pueden ser comunes o sensiblemente diferentes para cada sujeto de la alianza y permanecen inconscientes para sostener el vínculo (2009, p. 36).

La asociación afiliativa en el vínculo de pareja ofrece una nueva oportunidad para crear una nueva identidad basada en un nuevo contrato creativo sobre el que se construirá el proyecto vincular. Es desde la perspectiva del tejido vincular desde la que, aunque la alianza sea portadora de enfermedad, se le reconoce también una potencialidad de vida que permite su elaboración y transformación.

Cuerpo conyugal y negatividad radical

En esta pareja, el cuerpo femenino funcionaba como un contenedor de la negatividad transgeneracional radical. El masoquismo era un mecanismo especialmente activo en las mujeres que buscaban castigarse físicamente con un cáncer de mama, en un intento de transformar la experiencia de la mutilación de los pechos durante el genocidio. La maldición heredada de ambos linajes se expresaba en los reproches de ella y el retraimiento de él. El vínculo de pareja se establecía entre dos polos defensivos: el abandono y la intrusión.

La pareja no lograba funcionar como una descarga libidinal y el odio se desplazaba al cuerpo de las mujeres. Este odio también se proyectaba sobre la familia del cónyuge y se manifestaba en una experiencia de invasión por parte de la mujer y de depresión por parte del marido.

En esta pareja, la individuación se vivía como una traición, ya que ambos miembros estaban unidos por un pacto narcisista: una pareja ideal cuya misión era la de reparar las heridas de sus antepasados. Sus abuelos habían sido los artífices de su compromiso y matrimonio. La dificultad para crear un Yo conyugal en un tiempo y un espacio nuevos les había causado problemas, ya que para lograrlo debían ser capaces de refundarse y romper con sus orígenes para recuperar la parte viva de la herencia (Altounian, 2005).

El apoyo de una excitación sexual común se inhibía y el placer sexual se abandonaba en favor de un placer morboso. La pareja cumplía una función tóxica y paradójica: todo el mundo les decía que formaban una buena pareja, pero cada uno se sentía nocivo para el otro. El dolor provocado por los cánceres repetidos en el cuerpo de la mujer y la aflicción por la enfermedad de la madre del hombre eran sombras que les perseguían.

¿Cuáles fueron los operadores psíquicos que les permitieron construir la conyugalidad? Toda alianza se sustenta en un investimiento pulsional y en una sintonía fantasmática que funcionan como organizadores dinámicos y estructurales del vínculo. En este caso clínico, la alianza conyugal se basaba en la dificultad para reprimir la pulsión de muerte.

Sin embargo, para consolidarse, las alianzas inconscientes deben movilizar procesos identificatorios comunes, mutuos y compartidos. Los sujetos contraen una alianza según un doble movimiento: identifican en el otro lo que puede servir a sus propios intereses y a los del cónyuge. Sobre esta base, se identifican entre sí, ya sea por un rasgo común o por el préstamo mutuo de un rasgo diferente, lo que les permite encontrar un valor de placer en sus respectivos espacios psíquicos. A esto se refieren las identificaciones vinculares.

Estos dos operadores psíquicos deben ponerse al servicio de la alianza, cumpliendo diversas funciones. Entre ellas, la experiencia básica de seguridad, la realización de deseos y la satisfacción erótica. También la aceptación de las prohibiciones fundamentales, el refuerzo de las defensas y la facilitación de las transgresiones. Sin embargo, esta pareja estaba atravesada por desajustes fantasmáticos y desidentificaciones sádicas y masoquistas que les impedían ponerse en el lugar del otro.

Esta pareja se formó con la esperanza de saldar la deuda de los miembros de la familia que sobrevivieron al genocidio. La culpa también invadió el campo transferencial; desde la primera entrevista percibí que los recibía antes de la hora de su sesión, en detrimento del paciente que les precedía.

La culpa transgeneracional la portaban los cuerpos de las mujeres de las familias. En el segundo año de terapia, la mujer desarrolló un cáncer de mama, lo que reavivó los casos de cáncer en las mujeres de ambas líneas familiares, como si se tratara de una profecía autocumplida. El cáncer era un punto de conexión entre las dos ramas familiares. Poco después, la mujer desarrolló un segundo cáncer en otra parte del cuerpo, lo que me hizo dudar de mi trabajo y me hizo sentir culpable.

Esta culpa también la sentía la pareja. La casa familiar, que representa el espaciocuerpo conyugal, no funcionaba como lugar de descanso y relajación, sino como una obligación de trabajo para mantenerla en estado vivo. La huella ancestral de la destrucción, simbolizada por las casas de los abuelos, que habían sido saqueadas y destruidas, también estaba presente. La sensación de venir de la nada perturbaba el proceso de simbolización del duelo por la masacre colectiva. Les resultó difícil recuperar la representación de lo que antes había sido un espacio de seguridad, una base narcisista que les permitiera salir de la prisión de la herencia y afrontar la diferenciación y la individuación del vínculo de pareja.

