REVISTA N° 6 | AÑO 2009 / 2

Los vinculos subjetuales y las patologias transpersonales.


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Los vinculos subjetuales  y las patologias transpersonales

Este trabajo profundiza sobre el tema de la relacion entre lo intrapsiquico y lo interpersonal en el estudio y el trabajo clinico con la familia y con la pareja. Hipotetiza la existencia de mas niveles de funcionamiento y de comprension en este contexto de trabajo, de un nivel intrapsiquico y de un nivel constituido por las relaciones objetales y ademas de otro nivel que esta constituido por una organizacion de “vinculos subjetuales” en los que el individuo esta inmerso desde el origen de su propia vida y que co-construye con el otro. Reflexionar sobre la realidad clinica en terminos de vinculos subjetuales permite explicar fenomenos que son dificiles de comprender.  Desde esta nueva perspectiva para la comprension del funcionamieneto mental,  se puede clarificar la naturalezza trans-personal de cierta patologia, como la patologia psicotica.

Palabras clave: vinculo “subjetual”, vinculo, patologia transpersonal, disociacion.


Les liens subjectaux et les pathologies transpersonnelles.

Ce travail approfondit le thème du rapport entre l’intrapsychique et l’interpersonnel dans l’étude et le travail clinique avec les familles et les couples. Il suppose l’existence de plusieurs niveaux de fonctionnement et de compréhension à l’intérieur de ces dispositifs, d’un niveau intrapsychique à un niveau formé par les relations objectales et, enfin, à un niveau constitué par une organisation de liens subjectaux dans laquelle l’individu est immergé dès l’origine de sa vie et qu’il co-construit avec l’autre. Réfléchir sur la réalité clinique en termes de liens subjectaux permet d’appréhender des phénomènes qu’il était difficile de comprendre auparavant, en partant d’une nouvelle perspective de compréhension du fonctionnement mental, et nous éclaire sur la nature transpersonnelle de certaines pathologies, telles que les pathologies psychotiques.

Mots-clé : Liens subjectaux, liens, patohologies transpersonnelles, dissociation.



PANEL

Los vínculos subjetuales y las patologías transpersonales.

 Anna Maria Nicolò[1]

Introducción

Lamentablemente, los parámetros de evaluación y los modelos de intervención propios de los dispositivos individuales se aplican frecuentemente a la familia y a la pareja; en el caso de los terapeutas sistémicos o cognitivistas ignoran la trama fantasmática propia de la familia o de la pareja, cuando en realidad es esta trama lo que diferencia nuestro trabajo de psicoanalistas de familia.

Si hubiese que identificar una particularidad de este desarrollo que la caracteriza con respecto al dispositivo dual (de la cura individual), podríamos observar que el psicoanalista utiliza una perspectiva de observación que pone el acento sobre ciertos aspectos tales como la observación del vínculo entre las personas, las imbricaciones y las interrelaciones de las representaciones entre los miembros durante la sesión. En lo que a mi concierne, el foco de atención en mi trabajo es la relación entre lo intrapsíquico y lo interpersonal, así como las convergencias, las divergencias y las interrelaciones entre estos dos niveles (Nicolò, 2002) Es sobre este aspecto, en particular, que me interesa intervenir. Esto supone a mi juicio, que aquellos que trabajan con las familias o las parejas saben también trabajar con el individuo. De hecho es el primer fundamento de su formación, pero exige también, una aproximación mucho más compleja del lado de la observación.

Parámetros de la observación

¿Qué significa estudiar la relación entre lo intrapsíquico y lo interpersonal?  Hoy en día numerosos psicoanalistas en el mundo nos proponemos un cambio de óptica en relación al psicoanálisis más tradicional. Han comprendido que para leer el mundo interno del sujeto, no pueden interesarse solamente en las proyecciones del sujeto singular, pues deben también considerar la repuesta del otro, al cual la proyección está dirigida, y las modificaciones producidas por estas repuestas.

La consecuencia es que inclusive en el dispositivo dual (de la cura individual), podemos observar los fenómenos en términos de una pareja analítica y, dejando de lado el mito de la neutralidad, estudiar sus propias vivencias y aquellas del paciente como siendo co-creadas en la relación

Se trata de un punto importante que se diferencia en relación a otros modelos de trabajo. Sin embargo no hay que olvidar que la historia del psicoanálisis contiene múltiples referencias o intuiciones sobre este punto[2].

