REVISTA N° 34 | AÑO 2026 / 1
ARTÍCULO
El duelo de los fundadores en las instituciones: trabajo de lo originario y traspaso de generación1
René Käes
La línea que dirige mi reflexión es la siguiente: la muerte o la partida de un fundador confronta a los miembros de la institución con un trabajo de duelo en cuyo seno se moviliza el trabajo de lo originario. Llamo trabajo de lo originario a una elaboración que atraviesa las relaciones de unión-rechazo con el objeto perdido hasta la recomposición (reformulación) de los mitos fundadores de la institución.
No podría desarrollar todas las propuestas que contiene esta hipótesis, pero quisiera señalar su existencia en la siguiente articulación: el trabajo de lo originario es también un trabajo sobre las representaciones del origen. En el duelo es bajo esta condición que pueden efectuarse la transmisión y el traspaso de las generaciones.
Una particularidad de este trabajo sobre el origen es que pone en crisis lo que llamo los garantes metapsíquicos de los miembros de la institución: estos garantes consisten especialmente en las alianzas fundadoras, los reconocimientos identitarios, los enunciados de certeza, las ilusiones nutricias, las prohibiciones fundamentales: estos garantes son los apoyos de la formación y el funcionamiento de la psiquis. En algunos casos son los garantes metasociales de la institución misma los que son sacudidos, es decir lo que funda su autoridad sobre el derecho y sobre su reconocimiento social.
Con estos conceptos, el análisis que se emprende intenta articular tres espacios psíquicos: el de cada sujeto en la institución, el de los vínculos entre ellos y la institución y el de la institución en tanto conjunto. El interés de esta aproximación de triple entrada es, particularmente, poner en evidencia la relación de apoyo que toman los garantes metapsíquicos, sin que lo sepamos, sobre los garantes metasociales.
En los duelos que evoco, ocurre que la puesta en obra del trabajo sobre lo originario fue de tal dificultad para los miembros de una institución que se dirigió entonces un pedido a un interventor exterior. El término de interventor merece una reflexión, pero quisiera subrayar que el pedido dirigido comporta finalidades variables: se formula a menudo como pedido de ayuda o de acompañamiento, más raramente como un pedido de perlaboración, contiene a veces la espera ambigua de un reemplazo imposible de la persona desaparecida, lo cual compromete ya intensamente los movimientos de transferencia. Lo que es demandado por los sujetos, dolorosamente golpeados, es complejo y no se revela sino en el curso del trabajo de intervención. Cuando los fundamentos están sacudidos en este doble nivel meta, el trabajo de la intervención consiste esencialmente en el señalamiento de estos diferentes espacios y sus articulaciones para poder interpretarlos con los miembros de la institución.
En un estudio más amplio que este sobre el tema, propuse una aproximación diferencial de los cuadros institucionales. Los casos que figuran ponen de relieve cierta importancia de las variables constituidas por la tarea primaria de la institución (el tratamiento psiquiátrico o la transmisión del psicoanálisis), por el carácter público o privado de la institución y, seguramente, por las investiduras recíprocas entre los miembros de la institución y de la institución y la figura del fundador. Pero más allá de estas variables todas nuestras intervenciones han tenido un punto en común: el de confrontar a los sujetos miembros de la institución y las instancias institucionales con una problemática de traspaso de generación y de transmisión de la vida y de la muerte psíquica.
Muerte de los fundadores o de los jefes de servicio en las instituciones públicas
Comenzaré por la exposición de una intervención en una institución pública. Lo que especifica a este tipo de instituciones (en mi experiencia se trata de servicios hospitalarios o extrahospitalarios de psiquiatría: centros de crisis, CMP, hospitales de día) puede describirse desde muchos puntos de vista. Conciernen a la tarea primaria ordenada al tratamiento psíquico, la organización jerárquica y la diferencia de funciones, el tipo de relación económica (el régimen dominante es el del sueldo), el modo de reclutamiento generalmente no co-optativo) Notemos este punto importante: en caso de tensión, de conflicto, de sucesión, el rol decisivo pertenece a la Administración. En mi experiencia, la mayoría de las instituciones que formulan un pedido de intervención funcionan sobre referencias psicoanalíticas. Una cultura específica las caracteriza.
