REVIEW N° 01 | YEAR 2007 / 1
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El vórtice de la fantasía inconsciente compartida por la pareja
Yolanda De Varela [1]
Encadenados
Por eso no habrá nunca despedida
Ni paz alguna habrá de consolarnos
El paso de dolor ha de encontrarnos
De rodillas en la vida
Frente a frente … y nada más
Bolero: Carlos Arturo Briz
Esta presentación tiene el objetivo de analizar la utilidad del concepto de la fantasía inconsciente compartida, desarrollado por el Instituto de Estudios Maritales de la Clínica Tavistock, como punto focal en el tratamiento de parejas. Siguiendo a Meltzer y Fisher, sugiero también que la mejor forma de analizar dicha fantasía es escuchando el discurso de la pareja como si fuera la narración de un sueño. La técnica de tratamiento sigue los parámetros establecidos por David E.
Scharff y Jill S. Scharff en su libro Object Relation Couples Therapy.
La fantasía inconsciente
Quisiera iniciar con un breve repaso de los aspectos del concepto de fantasía básicos para la comprensión de la fantasía inconsciente compartida por la pareja.
Freud (1911) relacionó la fantasía inconsciente con la satisfacción de necesidades instintivas cuando la realización del deseo era frustrada. Los síntomas, al igual que los sueños, Freud (1900), representan la satisfacción de un deseo en forma infantil, Freud (1916) Se podría entender entonces, que los sueños, los síntomas y las fantasías se rigen bajo dinámicas similares.
Para los Kleinianos, Bott Spillius, (2001) las fantasías, al igual que los instintos, desarrollan derivados que pueden ser desplazados, simbolizados o elaborados hasta penetrar la conciencia en forma de sueños o imaginación. La fantasía inconsciente contiene residuos de nuestra experiencia primaria y los sueños son el medio para transformarlas.
La fantasía inconsciente también está relacionada con las defensas ya que, al ser la satisfacción de un deseo instintivo, tiene entonces la función de una defensa contra la realidad. Los mecanismos de defensa son descripciones abstractas del funcionamiento de una fantasía inconsciente.
Por otro lado, existe una relación entre fantasía y estructura psíquica. La descripción de los mecanismos de defensa de introyección y de proyección está basada en fantasías de incorporación y de expulsión. Estas fantasías de objetos introyectados al Yo, así como las de pérdidas objetales del Yo mediante la identificación proyectiva, afectan la estructura psíquica fortaleciéndola o debilitándola respectivamente.
Existe también una relación entre fantasía y pensamiento. Klein, [Segal, 1990] la describió como sinónimo del pensamiento y de los sentimientos inconscientes. Para Segal (1990) el origen del pensamiento descansa en el proceso de evaluar la fantasía contra la realidad, de manera que considera que el pensamiento se basa y deriva de la fantasía.
Si la realidad psíquica está compuesta por contenidos primarios, si es una grabación continua de la vida mental y de la forma en la percibimos la naturaleza subjetiva de nuestra experiencia entonces, la fantasía inconsciente forma parte integral de la realidad psíquica, Litvan & Manzano (2005)
Quisiera contemplar dos aspectos adicionales: la relación de la fantasía con respuestas somáticas y el carácter de realidad o ilusión de la misma. Para los Kleinianos, Hinshelwood (1989),una fantasía inconsciente es la creencia en la actividad de un objeto interno sentido en forma concreta. Las sensaciones somáticas atraen hacia sí experiencias mentales que se interpretan como producidas por la relación con un objeto que será amado y odiado de acuerdo a la sensación que produzca, Hinshelwood (1989). La fantasía inconsciente está, entonces, relacionada con experiencias corporales. Avances en neurociencia sostienen que las primeras impresiones neurológicas son de origen corporal. De acuerdo con David E. Scharff (1998), la relación sexual del adulto recrea la relación psicosomática con la madre. Es por eso que es tan potente y despierta sentimientos fuertes en la pareja.
Respecto al carácter de ilusión o realidad de la fantasía, Isaacs (in King and Steiner, 1991) señala que el mundo interno es imaginario, pero que es real para el individuo, conciente o inconscientemente. De aquí que hablemos de realidad intrapsíquica. La confusión sobre la realidad o ilusión de la fantasía emana del hecho que la fantasía es también real en el sentido que afecta la conducta de quien la forma y, como veremos posteriormente, afecta a quienes la rodean. La fantasía afecta la percepción de la realidad externa a la vez que la realidad externa afecta la fantasía. Existe un juego continuo entre ellos, Symington, (1985).
Formas de transmisión de la fantasía.