El espacio tercero del psicoanálisis de pareja fue creando una apertura, ya que se animaron a mirarse en el espejo que se instala en el proceso terapéutico.

Veamos ahora cómo se desarrolla todo esto en el escenario del campo transferencial, contra transferencial e intertransferencial. La ruptura del encuadre fue el modo que tuvo esta pareja de avanzar en el proceso terapéutico. (Jaitin, 2007).

En el tercer año de psicoanálisis de pareja, la mujer dejó de asistir a las sesiones tras la muerte de su madre, a la que poco después se sumó la pérdida de su mejor amiga de la infancia.

El hombre acudió solo a dos sesiones, bajo la consigna de restitución que siempre uutilizo en los dispositivos vinculares. Llegaron las vacaciones de verano y ella no apareció. Sentí impotencia y tuve la sensación de que no volverían.

En la apertura del año de trabajo, llegan puntuales a la sesión. La mujer vuelve como si nada hubiera pasado, actuando como si su desaparición de las sesiones no hubiera sucedido. Durante las vacaciones de verano, ella sospecha que su marido le es infiel. Efectivamente, frente a este duelo traumático, se produce una infidelidad por parte del marido.

El núcleo melancólico de esta pareja se transforma en excitación sexual, acompañada de un sentimiento de culpa, como si se hubiera cometido una herejía. La muerte, asociada al traumatismo, está encriptada en el self conyugal. La excitación sexual sustituye al dolor intolerable de la pérdida. La violencia de los afectos reactivados por la muerte de la madre de ella que ha llevado a la pareja a escapar del dolor y a transformarlo en excitación sexual vivida como un acto transgresivo.

La muerte de la madre de la mujer se confunde con el drama pasado. Se establece una triple secuencia a través de tres cadenas asociativas de pasajes al acto. La fuga de la terapia por parte de la mujer se correlaciona con la reacción maníaca del hombre, que busca a otra mujer para afrontar el duelo por la muerte de su suegramadre, y con la vivencia de abandono de la mujer, que se traduce en enfado y angustia ante el riesgo de perder a su pareja. Estos acontecimientos nos confrontan al fenómeno del trasvasamiento vincular o de la transmutación filiativa. Es decir, para este hombre, la pérdida de la «suegra-madre» transparenta un vínculo de pareja estructurado como hermanos. Este vínculo fraternal opera como un conmutador filiativo. (Jaitin, 2006, 2020).

La figura de la «desaparición» se deposita en la escena transferencial. Esta triangulación entre la pareja y el terapeuta aún no puede ser tratada por los cónyuges y se manifiesta en los tres niveles del campo transferencial. Esta figura se moviliza mediante el depósito transferencial en las sesiones, en mis vivencias de abandono a nivel contra-transferencial y en la intertransferencia entre ellos, donde el duelo traumático se transforma en excitación (Torok, 1968).

Este triple depósito permite economizar el despliegue pulsional y pone de manifiesto la hipótesis de René Kaës sobre los vínculos extratópicos. (Kaës, 2015).

La tópica intrasubjetiva de cada uno se desplaza recíprocamente en el otro. En esta pareja, lo transgeneracional, es decir, lo no simbolizable e indecible de las generaciones anteriores, se deposita en el campo transferencial.

Las terapias vinculares, ya sean de grupo, familia o pareja, nos acercan a la metapsicología kaesiana del extratopismo del inconsciente y sacan a la luz los recorridos de la transmisión de los traumatismos transgeneracionales. Estos se tratan en el campo transfero-contratransferencial e intertransferencial, que alberga el vínculo extratópico de la pareja y del analista en el aquí y ahora del dispositivo terapéutico.

La transferencia negativa se manifiesta en dos momentos del proceso terapéutico: el primero, tras la muerte de la madre de la mujer; y el segundo, tras la muerte de la madre del hombre, que se produjo simultáneamente cuando habíamos acordado la fecha de finalización de la terapia.

Repercusiones en los vínculos fraternales

La muerte de la madre de la mujer destruye el vínculo idealizado que esta tenía con sus hermanos, que comienzan a pelearse por la distribución de la herencia. Ajuste de cuentas entre los hijos favoritos y los desclasados (Jaitin, 2006, 2008).

En el caso del hombre, el vínculo fraternal se fortalece cuando fallece su madre tras una larga enfermedad. El acercamiento de la cuñada calma la relación de rivalidad entre estas dos mujeres y, por ende, la relación de pareja.