Bion y Winnicott estudiaron la relación entre la realidad interna del sujeto y su influencia sobre la realidad externa del otro. La proyección y su efecto sobre el otro, la utilización del objeto, la manera por la cual el otro es parasitado, explotado, colonizado, o por el contrario, utilizado en el interior de si o en la relación, en la economía del sujeto singular o en la economía colectiva: estas son las perspectivas que esos autores nos han propuesto

Aunque estos estudios han permitido enormes avances en la clínica y la investigación, ellos no son suficientes para explicar aquello que ocurre en las organizaciones fantasmáticas complejas tales como la pareja o la familia. De ahí la atención para lo que Kaës denomina la tercera tópica, a saber un espacio psíquico, caracterizado por una “realidad psíquica común y compartida, que incluye el espacio intersubjetivo entre los sujetos (…) y que se organiza sobre una articulación entre la realidad psíquica del vincul0 y aquel del sujeto singular” (Kaës, 2009). Kaës continúa afirmando que la tarea de una tercera tópica es lade describir y de volver inteligible las relaciones complejas que articulan, distinguen y para ciertos aspectos, oponen el espacio intrapsíquico, aquel del sujeto singular, y el de los espacios plurales, organizados por los procesos y las formaciones   psíquicas         específicas.     Tal       es        la         apuesta epistemológica.” (Kaës, 2009).

Los múltiples niveles de funcionamiento de la familia y de la pareja.

Por todas las razones que acabo de enumerar, nuestra observación se ha vuelto más compleja y multidimensional; ella no está dirigida únicamente a los contenidos del mundo interno del individuo, ni por otra parte a las proyecciones de cada sujeto sobre un objeto de su propia proyección (que es un segundo nivel de análisis). Hay otro nivel, un meta-nivel que nos engloba y que está formado por la red de vínculos en los cuales nosotros estamos integrados y que contribuimos a construir y a mantener.

En estos vínculos, las evaluaciones que son útiles a nivel individual no son suficientes. Podríamos tratar de explicar el funcionamiento observando las identificaciones proyectivas reciprocas efectuadas mutuamente por cada uno de los partenaires de la relación sobre el otro partenaire, la imbricación recíproca de estas proyecciones, el contrato inconsciente en la pareja que corresponde a las necesidades de cada uno.

Este tipo de teorización ha caracterizado los trabajos del inglés Dicks, uno de los pioneros del psicoanálisis de la pareja y uno de los referentes hasta nuestros días. Esta teorización está basada en la teoría de las relaciones objetales, pero podríamos preguntarnos si esta teoría es suficiente para explicar los fenómenos que se producen en la pareja y en la familia o que nosotros observamos en las patologías como la psicosis, o la folie à deux.

Basándose en los trabajos de Harold Searles (1979) sobre la simbiosis terapéutica, Ogden describe la co-creación, a la vez por el analista y el analizando, de una subjetividad “tercera” que no pertenece a  ninguno de los dos individualmente, pero que exige que ésta emerja en cada uno, en su rol respectivo. Ogden (1997) no propone mundos paralelos en resonancia entre los partenaires de una interacción, sino más bien la generación de una subjetividad combinada, constituida de manera única[3] .

Hay entonces varios autores que no se refieren a la pareja conyugal sino a la pareja analítica, han mencionado la creación de un tercer objeto nuevo, que se activa en la relación entre los individuos.

Desde esta perspectiva, la noción de vínculo, en tanto que tercer elemento, construido en el encuentro entre dos o varios individuos, aparece como un instrumento útil de comprensión y de trabajo. Me inclinaré en particular, sobre este punto que considero como importante para comprender las dinámicas en estos dispositivos[4].  Pichon-Rivière pone de relieve la diferencia entre vínculo y relación de objeto. En su texto Teoría del vínculo (1980), él se interroga: “¿Por qué utilizamos nosotros el término vínculo? En realidad, nosotros tenemos el hábito de utilizar la noción de relación de objeto en la teoría psicoanalítica, pero la noción de vínculo es mucho más concreta. La relación de objeto es un estructura interna del vínculo (…) Podríamos decir que la noción de relación de objeto es heredera de la psicología atomista, mientras que el vinculo es otra cosa que incluye el comportamiento. Podemos definir el vínculo como un tipo particular de relación con un objeto; de esta relación particular deriva una conducta más o menos fija con este objeto, que forma un pattern, un modelo de comportamiento que tiene tendencia a repetirse automáticamente tanto en la relación interna como en la relación externa con el objeto.16