El duelo después de la muerte de un fundador de un servicio de psiquiatría pediátrica
Veamos un primer ejemplo clínico. Cerca de tres años después de la muerte del jefe de un Servicio de Psiquiatría, los agentes de salud de una unidad de tratamiento me dirigen un pedido: están desamparados, perseguidos por la Administración que anuncia su probable cierre, y por una rápida sucesión de numerosos jefes médicos de formación cognitivista, hostiles al equipo y a todos los servicios del Dr. T. ¿Yo podría ayudarlos a comprender su crisis, a sacarlos del marasmo y acompañarlos en su proyecto de reconstituir su capacidad para trabajar en conjunto como lo hacían en vida del Dr. T.?
En el curso de la primera sesión exploratoria me entero de que esta unidad había sido muy investida por el Dr. T., que él la había creado y la consideraba su “hijo preferido”, tomando así la figura de fundador carismático de todo el servicio, como si él mismo no hubiera tenido predecesor. En su duelo el equipo se reúne sobre la certeza de esta filiación preferencial, pero la sombra del objeto perdido cae sobre el Yo (Moi) de cada uno y sobre el equipo entero, hasta el punto de que se ha replegado sobre sí mismo y se ha esforzado en mantener su línea clínica, objeto de su investidura y de la herencia del fundador, lo que suscita mucha envidia de parte de otras unidades.
Me entero que, algún tiempo después de la muerte del Dr. T., los locales de la Unidad han sido nuevamente pintados y reacondicionados, salvo el escritorio del Dr. T., mantenido en su estado según el voto del equipo.
Acepto escucharlos. El dispositivo presupuestario nos lleva a programar cuatro sesiones de media jornada separadas por cinco a seis semanas. En total la “intervención” habrá durado un poco menos de un año, entre el pedido inicial y la última sesión.
La sesión siguiente hace aparecer numerosos elementos persecutorios: el nuevo jefe de servicio, sostenido por la dirección del hospital, ataca al conjunto del equipo por sus orientaciones psicoanalíticas, y a cada uno en particular por su reticencia a aceptar las nuevas orientaciones teórico-clínicas de tratamiento. Pero no se ha emprendido ningún debate sobre esto. Son remitidos sin cesar a su duelo interminable con esta interpretación (salvaje): “Ustedes no aceptan el cambio para no hacer el duelo del Dr. T.”. Se ve aquí como se confunden, en una manipulación perversa del duelo por el poder del médico jefe, de acuerdo con el poder de la Administración, los niveles meta (institucional, grupal) y el nivel psíquico. Desamparados en su capacidad de pensar tanto la muerte del fundador como la pérdida de reconocimiento y los ataques que caen sobre ellos, los agentes de salud se deprimen, no encuentran su unidad sino en el dolor que es lo único que logra sostenerlos solidariamente.
Pero en el curso de la sesión apunta un descubrimiento importante: que el equipo está constituido por recién llegados que no conocieron al Dr. T. directamente. Se diferencian tres generaciones: los co-fundadores, los “segunda línea” o segunda generación y los nuevos. Sobre esta diferencia se articulan las diferencias en las expectativas y en la concepción del tratamiento.
Al inicio de las sesiones siguientes pregunto si se les han ocurrido algunos pensamientos después del último encuentro, y si han hablado en conjunto de ellos, o no.
Se dan cuenta de que la persecución externa ha acrecentado la fragilidad de su equipo ante la necesidad que experimentan de mantener el ideal terapéutico que compartían con el Dr. T.
En un primer tiempo se impone la idea de retomar contacto con “el exterior” (las otras unidades del servicio) pero es rápidamente descartada.: “los que están cerca de nosotros están también amenazados, tal vez son menos sólidos que nosotros, quedémonos entre nosotros, unidos”. Los “co-fundadores” sostienen en alto esta proposición, los nuevos se callan. Subrayo esta diferencia.
Algunas semanas más tarde, al inicio de la sesión, el equipo se muestra más desamparado que nunca: las amenazas de desaparición de la unidad se intensifican mientras que la fila de espera se alarga. Desbordado por las demandas, bajo la presión de la urgencia pero justificado en su orientación clínica, el equipo se encuentra ahora frente a la necesidad de reformular las condiciones de su práctica, los principios organizadores de la clínica para sobrevivir y salvar la herencia. Se han tomado contactos con las otras unidades del servicio. Por primera vez el nombre del Dr. T. no se pronuncia. Los participantes están centrados en su proyecto que se anuncia como un proyecto de refundación. Subrayo este proyecto creador en el seno del duelo.