Symington (1985) explica que la fantasía estimula una respuesta en el ambiente social que llega a ser una parte constituyente de este. Cuando el ambiente social deja de comportarse de una forma determinada, la fantasía deja de existir; ha sido elaborada y ha dejado de bloquear el desarrollo psicológico sano. Este tipo de fantasía posee las características de: bloquea el desarrollo del sujeto; inmoviliza y moldea el ambiente en una imagen o representación estática para proteger al Yo del cambio y su característica de realidad en un sentido similar a lo que pueda ser la realidad de un sueño o de una alucinación. A pesar de encontrarse profundamente enraizadas, estas fantasías se expresan persistentemente en la superficie de la personalidad a través de sus defensas. Tienen la capacidad de estimular su propia respuesta y de crear aquello que imaginan. Dentro del consultorio, la fantasía existe en el paciente, en el analista y en el sistema de comunicación entre ambos ya que está dirigida, principalmente, al área de dominio interno objetal de ambos.
Hay un proceso neurológico de base para este tipo de comunicación. Vittorio Gallese (2005) ha descubierto las neuronas espejo y explica que los mismos circuitos neuronales involucrados en el control de la acción y de la experiencia de sensaciones y emociones de una persona, también se encuentran activos y producen las mismas acciones, sensaciones y emociones en la otra persona con la cual se relaciona.
A mi parecer, el mecanismo principal para la transmisión de la fantasía inconsciente compartida es la identificación proyectiva. Es una forma de comunicación inconsciente en la que el sujeto proyecta aspectos de su mundo interno en el objeto, creando un estado emocional específico. El objeto receptor puede percibir un cambio súbito en su estado afectivo – una sensación de pasividad o coerción – y en su estado de conciencia. La identificación proyectiva no es sólo una fantasía que queda en la mente del paciente como un contenido puramente inconsciente, sino que toma forma y se manifiesta ejerciendo una fuerte presión emocional en el sujeto Scharff (2000), Ogden (1989), Cimino & Correale (2005). Cierto tipo de identificaciones proyectivas provocan la pérdida de la función reflexiva, (Fonagy & Target) y, como usualmente se dan dentro de una posición esquizo-paranoide creando escisiones, también produce una contracción del campo de percepción con la consecuente pérdida parcial de la memoria del evento.
Escuchemos una viñeta de la primera sesión de evaluación de una pareja: Los Dorales.
Debido a infidelidades recurrentes de Enrique, Marta se contagia del virus de Papiloma y tiene que ser operada para extraerse una malformación sospechosa. La pareja se separa por ocho meses pero al regresar continúan sus dificultades. Marta inicia su discurso contando cómo se entera, a través de sus hermanas, de las repetidas infidelidades de Enrique, una de ellas con la nana de su hijo en su propia casa. Mientras narra esta experiencia perturbadora, su rostro no denota emoción alguna. Medio que se sonríe en las partes más difíciles y su expresión es la de una niñita acusando al hermano.
Me siento reclutada a juzgar y rechazar a este hombre descuidado e insensible.
Enrique la escucha y como reforzando mi reacción emocional me mira fijamente y me dice que un doctor le dijo que él era hipersexual y que en su terapia ha analizado que él y sus hermanos son producto de una generación en la que se les decía a los hombres que: “en la guerra cualquier madriguera es trinchera”.
Mi desagrado ante la devaluación a la sexualidad femenina, la falta de culpa y supuesta incapacidad para analizar la situación, se intensifica. En este momento Enrique me recuerda a una persona conocida, muy narcisista, que vive de los demás y establece relaciones que lo favorecen social y económicamente. Estoy consciente de la actitud moralista y crítica que estimula este paciente, por lo cual guardo este sentimiento como información valiosa y trato de ver la contraparte de Marta.
Enrique dice que está cansado de que Marta no lo tome en cuenta para nada y narra una pelea que sostuvieron en su casa de campo.
A pesar de lo pueril del tema de discusión hay elementos interesantes en ella. Enrique tiene los ojos lagrimosos y su rostro expresa dolor y humillación. Marta por su lado, lo mira como quien teme que explote un volcán, pero hay algo en su actitud que señala una disociación de su propia agresión.
Siento un cambio en mi reacción inicial y comienzo a verlos de otra forma: a Enrique como un niño humillado y a Marta como una niña asustada, ambos necesitando mi aprobación pero a la vez cargados de toda la agresión que este estado emocional conlleva. Otra vez utilizo esta percepción como una guía y no como una información real.