Berenstein está en la misma línea de pensamiento. Él nos recuerda que el reconocimiento de la presencia del otro, como irreductiblemente extraño al Sí mismo, con el cual estamos en una relación tanto fantaseada como real, puede ser extremadamente creativo. En efecto, a partir del momento que es imposible asumirlo, como propio, de rechazarlo o de expulsarlo, a menos de romper el vínculo, si este – parafraseando a Berenstein – no se transforma en ausente o no desaparece como extraño, exige de nosotros que nos modifiquemos como sujetos. Todas estas consideraciones tienen como consecuencia el hecho de que la persona del otro, por el aspecto que es percibido como externo al sujeto es distinto del dominio de nuestras proyecciones, nos ofrece un campo de experiencia radicalmente diferente del otro entendido en el sentido subjetivo.

Como nos hace recordar Berenstein, la incapacidad de tolerar este elemento que se constituye como extraño con respecto a la identificación proyectiva recíproca, esta presencia irreductible del otro como sujeto exterior a nosotros puede conducir a la tentativa de negarla o de anularla con diversas modalidades tales como la intrusión en el otro o la colonización de la psiquis del otro. Eso pasa a menudo en las psicosis o donde hay a la vez la incapacidad de reconocer al otro diferenciado en tanto que persona autónoma dotada de su propio funcionamiento mental, y una intrusión en el espacio mental del otro de pensamientos, fantasías, secretos, a veces transgeneracionales.

Volviendo a las preguntas que he planteado al comienzo, podemos afirmar que existe una gran diferencia entre la noción de relación objetal y la noción de vínculo; pienso que la noción de vínculo es suficientemente explicativa para indicar los fenómenos que existen entre un individuo y su partenaire en las parejas significativas y en la familia. Podemos entonces concluir que la teoría de las relaciones objetales trata de la relación del sujeto con SU PROPIO objeto y no con “la relación entre el sujeto y el objeto que es una relación interpersonal” (Kohon, 1998).

El objeto de la relación no es solamente el objeto de la proyección, sino también “el término de un proceso de intercambio psíquico y entonces el es como un sujeto otro, un otro sujeto que insiste y que resiste en tanto otro” (Kaës, 1994, pág. 27). Nosotros hablamos aquí de un vinculo entre sujetos; de ahí la elección de la expresión “vínculos sujetales”.

Pienso entonces que debemos suponer la existencia de varios niveles coexistentes en las dinámicas interpersonales. Estos niveles deben estar integrados para permitir una mejor comprensión. Para volver a los parámetros que guían nuestra observación, debemos entonces observar un funcionamiento intrapsíquico; luego un segundo nivel representado por las diferentes relaciones objetales que existen entre ese sujeto y las personas objeto de su proyección; luego un tercer nivel que podríamos denominarlo vínculo, que existe entre dos o varios sujetos y que es característico de la relación entre un sujeto y otro-sujeto que uno mismo (Nicolò, 1996, 1997, 2000).

Un caso clínico

Aportaré aquí el caso clínico de supervisión de una pareja de pacientes en tratamiento después de aproximadamente dos años. Gemma y Francesco consultan a causa de una crisis conyugal, Gemma ha descubierto que su marido, un empresario que viaja a menudo por su trabajo, tiene después de aproximadamente cinco años una amante en otra ciudad. Gemma se siente traicionada y, sobre todo, ella no soporta no haberse  dado cuenta de esa relación. Francesco es un hombre muy cerrado y poco inclinado a las confidencias; a menudo parece que miente, aunque está mucho más en contacto que su mujer con aspectos de su mundo interno, aunque contradictorios. Su mujer tiene a menudo en la sesión una actitud controladora e intrusiva en su tentativa de conocer las fantasías y los pensamientos ocultos de su marido. Sus dos hijos adolescentes infantilizados y bajo el control de la madre, control que Francesco no logra impedir. Además Francesco tiene una gran admiración por las capacidades de su mujer y de su prestigiosa familia de origen.

Luego de haber analizado largamente la tendencia de Gemma a ponerse en víctima y su masoquismo – lo que la había llevado a sufrir numerosos comportamientos de su marido sin que este último no lo haya pedido nunca – y luego de haber considerado el sentido de la fuga de su marido y la naturaleza de su relación con su amante en otra ciudad, una mujer que lo  idealizaba sin pedir nada a cambio, la relación parece ahora más libre y afectuosa, aunque subsisten numerosos problemas.