La última sesión hace aparecer que hacer el duelo del Dr. T. ha confrontado al equipo con el hecho de atravesar un espacio que vuelve a unir el caos con el proyecto. Que cada uno no es idéntico frente a la pérdida y que sin embargo existen los valores de bases compartibles, que para conservarse vivientes deben ser reacomodados, pensados de otro modo. Queda este problema que el equipo no puede tratar por sí solo: el de los acuerdos y desacuerdos con el Poder institucional. Este problema, en la medida que se encarna en la persecución real da cuerpo al fantasma de omnipotencia, paraliza la capacidad de pensar. Restaurar esta capacidad fue el resultado de esta intervención.
Elementos de análisis
La clínica de este caso hace aparecer muchos puntos de convergencia con situaciones en las que la muerte o la partida de una persona ubicada en posición de fundador en una institución, o una región de la institución, crea un sufrimiento específicamente institucional.
El rechazo del nuevo jefe médico es una constante, mientras que la figura del fundador muerto o que partió (vivido como el que abandonó) ha tomado la forma de una totemización sostenida por la ilusión grupal: “con él éramos los mejores”. No se trata de discutir lo bien fundado de esta ilusión sino de observar sus efectos entre los cuales hay una idealización del “pasado maravilloso”. Ocurre que los pacientes admitidos en el origen de la unidad de tratamiento en la época del jefe de servicio sean conservados, fetichizados como enfermos-ancestros, con la esperanza vana de volver al tiempo de la fundación o de conservar el objeto de los orígenes. En el período de duelo la totemización sirve de defensa contra las desligaduras y las desorganizaciones psíquicas, particularmente aquellas que afectan los vínculos actuales entre los miembros del equipo. La agitación maníaca alterna con el derrumbe y el marasmo.
El mantenimiento de las estructuras puestas en funcionamiento por el fundador y con él, por más justificables que sean, funciona también como una tentativa de supervivencia del tiempo pasado.
La intensa búsqueda de representaciones comunes anteriores, provee al imaginario común de escenas en las que la idealización defensiva puede repetirse, Pero también donde esta puede decirse “siempre que haya allí un auditor”. Incluso la persecución y las amenazas reales pueden sostener un refuerzo del narcisismo fragilizado: somos aún los mejores, es por eso que se nos ataca. En la medida en que esta posición prevalece, la parte que viene de la amenaza real no puede ser evaluada correctamente. Un lazo persecución – idealización, se pone en juego.
El advenimiento de la conciencia de las diferencias en el interior del equipo es un momento decisivo: es la conciencia de la distancia entre lo que pertenecía al tiempo pasado y lo que pasa hoy.
Una muerte traumática negada
Un segundo caso clínico nos aporta otras materias para la reflexión. Se trata de un equipo de agentes de salud, en un hospital de día que funciona como unidad de tratamiento psiquiátrico destinados a adultos. Durante varios años aseguré una escucha semanal de sus agentes, asistiéndolos en la elaboración de sus prácticas
La sesión que relato se sitúa después de algunos años de funcionamiento, en el momento en que el equipo se encuentra angustiado frente al vencimiento del plazo para una redefinición de su proyecto terapéutico. Los resultados parecen ser positivos, pero después de varios meses nada va para adelante, las crisis han sucedido a las crisis sin que pueda ser pensado su motivo: todo ocurre como si nadie se hubiera hecho cargo de nada.
Durante varios meses un violento reclamo sobre el jefe médico se nutrió con todos los motivos utilizables, su autoridad era a la vez rebatida y reforzada por la idealización constante de la cual era objeto. Al mismo tiempo, aspectos completos de la vida cotidiana parecían haber retornado a una forma de anarquía en las relaciones entre los agentes de salud: se disputaban la “propiedad” de los enfermos, cada uno reclamaba la supremacía de su capacidad terapéutica, desacreditando a todos los demás.