Este acontecimiento se produce durante el quinto año de terapia, el periodo previamente fijado como final del psicoanálisis conyugal. La señora vuelve a desaparecer de la escena terapéutica, como cuando murió su propia madre, en una confusión de identidad simétrica con su cónyuge. Dos entrevistas con el marido marcan el final de la terapia. No pude despedirme de ella.

La señora me envió un correo electrónico con una lista de reproches. El marido adopta su postura habitual de mediador entre su madre y su mujer. Me invade un sentimiento de impotencia y me pregunto cuáles son los límites terapéuticos del dispositivo de pareja. Pero mi trabajo como analista consiste en albergar la proyección. Mi esperanza radica en pensar en el après-coup, es decir, en la posibilidad de una transformación futura.

Dos años después de finalizar la terapia, la señora me escribió para enviarme sus mejores deseos y agradecerme, e informarme de que había comenzado una terapia individual, y el llamado, fue un acto de reparación que nos confortó a ambas. Tiempo después, volvió a escribirme para decirme que no había comprendido bien lo que había sucedido al final del tratamiento. Le respondo que lo mejor es que trabaje la cuestion con su analista.

El proceso terapéutico comenzó con el sufrimiento corporal de la mujer y terminó con el pasaje al acto del abandono en el campo transferencial, ante la muerte de su detestada suegra. Esto pone de manifiesto la confusión entre muerte y separación, así como la depositación de la problemática vincular en la mujer.

¿El paso de la negatividad radical a la negatividad relativa?

El trabajo terapéutico en el psicoanálisis de los vínculos tiene como objetivo crear condiciones sensoriales de contención suficientes para permitir la aparición de los procesos de figuración y simbolización, gracias a la flexibilización de las defensas.

Si el espacio psíquico del otro en la pareja es capaz de tratar lo negativo y constituirse como contenedor, la creación de un espacio transicional mediado por el analista podría proporcionar apoyo a la representación de lo impensable. La demanda terapéutica surge con la esperanza de aliviar la relación tumultuosa de la pareja en crisis. El dispositivo terapéutico permite crear contenedores que que funciona como una envoltura protectora. Esta negatividad tendría una función organizadora que permitiría reapropiarse de la representación de lo que hasta ese momento no era simbolizable. Pero, como todo, tiene sus límites.

En resumen, podemos decir que esta pareja se construye como base para elaborar la culpa de la supervivencia y como espacio de mediación entre el trauma del genocidio y las generaciones futuras. El trabajo terapéutico les permitió confrontar las funciones narcisistas del reconocimiento mutuo y transformar los grados de negatividad mediante la puesta en escena, en el campo transferencial, contratransferencial e intertransferencial, de la «politopía» y la «ectopía» de las alianzas inconscientes en el vínculo de pareja. (Kaës, 2015).

Pero todo encuadre terapéutico estaba contenido en un metaencuadre sociocultural y político. El proceso terapéutico tuvo lugar en un momento politico, en el que el pais donde vivo, reconoce y condena el genocidio. Este apoyo al metaencuadre sostuvo mi trabajo, en la medida en que el genocidio fue reconocido socialmente y la comunidad cultural construyó monumentos y espacios para dejar testimonios del genocidio, aun negado por los autores.

Así pues, abro a otras preguntas que someto a la reflección de mis lectores :

¿Las alianzas inconsciente que constituyen el vínculo de pareja y que hoy en día sufren el efecto del colapso de los garantes metasociales y metapsicológicos, serán constantes en el futuro?

¿Las alianzas inconscientes son invariables porque el inconsciente no cambia o bien observamos, por el contrario, mutaciones estructurales y funcionales significativas?

La genealogía no busca reconstruir la continuidad de una historia, sino comprender los acontecimientos en su singularidad, sus accidentes y sus discontinuidades. La terapia psicoanalítica de los vínculos confronta a las familias y a las parejas con la actualización de sus historias y verdades como sujetos de conocimiento. De este modo, ayuda a relacionar sus historias con el contexto social, cultural y político, es decir, con la actualidad en la que viven los sujetos de un vínculo.


Bibliografía

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[1] Doctora en psicología clínica y psicopatología. Habilitación de investigación (Paris Cité).Psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA), de la Federación Latinoamericana de Psicoanálisis (FEPAL); de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

Directora de la Association Internationale de Psychanalyse de Famille et Couple (AIPCF)del Centro Estudios y de su Boletín Trames. Miembro fundador de la Association Internationale de Psychanalyse de Famille et Couple (AIPCF); Miembro fundador de la Société Française de Psychanalyse de Famille (SFTFP); Miembro titular de la Société Française de Psychothérapie Psychanalytique de Groupe (SFPPG); Fundador y director de la Association de Psychanalyse des Liens (APSYLIEN, Lyon). online@apsylien.com  https://doi.org/10.69093/AIPCF.2025.33.04 This is an open-access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution License (CC BY).

Revista Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja

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ISSN 2105-1038