En una sesión poco tiempo antes de las vacaciones de verano, Gemma comienza trayendo este sueño:

Ella se encontraba en un lugar indeterminado, podría ser al aire libre. Había presencias masculinas. Ella había querido ponerlos en tres recipientes de vidrio, como aquellos que ella había comprado hace poco tiempo. Había uno que era más pequeño.

La mujer dice en que medida estas tres figuras estaban indefinidas y las asocia a su marido, su hijo y su padre. Asocia luego estos recipientes a aquellos que contienen los fetos en los laboratorios. Francesco asocia los recipientes, que su mujer describe en su sueño, a las serpientes conservadas en frascos en los museos de historia natural y evoca el film que había visto la víspera con su mujer, donde en una escena terrible, se veía una cabeza que había sido colocada en un frasco para ser conservada como un trofeo.  El discurso pasa luego a las relaciones con los hombres que Gemma había tenido cuando ella era una chica joven y a la relación de su hija con un muchacho desvalorizado que no era para ella, pero que ella defiende y busca valorizarlo. Francesco afirma que poner a los hombres en frascos de vidrio era una manera de controlarlos y de verlos todo el tiempo. Ellos dos bromean sobre este tema, aunque Gemma parece muy impactada. Ella afirma que el origen de este control podría ser por el comportamiento de su marido. La terapeuta, luego de haber remarcado el sentimiento de soledad de la mujer en el sueño, porque no tiene ninguna relación con estos hombres, dice que Gemma habla de estas presencias masculinas y no de verdaderos hombres, como si en el fondo ella hubiera tenido siempre miedo de tener un contacto íntimo con verdaderas personas de carne y hueso.

Gemma observa  que en efecto poner en un frasco permite ver, pero no tocar.

Francesco se pregunta cómo situarse en este contexto, cómo ha podido aceptar esto durante tantos años y dice que siempre tuvo la impresión que su relación era una relación de esgrima, donde se toca y se aleja. Él también, ha estado siempre solo.

La terapeuta dice que Francesco parece haber terminado la interpretación por la parte que a él le concierne.

Su mujer dice que ella tiene muchos amigos, inclusive hombres, y que con uno de ellos en particular, ahora fallecido, ha tenido una relación muy importante. Podría ser también que su relación con los hombres estuviera mediatizada siempre por su padre que tenía un vínculo intenso con su madre. Ellos pasaban numerosas tardes charlando juntos, cosa que ella no había podido hacer jamás con su marido. Evoca en a propósito de esto, la relación que había tenido durante muchos años con su primer novio, que permanece para ella como el hombre ideal. “Y bien dice la mujer, con Emanuele la relación era totalmente diferente: no solamente había un entendimiento sexual perfecto, sino también una correspondencia en el plano cultural y político, y sobre la visión de la vida.” Ella lo frecuenta todavía como amigo y siente que el vínculo que hubo entre ellos permanece aunque debilitado. A la pregunta que le hace la analista: “Cómo explicar que usted no se haya casado con él”, la mujer responde que ella se había vuelto muy celosa cuando él le había hecho la corte a otra mujer, simplemente por juego, como ella lo había comprendido posteriormente. Pero entretanto, se había puesto de novia con su marido.

La analista remarca, en su interpretación, que la mujer parece haber huido en su vida de los vínculos que implicaban una fuerte intimidad: ella ha abandonado a su novio anterior y se había ligado a un hombre que lo sentía más alejado.

La mujer dice que la intimidad se realiza de a dos, que el marido  fue siempre un poco controlado. Francesco la corrige diciendo que él se siente discreto y respetuoso, fundamentalmente no intrusivo.  La mujer confirma y agrega que todavía hoy, cuando ella encuentra a Emanuele, un clima particular se establece de entrada con él, como si hubiera una sintonía inmediata entre sus frecuencias cuando normalmente, con su marido, ella se queda en lo no dicho o lo no explicitado. Es para ella como una suerte de valencia disponible a la recepción; con Francesco, esto quizás podría ser posible, pero él no la escucha nunca. Parecería, por el contrario, que Emanuele logra casi mágicamente escucharla enseguida.

Esta sesión parece traer una indicación sobre el vínculo que los dos esposos han construido a lo largo de los años. Este control defensivo recíproco contra la intimidad con el fin de guardar las distancias entre ellos es el vínculo que los une y los deja solos a la vez, empujándolos a buscar en otra parte una intimidad que ninguno de los dos nunca había podido dar al otro. El miedo a la intimidad parece ser uno de los rasgos distintivos de esta pareja, donde cada partenaire queda en equilibrio al utilizar al otro – la amante en el caso del marido, el trabajo y las fantasías en el caso de la mujer – para poner distancia. Las sesiones siguientes explican el sentido y la ventaja, así como el origen de este vínculo entre ellos.