Después, durante el período que precede a la sesión que retendrá nuestra atención, los agentes de salud manifiestan un abatimiento profundo, una apatía o un estupor a los cuales se suceden momentos de intenso activismo. Los reproches dirigidos al jefe médico cambian de objeto y de tonalidad: él se acapararía todos los pacientes y todos los resultados positivos le debían ser atribuidos. Todos dicen sentirse mal consigo mismos y en sus relaciones, a menudo son ariscos con los pacientes y entre ellos: numerosos agentes de salud quieren irse. Su trabajo les disgusta.
La sesión comienza, como ocurre a menudo desde hace meses con un largo y pesado silencio; cada uno mira a los otros furtivamente y hunde la cabeza hacia adentro, hacia “el vacío de su pensamiento”, dirán algunos. Un enfermero pregunta, muy agresivamente, si van a continuar durmiendo así mientras los enfermos sufren. “para que continuar “comenta el psicomotricista en un movimiento depresivo que lo ha tomado desde hace algunas sesiones, no estamos más en un hospital de día sino de noche, dormir es el régimen cotidiano desde hace más de quince días todo el mundo duerme, como entre los crónicos”. “Hay demasiados enfermos, verdaderamente demasiados, se queja un enfermero, hay algunos de ellos que harían bien en desaparecer!”
La violencia de este voto de muerte que se dirige tanto al jefe médico como a los pacientes refuerza el silencio, se acurrucan en su burbuja. Destaco que desde hace algún tiempo ha habido ausencias frecuentes a las sesiones. El enfermero que se había manifestado preocupado por el interés de los enfermos confirma, ha habido descuidos entre los agentes: “colegas con los que no se puede contar, que desaparecen verdaderamente bajo diferentes pretextos, y hay otros que se esquivan hasta el punto de que los enfermos se ponen nerviosos”.
Varios miembros del equipo relatan que la víspera uno de ellos aún ha abofeteado a una agente de salud. Pregunto qué ha ocurrido entonces en el equipo. Me responden que, contrariamente a la regla aplicada habitualmente, el acting no fue sancionado. No hubo exclusión temporaria del agresor. Pregunto la razón de esta derogación. “Nadie intervino, me dicen, nos sentíamos verdaderamente mal, paralizados, en todo caso no protegidos y vagamente culpables por lo que acababa de suceder.” Más tarde dirán que no pudieron hacer otra cosa que “dejar hacer”.
El silencio se restablece y el marasmo se prolonga en el equipo, algunos agentes dejan temporariamente la sala, sin decir nada, después vuelven bastante rápido. Señalo las partidas actuales, aquí y ahora, recuerdo las “desapariciones” que han evocado, el acting, el silencio, los silencios, el voto de muerte. Los miembros del equipo están aliviados de que diga algo a propósito de sus desapariciones, pero constatan que no tienen pensamientos sobre el tema, que es un vacío; no pueden asociar nada cuando evoco “el voto de muerte”.
Renuncio para insistir sobre este punto delicado y les pregunto si alguna otra escena que hubiera retenido su atención o que se les ocurriera en ese momento, aclararía lo que pasa en ese mismo momento con las salidas fuera de la sala, y tal vez lo que ocurrió con la bofetada.
Enseguida vuelve, con cierto efecto de sorpresa, un episodio que había sido olvidado por muchos de ellos: tres semanas antes una especie de ceremonia de casamiento entre una paciente un poco mandona y un paciente muy sumiso, fue organizado por los enfermos con el acuerdo de algunos agentes de salud, que lo aceptaron al principio pero a condición de que se tratara de un juego.. Cada uno subraya el lado muy espectacular de la “ceremonia” pero también el hecho de que el juego no lo ha sido completamente, puesto que los dos interesados han confesado de entrada su intención de “juntarse”. Esto fue seguido de lío y excitación y la ceremonia se transformó en una mezcla inquietante de caricias y de golpes entre los dos “novios”. Luego, súbitamente la novia desapareció y se la buscó una buena parte de la jornada. Después de lo cual no se cuestionó más lo que había pasado ese día.
Señalo que se trata claramente de una desaparición y que se trata de la novia. ¿Esto les dice algo? Los participantes vuelven sobre el inicio de la sesión: las desapariciones deseadas que conciernen a ciertos enfermos, el pensamiento de que el jefe de servicio tal vez estaría ausente en esta sesión, las desapariciones ocurridas en el curso de la sesión.