La fantasía inconsciente compartida
Si la fantasía inconsciente forma parte esencial de nuestro mundo interno; si se expresa a través de sus residuos, se transforma, se desplaza, se simboliza o elabora penetrando la conciencia; si conlleva respuestas psicosomáticas; si bajo su dominio se afectan las estructuras yoicas; si afecta los procesos de pensamiento y la evaluación de la realidad; y si, finalmente se transmite de soma a soma y de psique a psique afectando el ambiente; tenemos ante nosotros un medio excepcional para estudiar a nuestro paciente: la relación de la pareja.
Dentro de la escuela inglesa se ha señalado la fantasía inconsciente compartida como el alma y corazón del tratamiento, Tash & Bollingahaus (1999). Este concepto describe todo aquello que une o desune a la pareja, y se desvanece una vez comprendido su origen permitiendo que el matrimonio continúe su desarrollo y su vida. Sin embargo, la tarea se dificulta enormemente ya que cada miembro, en mutua conspiración, despliega todas sus defensas para mantener la fantasía inconsciente compartida lejos de su propio escrutinio y del analista. La paradoja es que estas defensas a la vez exponen y hacen permeables la fantasía para que pueda atravesar hacia la superficie de la personalidad matrimonial.
Sobre el tema de la fantasía compartida, Meltzer (1983) señaló que, mediante nuestra identificación con objetos internos, la parte adulta de nuestra personalidad es capaz de reconocer la parte adulta de otros a través de fantasías compartidas. Esta congruencia de objetos internos une a las personas y el vivir en mundos diferentes las separa e impide su comunicación.
Como ocurre con la identificación proyectiva, la fantasía inconsciente compartida termina manejando a la pareja. Dentro de la fantasía se encuentra el drama de lo ya ocurrido, (el miedo al colapso – Winnicott (1963) y plantea una relación tensa pero requerida para evitar otra temida y peligrosa (cláusula del por qué – Ezriel (1952). La consecuencia inevitable es que la pareja termina viviendo en el presente el drama del pasado.
La fantasía compartida se establece sobre la base de lo que significa vivir en pareja. La introyección durante el transcurso de la vida, de innumerables modelos de parejas (madre/infante; padres/hijo; padre/madre) informa y alimenta inconscientemente la fantasía. Se hace obvio entonces, que al trabajar con la fantasía inconsciente compartida, trabajamos simultáneamente eventos transgeneracionales no elaborados. En su libro The Telescoping of Generations, Haydée Faimberg plantea que las mentiras o hechos no elaborados de la vida de los padres, son pasados transgeneracionalmente a los hijos en forma tal que el hijo, al no conocer su génesis, se identifica con estos elementos como si fueran propios, desarrollando problemas con su identidad y estimulando la puesta en acción de dichos dramas.
Regresemos a los Dorales y veamos aspectos de su historia personal.
Enrique es el primero de cuatro varones de una pareja culturalmente esteriotipada y machista. El padre dominante y mujeriego, la madre sumisa y devaluada. A Enrique se le otorga el dudoso honor de ser el responsable y el modelo de sus hermanos. No se le permitía equivocarse, mostrar debilidad alguna, ni llorar. Esto no era cosa de machos. Recuerda haber intervenido en las peleas de sus padres para evitar que el padre agrediera físicamente a la madre. A los nueve años, y por un lapso de año y medio, es sexualmente abusado por su nana. No le cuenta a sus padres hasta cuando se asusta porque la doméstica, cada vez más agresiva, se le echa encima y casi lo asfixia. La empleada fue despedida y nunca más se habló del tema. Conoce a Marta durante la universidad y se casan inmediatamente después de graduarse a insistencia de Marta y a pesar de no tener trabajo. Se mudaron a un apartamento en casa de los padres de ella y aún viven allí ya que Marta no se quiere mudar. Enrique dedica casi toda la sesión en describir la interferencia de la familia política en su relación matrimonial. Se siente usado cuando lo necesitan para solucionar problemas e ignorado cuando se trata de asuntos relevantes y de importancia. Piensa que Marta está desilusionada de él porque no hace suficiente dinero con su trabajo en el gobierno, trabajo en el cual se siente bien remunerado y apreciado.
Marta es la tercera hija de un matrimonio de mucho dinero y perteneciente a una elite social. Describe una familia fusionada, incapaz de establecer límites emocionales. El padre es alcohólico, infiel, y verbalmente abusivo. La madre es hipocondríaca y ha desarrollado agorafobia por temor a ser contagiada de enfermedades en la calle. La familia emplea mucho tiempo en hablar y criticar a los demás. El alcoholismo del padre y las fobias de la madre constituyen la base de un secreto familiar resguardado del escrutinio y crítica de la clase social alta a la que pertenecen. La familia rechaza a Enrique por el sufrimiento que causa en Marta y esta los busca como aliados contra él, siendo ellos los que expresan su propia agresión contra Enrique. El resultado es que los reclamos de Marta son expresados verbal y emocionalmente por el padre y las hermanas. Simbólicamente, Enrique comparte la cama matrimonial con la familia de Marta. El papel que Marta ha jugado en su familia es el de apaciguar las peleas entre los padres, calmar al padre en sus momentos agresivos y ser la que “le hace los mandados a una madre”, incapaz de enfrentar el mundo. Su propia vida, personal y profesional, está en pausa.