El sueño[5] que he aportado puso a la luz no solamente la defensa contra la intimidad puesta en acción por la mujer, sino también la respuesta correspondiente del marido. Estas vivencias dan lugar, en la realidad, a comportamientos recíprocos que refuerzan vivencias correspondientes y generan defensas personales y transpersonales. La huida de Francesco hacia otra mujer era no solamente debida a su tentativa de no implicarse nunca personalmente y hasta el final con quien sea, pero era también una repuesta para compensar una Gemma controlante y evasiva.

¿Cómo podemos entonces definir el término vínculo?

Me parece que al reducir la pregunta a los términos esenciales, un vínculo existe si:

  1. Si se trata de una construcción tercera compartida, coconstruida por al menos dos personas.
  2. Esta construcción no es consciente, a menos que se vuelva consciente por un trabajo de elaboración. Esta construcción expresa como podemos observarla en acción a través de los comportamientos, las vivencias, los sueños o los síntomas.
  3. Debe poder, una vez construido, influenciar a los actores que lo han producido.
  4. Habitualmente inaparente, se vuelve evidente en la medida en que y cuando condiciona la libertad de expresión del individuo.
  5. El vínculo es diferente de la relación objetal tratándose de una tercera construcción en relación a los sujetos que lo producen. La relación objetal, por el contrario, aunque produzca un “objeto compartido” (Teruel) en el intercambio, aunque esté en la base de la colusión en la pareja, producto de la proyección y de las identificaciones proyectivas reciprocas, es la reactualización de una relación de objeto interno que tiene su origen en el pasado.
  6. El vínculo elemento nuevo, co-construido, extrae de cada uno de los partenaires versiones diferentes de Sí mismo que se reactualizan en relación a este vinculo particular.
  7. El vínculo representa el telón de fondo, el decorado, en el interior del cual pueden evolucionar las diferentes relaciones objetales; en general solo se pone en evidencia en situaciones patológicas. Cuando este vínculo impide el desarrollo de la personalidad de cada uno, puede volverse compensador de los problemas del otro o de la pareja misma, en general de los aspectos psicóticos o de la depresión grave, y de los problemas ligados a las dinámicas “vida/muerte”.
  8. Las vivencias de la contratransferencia, las interacciones, los gestos, las sensaciones, ciertos aspectos presentes en los sueños son muy útiles para leer la cualidad y la naturaleza de los vínculos en el dispositivo de pareja y de familia.

El vínculo y el mecanismo de la disociación

Razonar en términos de vínculos sujetales abre perspectivas innovadoras en la comprensión de la patología, pero sobre todo de la normalidad. Podemos seguramente afirmar que existen situaciones tales como la psicosis, en la cual es muy difícil de comprender plenamente la concepción de un Sí mismo unitario y monolítico, sin tomar en cuenta que esas perturbaciones están mantenidas por una “organización traumática de vínculos” particular y que la psicosis no es la enfermedad de un sujeto singular, sino un problema de la organización en su totalidad.

Es muy difícil de comprender la existencia de vínculos desde el punto de vista del funcionamiento que cada uno de nosotros manifiesta habitualmente en la vida porque creo que los vínculos constituyen un telón de fondo, siempre en funcionamiento, de nuestra existencia y que ellos no se vuelven claramente visibles salvo situaciones de stress o patológicas.

Me interesa, después de varios años, en los fenómenos presentes inclusive en condiciones normales donde cada uno de nosotros, sometidos a situaciones alejadas de aquellas a las cuales estamos habituados, puede manifestar comportamientos o vivencias absolutamente extrañas a aquellas que experimenta habitualmente. Esto me pareció particularmente verdadero al observar las dinámicas de las parejas u observando los comportamientos diferentes que las personas pueden tener con diferentes partenaires18.

Todas estas observaciones  me han llevado a profundizar este tema en una serie de artículos, entre los cuales “Versioni del sé e interazioni patologiche” (Versiones del Sí mismo  e interacciones patológicas) (Nicoló, 1993), que intentaré resumir porque pienso que aún actualmente puedo suscribir  estas afirmaciones:

“Numerosos psicoanalistas[6] han comenzado a poner en cuestión la concepción de un Sí mismo unitario y monolítico, que impide mas bien por su presencia, en cada uno de nosotros, de un cierto numero de “personas”, objetos o partes que están inclusive a veces en oposición o en conflicto unas con las otros…[7].”