Un enfermero dice entonces que la desaparición de la novia le recuerda la desaparición violenta de la pareja que ocurrió en el origen de la institución. El hombre había muerto en un accidente poco antes de la creación del hospital y la mujer, que había sido elegida por el fundador para secundarlo, partió desde la apertura de la unidad de tratamiento, sin dar razones y nadie tuvo noticias de ella durante mucho tiempo. Estas dos muertes transcurrieron bajo silencio y los más jóvenes no sabían nada de ellas.
El regreso de estos fantasmas (fantômes) conjuntamente con sus fantasías (fantasme) de muerte sobre el médico jefe y los pacientes (sus objetos envidiados) va a deprimir todavía a los soignants durante algunas sesiones. Pero a continuación el trabajo de elaboración seguirá el siguiente recorrido: en el curso de una sesión les digo que si es probable que los enfermos sufran por la falta de compromiso de los agentes de salud, de las diversas maneras de desaparecer, ellos, los agentes, no sufren menos que los pacientes. Me parecía evidente que debía reconocer, ante todo, su propio sufrimiento.
En tanto que este no fuera reconocido, las órdenes superyoicas a revelarse y a activarse para elaborar el proyecto terapéutico no tendrían otro efecto que reforzar su apatía, es decir, su protección contra el sufrimiento. Era necesario reconocer también su necesidad de replegarse en el sueño. El término sueño que utilizo será retomado por varios de ellos para evocar “el último sueño” del fundador y el silencio de la co-fundadora.
En cuanto esto fue dicho y comprendido fue también posible hablar de las dos escenas que los agentes de salud habían dejado desarrollarse sin pensar ni comportarse de manera conforme a su práctica habitual: la escena de la bofetada y la del casamiento. La mayoría de ellos expresaron su fascinación ante estas dos escenas, su estupefacción ante la “desaparición” de la “novia”, la parálisis de su pensamiento, Les propondré la idea que, el interés de cada uno, por lo menos de muchos era tal vez, en ese momento, dejar desarrollarse, sin saberlo, cierta masa de significación en referencia a una escena angustiante pero fascinante para ellos, es decir, atractiva y repulsiva. De esta forma podían poner en funcionamiento simultáneamente, por las defensas inertes, dispositivos de ocultación de sentido de las escenas. Todos confirman que se habían sentido inexplicablemente frenados de sancionar la bofetada, así como no habían podido estar en condiciones de despegar el juego del valor ritual que iba tomando realmente la ceremonia. Todo había transcurrido como si ellos hubieran estado esperando un ataque, tal vez la sanción de una promesa de matrimonio verdadera-falsa, de la cual eran los testigos y los destinatarios.
Esta transformación de la escena de la fundación – fijada en el silencio largamente retenido sobre un origen congelado de muerte y desaparición – en un guión portador del sentido de su desarrollo profundo, de su incertidumbre de haber sido deseados, en el momento de redefinir el proyecto fundador, volvía ahora inteligible su conducta: habían dejado poner en escena el enigma del origen borrado para predisponer las señales de su sentido. Era la proximidad con el sentido inaceptable lo que los hundía en marasmo y la confusión.
Se emprendió el análisis de lo que los enfermos producían así en el equipo de agentes de salud, más precisamente sobre algunos de ellos. Seguramente cada uno tomaba parte en este acting por el beneficio que extraía de él para su propia cuenta, así como los agentes lo dejaban desarrollarse, cada uno encontrando allí su interés, asociado al de los otros. Sin embargo, una idea permitió precisar la dimensión de esta alianza, una vez que devino suficientemente preconciente: los que los enfermos producían por su propia cuenta también estaba destinado a hacerles un pedido de sentido a los soignants. Esta idea permitió comprender porqué estos se resistían a escuchar a los pacientes: los segundos esperaban de los primeros que se enrolaran de nuevo en el contrato de cuidado que los “casaba” unidos. Por todos lados era necesario comprender lo que había puesto en peligro la confianza.
Este momento de trabajo con el equipo se prolongó sobre este nudo de problemas durante muchos meses aún. En el curso de este trabajo, el análisis de sus transferencias sobre mí permitió separar lo que sostenía su violencia contra el médico jefe, sustituto usurpador de la pareja de los orígenes. Se trataba totalmente de volver a ese momento en el cual el acto de fundación se había de alguna manera de simbolizado y se había reencontrado presa de la repetición de la escena mortífera de los orígenes: lo que tornaba incomprensibles las apuestas de toda esta fase de violencia anarquizante, en la medida en que se condensaban el deseo de muerte del usurpador, pero también de toda figura de padre, y la búsqueda desesperada de un totem capaz de reestablecer el orden simbólico y el pacto fraterno.