Análisis de la fantasía inconscientecompartida por la pareja
Fisher (1999) sugiere que tratar de escuchar como si fueran sueños “la narración de los hechos”, o sea las historias con las que las parejas llenan la sesión, nos ayudaría a escuchar su comunicación emocional. Me parece que Fisher (1999), influido por Meltzer, señala un camino importantísimo para la técnica de trabajo con parejas. Citando a Meltzer (1983. pp 38) “…ahora los sueños tienen que ser vistos como imágenes de una vida de sueño que ocurre todo el tiempo, dormidos o despiertos. Podríamos llamarle a estas transacciones sueños cuando estamos dormidos y fantasías inconscientes cuando estamos despiertos”
De acuerdo con Meltzer (1983), lo que pasa en la sesión es que el analista escucha al paciente narrar un sueño y observa la imagen que aparece en su propia imaginación. Podemos pensar que le permite al paciente evocar un sueño en él, en el analista.
Si recordamos las descripciones hechas por Freud (1900, 1911, 1916) sobre el sueño, el síntoma y la fantasía); el planteamiento Bott Spillius (2001) sobre la postura de Klein de ver la función de los sueños como transformadora de la fantasía; y el análisis de Meltzer (1983) sobre la continuidad de los sueños en la vida psíquica, no podemos dejar pasar por alto la invitación de Fisher (1999) de escuchar el discurso de la pareja como quien escucha un sueño.
Si la fantasía inconsciente afecta el ambiente, quiere decir que encuentra en cada persona un área susceptible de estimulación. Para que las interpretaciones del analista sean efectivas no pueden descansar sobre la base de una fantasía activa.
Considero que el problema descansa sobre el hecho de que la fantasía de la pareja estimula parte del área objetal de la mente del analista (las parejas internalizadas del mismo) y su actitud queda coloreada por las mismas. Despojándonos de memoria y deseo, manteniendo una atención flotante y sobre todo una actitud analítica, podemos seguir el intercambio de la pareja con la curiosidad de quien escucha la narración de un sueño, dejándonos llevar por él, pero siempre dispuestos a indagar ¿de quién es este sueño? y ¿quién sueña este sueño? La fantasía inconsciente compartida no se puede soltar de la interacción de la pareja a menos que y hasta que, sea percibida en la contratransferencia del terapeuta y capturada en la transferencia con el otro miembro de la pareja y con el terapeuta. Esta fantasía compartida funciona como un vórtice que succiona hacia su centro tanto a los miembros de la pareja como al analista. Si nos resistimos, dejamos de vivir la experiencia contratransferencial tal y como lo pretende la pareja y corremos el peligro de convertir la terapia en sugerencia y apoyo sin lograr los cambios estructurales requeridos.
Para finalizar quiero compartir tres de mis reacciones contratransferenciales, persistentes hasta el momento, con la pareja Dorales.
La primera es de desconfianza. Por momentos pienso que ella ha comprado a Enrique en un intento por tener el control del hombre; en otros, pienso que él se ha casado con ella por su dinero y la comodidad que este le brinda.
La segunda es de rechazo al tipo de sociedad que ambos describen. La clase social de alcurnia, descrita por él como excluyente de todo lo diferente, más preocupada por las apariencias que por la sustancia. El mundo machista descrito por ella, donde las opiniones de la mujer no valen, en la que es usada como recipiente de ataques verbales y sexuales y en la que se trata a la mujer como incapaz de contener una vida psíquica y emocional de importancia.
La tercera y más fuerte, es un temor de aplastar a Enrique o de provocar la huída de Marta con alguna interpretación que provoque una herida narcisista que no se pueda sanar. Es en esta área donde me siento más controlada por las proyecciones de la pareja y por donde pienso que se abre el camino tortuoso de la transferencia/contratransferencia.
Los Dorales están tejiendo su red y como la oficiosa araña me llama a su centro, mientras que yo estoy permitiendo que me atrapen. Ya han logrado que no confíe en ellos, que los vea como vulnerables e incapaces de reflexionar. Lo único que puedo hacer con ellos por el momento es … observar, contener y esperar…
Bibliografía
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[1] Ph.D.