18 Estudiando estos fenómenos, me llamó la atención la afirmación de Meltzer: “Nosotros tenemos cada uno múltiples relaciones: algunas están ligadas a la parte sana de la personalidad, otras a la parte enferma, inclusive psicótica. Es por eso que todos los individuos presentan una cierta inestabilidad de funcionamiento de la personalidad, según los encuentros que ellos hacen en momentos determinados” (Meltzer, 1979b).

S.A. Mitchell (1982-1992) se pone a trabajar sobre estos temas  al profundizar  la relación entre el Sí mismo en tanto que configuración relacional, múltiple y discontinua, y otro aspecto del Si considerado como “íntegro y continuo”.

Para este autor, las versiones múltiples del Si son, más que representaciones, verdaderas maneras de ser, organizaciones. En los trabajos que he citado anteriormente, continué diciendo que ¡la importancia de los procesos de clivaje entre las configuraciones del Sí diferencia las situaciones normales de los procesos de identidades múltiples de los borderline y  de los psicóticos, éstos últimos sufren de un sentimiento de falta de continuidad de la experiencia y de una falta de cohesión interna. En la personalidad normal, las diferentes versiones están contiguas, en relación unas con las otras y, bajo ciertos aspectos, bastantes semejantes, contrariamente a las situaciones francamente patológicas que la literatura ha presentado de manera admirable, en el desdoblamiento entre el Dr. Jekyll y M. Hyde.”

“En una cierta medida, cada uno de nosotros se configura en forma diferente en función de las relaciones que existen con otro, con la condición de que sea significativo. Las relaciones de pareja pueden revelarse profundamente transformadoras, no solamente porque ellas modifican nuestras experiencias internas, sino también porque ellas activan versiones de nosotros que, de otra manera, se volverían obsoletas, inclusive ocultas toda la vida. La concepción misma del individuo podría ser revista desde una óptica que ponga el acento sobre las relaciones, sobre los vínculos” y sobre la disociación en tanto mecanismo que permite la coexistencia de diferentes aspectos de Sí21 “.

Los numerosos estudios e investigaciones de los diez últimos años sobre el traumatismo y sobre el funcionamiento de las personalidades post-traumáticas han aportado y esclarecido más estos funcionamientos al describir el recurso a la disociación en estas situaciones, pero poniendo igualmente en evidencia que la presencia de este mecanismo es útil y fisiológico en la personalidad normal. Bromberg afirma, por ejemplo, que « Dissociation, like repression, is a healthy, adaptive function of the human mind. It is a basic process  Ha sugerido en un artículo (Bromberg, 1993, pp. 162-163) « the self-experience originates in relatively unlinked selfstates, each coherent in its own right, and the experience of being a unitary self  is an acquired, developmentally adaptive illusion. »(cf. Hermans, Kempen, & van Loon, 1992, pp. 29-30; Mitchell, 1991, 127-139)

Continuando su reflexión sobre este punto. Bromberg considera la integración « in essence, no different from any other personality attribute — an interpersonal construction jointly shaped by the individual and the eye of the beholder (spectateur). The “beholder” is frequently another person but is always, simultaneously, a dissociated voice of the self. “Integration” is thus relative to the link of external reality.

Bromberg describe ulteriormente este campo intersubjetivo (the intersubjective field) como pudiendo ser capaz de conformar la realidad inmediata de los participantes de la relación « and the way they are experiencing themselves and each other »  y él  subraya que cada retirada inesperada del campo perturba el estado de ánimo de los otros. (« any unsignaled withdrawal from that field by either person will disrupt the other’s state of mind »).

Me parece que Bromberg indica, por el término campo, aquello que muchos de nosotros entendemos por el concepto de vinculo capaz de coparticipar en la determinación de la cualidad, la naturaleza y las características de las vivencias y del comportamiento del otro.

Insiste igualmente en la confirmación recíproca que los individuos que participan en la interacción se brindan de manera espontanea y automática. Es un aspecto que merece igualmente nuestra atención porque muestra la sintonización reciproca natural de cada individuo en relación al otro – como lo evocaba la paciente anteriormente aquí – y la adaptación silenciosa y reciproca de las dos psiques que participan en este vinculo a tal punto que el alejamiento de uno de los sujetos perturba el estado de ánimo del otro.