Sólo fue al término de este análisis que lo que restaba ignorado de su pedido inicial hacia mí se pudo develar: yo debía refundar la institución y permanecer con ellos por toda la eternidad. Después de lo cual pudimos separarnos.
Elementos de análisis
Muchos niveles de lectura son posibles:
El defecto de representación del origen: las exigencias de trabajo psíquico que son deficitarias e implican sufrimientos psíquicos en los agentes de salud y los pacientes pueden ser referidas a las faltas del trabajo de representación del origen: la vuelta a poner en funcionamiento del proyecto terapéutico golpea sobre la potencia de muerte que había marcado el nacimiento de la institución, sobre el pasado bajo silencio mantenido por los primeros agentes, y que vuelve en la escena de la institución en búsqueda de sentido.
Dejar formarse una representación tolerable del origen es dejarse representar cada uno en este espacio psíquico primero del cual es parte receptora, en el cual tiene sus marcas identificatorias. El sufrimiento narcisístico de los agentes de salud encuentra en este desfallecimiento su punto de huida infinito: su narcisismo no se puede apuntalar sobre “los sueños de deseos irrealizados” (Freud, S., 1914) de los fundadores que han desertado brutalmente el espacio, donde debían constituirse para ser reconocidos y reconocerse miembros de la unidad de día, parte receptora de un contrato que sostendría su proyecto.
El retorno hacia la horda y los fantasmas de asesinato. He subrayado los movimientos de regreso hacia la horda bajo el imperio de la repetición del asesinato del Padre de los orígenes por el usurpador que tomaba la figura del médico jefe, en quien se proyectaba el mismo deseo en los agentes. Aquí también está en defecto la actividad simbolizante, que hubiera podido hacer posible la mutación de la horda en grupo-institución
El trayecto de los objetos psíquicos en la institución: este nivel de análisis puede aclararse por la problemática de la transmisión y del desplazamiento de los objetos psíquicos en la institución.
Hoy esta problemática se ha ampliado y especificado considerablemente: el concepto de vínculo intergeneracional y transgeneracional permite describir los principios y las modalidades de la transmisión de la vida y de la muerte psíquicas entre y a través de las generaciones.
Dos cambios radicales han modificado la problemática y el tratamiento de los problemas intergeneracionales. El primero introdujo la hipótesis de la pulsión de muerte y de más allá del principio del placer, la cuestión de la repetición y el traumatismo inelaborable. El segundo es consecutivo a los descubrimientos clínicos de la psicosis y de su tratamiento, del psicoanálisis aplicado a los niños y a los enfermos psicosomáticos. Introdujo las categorías de lo Negativo, de lo irrepresentable y lo intransmisible.
Paralelamente a estas investigaciones, la renovación de los dispositivos de trabajo psicoanalítico (psicodrama psicoanalítico, análisis y psicoterapia psicoanalítica de grupo, psicoterapia familiar psicoanalítica) ha jugado un rol decisivo. Estos dispositivos nos han permitido pensar con nuevos conceptos lo que se transfiere y lo que se transmite del espacio psíquico de un sujeto al espacio psíquico de otro sujeto o de más de un sujeto, y en el espacio intersubjetivo que se construye con sus vínculos. Lo que se transmite son esencialmente configuraciones de objetos psíquicos, es decir, objetos provistos de sus vínculos con los que preceden a cada sujeto. Lo que se transmite y constituye la prehistoria de cada sujeto no es solamente lo que sostiene y asegura en positivo, las continuidades narcisísticas y objetales, el mantenimiento de los vínculos intersubjetivos, las formas y los procesos de conservación y complejización de vida: ideales, mecanismos de defensa neuróticos, identificaciones, pensamientos de certeza. Una característica destacable de estas configuraciones de objetos de transmisión es que están marcados por lo negativo. Lo que se transmite es lo que no ha podido ser contenido, lo que no se retiene, lo que no se recuerda.