Nosotros no hemos comprendido todavía aquello que pone en marcha ésta sintonía que los teóricos del amor a primera vista califican a veces de “enamoramiento”. Esta sintonización reciproca puede igualmente ser observada en los grupos de personas que se encuentran por primera vez; aquello que pasa en la relación entre la madre y el recién nacido, es sorprendente desde este punto de vista, como pueden testimoniarlo todos aquellos que se han ocupado de la observación de bebés según el método de Esther Bick. Pasa a menudo, en estas situaciones, observar una repuesta actuada o somática natural del bebé a estos funcionamientos particulares de la madre, una repuesta reciproca entre los dos que se traduce poco después por comportamientos recíprocos repetitivos[8].

El corolario de esta hipótesis es que cada uno de nosotros, con ciertos límites, establece vínculos en parte diferentes con personas diferentes, siguiendo las dimensiones disociadas del Sí mismo que se pone en acción en este vínculo. Con ciertos límites porque un cierto grado de continuidad, de congruencia y de dialogo entre estos diversos aspectos constituye la base de nuestro funcionamiento normal.

Nosotros podemos decir entonces que un vínculo determinado hace emerger configuraciones disociadas del Sí mismo de cada uno. Cuanto más numerosos son los funcionamientos patológicos puestos en acción, estas configuraciones se alejan más una de la otra y menos continuidad hay entre ellas. En ciertos pacientes eso es muy evidente: es el caso de Magda, una mujer de 38 años que tenía una doble vida conyugal. Con su amante, ella había descubierto naturalmente y rápidamente una sexualidad libre y multiforme por lo cual se sentía apasionada. Ella mantenía con él un vínculo que estaba al límite de su control sadomasoquista, teñido de crueldad mental, siendo el elemento más excitante de la relación la libertad en la expresión de la agresividad que ella sentía posible y natural. Con su marido, por el contrario, tenia establecida una relación romántica e inclusive bajo ciertos aspectos infantilizada.

Magda admiraba mucho a su marido, un hombre de una gran cultura y sensibilidad; con él, ella sentía que se comprometía en una relación que “tomaba caminos hechos de delicadeza y de sensibilidad”. El único problema era la dificultad sexual del marido: él sufría de una forma de eyaculación precoz que se había manifestado algunos meses después del matrimonio, un matrimonio que duraba ya diez años. Magda no tenía el sentimiento de engañar a su marido porque lo que ella compartía con él, le  guardaba respeto y discreción en la intimidad. Comparaba las dos relaciones diciendo que una era en la mente y la otra en el cuerpo. Pero ella reconocía también que cuando estaba con su amante, tenía maneras de comportarse más libre y agresiva inclusive con otras personas. Por ejemplo ella había, sorprendido a una amiga de la infancia, (la había encontrado una noche que ella cenaba con su amante) por su manera de hablar directa y desacomplejada, muy diferente de aquella a la cual había conocido en el interior de los muros domésticos, y a la que estaba habituada. La diferencia de comportamiento, que inclusive su amiga había notado, correspondía creo, a un funcionamiento disociado de la paciente que había comprometido versiones disociadas de Sí misma y vínculos diferentes, con cada uno de los dos hombres.

El vínculo y las patologías transpersonales

Encontramos otro ejemplo en Teorema (Théorème) de Pasolini. En este film, la llegada inesperada de un joven bello y misterioso hace emerger diferentes patologías en los miembros de una familia de la clase media burguesa italiana, induciendo en cada uno comportamientos que terminan por revelarse autodestructivos. Es interesante observar, en este film, la rapidez con la cual se pone en acción el vínculo destructivo que parece encantar más allá y fuera de todo uso posible de la palabra o de la explicación de cada uno de los miembros de la familia, mágicamente comprometidos en este vínculo.

El film de Pasolini suscita de entrada una reflexión sobre la naturaleza particular de la patología de los vínculos. Remarcamos que a partir de estímulos (la presencia del extraño), las patologías se activan en cada uno de los miembros de la familia: en la mucama, una suerte de delirio místico; en la madre, una perversión ninfómana y sadomasoquista; en el hijo, una relación homosexual.  Estas patologías eran ciertamente la expresión del funcionamiento individual de cada uno, pero ellas habían sido compensadas, clivadas o disociadas hasta el momento en que un estímulo específico – determinado por este vinculo obscuro, idealizado, sobrevenido de una manera repentina  –  los había hecho emerger. En el párrafo anterior he afirmado que hay situaciones que son muy difíciles de comprender plenamente sin referirse al concepto de una “organización traumática de vínculos” específica. He mencionado la psicosis como ejemplo de este tipo de funcionamiento y la psicosis no es la enfermedad de un sujeto singular, sino un problema de toda la organización en su totalidad.