Lo que no encuentra inscripción en la psiquis de los padres y viene a depositarse o a enquistarse en la psiquis de un niño.: la falta, la enfermedad, el crimen, los objetos desaparecidos sin marca ni memoria por los cuales no se ha podido realizar un trabajo de duelo.
De ello resulta que la problemática de la transmisión no se organiza ya solamente como la de los significantes y los deseos preformados y deformados que nos preceden, sino como la de los significados congelados, enigmáticos, brutos sobre los cuales no se ha operado un trabajo de simbolización. El objeto de la investigación no es ya solamente el de la continuidad de la vida psíquica, sino también las rupturas, las fallas, los hiatos no pensados e impensables, el arrasamiento de los objetos de pensamiento, los efectos de la pulsión de muerte. Son tales configuraciones de objetos y de vínculos intersubjetivos que son transportadas, proyectadas, depositadas, difractadas en otro, o en más de un otro. Los lugares psíquicos, los tópicos de la institución son múltiples. Caminos oscuros los unen unos con otros, pero a veces están como aislados, fragmentados, clivados.
El trabajo de lo originario y traspaso de generación
Estos dos ejemplos clínicos hacen aparecer, más allá de su diferencia, una constante: la muerte, la desaparición a la partida de un fundador es inaceptable en la medida de su consistencia traumática. Se produce una regresión en el pasaje del grupo a la institución, de la pluralidad inestable al Uno instituido, del caos originario polimorfo al orden monoteísta. El fundador único ocupa este lugar. Es a este lugar adonde es convocado el analista.
- La muerte, la partida o la desaparición de una persona ubicada en posición de fundador declina hacia los registros de lo originario, del collage imaginario con el Uno de la ilusión grupal, del rechazo del traspaso de generación. El trabajo del analista atraviesa esos tres registros.
- La reinscripción en la genealogía pasa por el trabajo de la identificación con un padre mortal. Contra este trabajo, el proceso de ancestralización sirve a la puesta en situación defensiva, anti-duelo de un Fundador absoluto. Se trata de procurarse un ancestro inmortal y de ser uno mismo inmortal. Otra función de este proceso es restablecer el contrato narcisista y las alianzas estructurantes. El contrato que une los miembros de una institución con el objeto común compartido es de orden narcisista y antinarcisista (exige el desapego de parte de sí para investir al objeto). Cuando la investidura de la imagen de los fundadores está cuestionada por el exterior, entonces la tarea es, por lo contrario, proveer un apuntalamiento a los miembros del equipo; el repliegue narcisista en el duelo del fundador es consecutivo al sentimiento de un derrame, de un vaciamiento.
El trabajo psíquico de la institución consiste en hacer el duelo de esta idealización y reducir la persecución. - Nuestro trabajo consiste en reconocer como estos objetos, estas angustias y estos procesos retornan en la transferencia. Podemos observar dos maneras de resistir y de no hacer el duelo: o bien ubicar al interventor en la posición del fundador idealizado, del Ancestro, que es también el lugar del muerto. O bien es ubicado en la posición del perseguidor y se le significa: “no serás el que tome el lugar del fundador, no podés ser sino un perseguidor, como él que nos abandona, y nadie jamás lo reemplazará”.
El duelo en una institución atraviesa y afecta los diferentes niveles de la vida psíquica en institución: duelo personal, duelo de un grupo en su relación con el fundador, duelo de la institución. Cuando estos duelos múltiples se efectúan, en tempos diferentes, la institución imaginaria se ofrece nuevamente a una herencia: las condiciones para heredar a un fundador están reunidas.
Pero esta es otra historia que se inscribe en las que les he contado…
Bibliografía:
1 En: R. Kaës, Conferencias de Kaës 2007; presentación Carlos Pachuk, discutidores Graciela Ventrici, Adriana Zadunaisky, Mirta Segoviano, Marina Ravenna de Selvatici, Graciela Kasitzky de Bianchi, Silvia K. de Gomel. Buenos Aires: Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG), 2007.
Conferencia impartida en Buenos Aires el 18 de abril de 2007 en la Asociación Argentina de Psicoterapia Psicoanalítica de Grupo (AAPPG). Agradecemos sinceramente a la AAPPG por habernos dado permiso para publicarla
Traducción: Gloria Barros de Mendilaharzu.