Uno observa a menudo en estas familias, que cada uno está a la búsqueda de un continente en el cual evacuar la angustia y el sentimiento de soledad y de inexistencia, la vergüenza y la humillación profunda, y que  lo hace tomando recursos de diferentes estrategias defensivas en general transpersonales.

Cuando trabajamos con estas familias, observamos entre otros mecanismos de defensa que no son solamente individuales como la represión o la negación. Hay también otros mecanismos defensivos que son construidos colectivamente. Observamos por ejemplo, mecanismos compartidos de fusión maligna contra el otro y la ocupación de la mente del otro (entrañando la anulación de la subjetividad del otro) o bien el rechazo del otro y de su existencia autónoma o de su identidad desde el nacimiento. Descubrimos a menudo historias increíbles que esconden secretos indecibles y a menudo no dichos, tales como: niños dejados por muertos, filiaciones y genealogías guardadas en secreto y caracterizadas por el ocultamiento, el abuso u otros traumatismos.

¿Pero cuál es la razón que nos permite afirmar que estas patologías de los vínculos son también transpersonales? ¿Qué entendemos por este término?

Mientras que el espacio interpersonal es el lugar donde se efectúan los intercambios con otro, otro diferente de sí mismo, un espacio definido por la diferenciación y en el cual se ponen en acción procesos de transformación y de elaboración del grupo familiar en una dimensión creadora y evolutiva, el espacio transpersonal es el lugar de las comunicaciones inconscientes primitivas, actuadas o somatizadas, así como el lugar de lo transgeneracional y de las defensas transpersonales[9]. Kaës indica claramente que aquello que se transmite entre los sujetos no es (1993, pp. 17-22) del mismo orden que aquello que se transmite a través de ellos.

En las familias psicóticas los procesos de elaboración fracasan y hay un ataque contra el pensamiento porque el espacio interpersonal se reduce y es reemplazado por la fusión con el otro, por el control o por la evacuación de las emociones en el otro. En esta situación, el trabajo sobre la dimensión transpersonal, se vuelve crucial porque estas dimensiones vehiculizan secretos, contenidos concretos o somatizados, etc. En las dimensiones transpersonales, observamos igualmente vínculos defensivos expresamente creados como defensas transpersonales que la familia organiza frente a las angustias compartidas producidas por los acontecimientos del ciclo vital o por los traumatismos ocasionales. Hay por ejemplo familias en las cuales la somatización se vuelve una repuesta privilegiada, transmitida transgeneracionalmente y utilizada por varios miembros de la familia (Nicoló, 1997, 2000).

Según mi opinión, las defensas transpersonales son un producto colectivo bastante estable en el tiempo y son a menudo activadas por un contexto específico. Ellas son un producto colectivo en la medida en que “van a adelante” de la necesidades de los sujetos participantes en la relación. Ellas no se activan si el partenaire de la relación no se presta a ello, o no necesita de ésta relación.[10].

Cuidarse en el otro: comprender las relacionessubjetales

La clínica con las familias y las parejas muestra, de una vez por todas, que existen maneras de cuidarse y de volverse enfermo que utilizan al otro, que consisten en cuidarse en el otro y a volverse enfermo en lugar del otro.

Los autores que se han ocupado en particular, de patologías severas saben bien hasta que punto la enfermedad psíquica grave es en efecto “una locura interactiva” (como lo afirma Racamier), que hay siempre otro que actúa con ella. “Volverse enfermo en el otro” es un aspecto de la patología del vinculo, que estamos llevados a curar en esos contextos.

Podemos también agregar que estos vínculos activan en el otro, niveles de funcionamiento mental, estados del Sí mismo, que se actualizan en función de un vínculo determinado. Asistimos en los individuos a cambios sorprendentes cuando los vínculos particulares que los aprisionaban son desanudados, rotos o resueltos a causa de acontecimientos de la vida o gracias al trabajo terapéutico. Por ejemplo la aparición o por el contrario, la desaparición de graves depresiones, síntomas claustro-agorafóbicos, después de la ruptura de vínculos significativos, nos han sorprendido enormemente. La fragilidad de las fronteras del Sí mismo, de los individuos comprometidos en el vínculo, es una de las características de las áreas de funcionamiento primitivo y representa a menudo uno de los aspectos sobre los cuales hay que focalizar el tratamiento.

Para responder de manera eficaz a todos estos puntos que son todavía, en parte solo hipótesis y preguntas, necesitamos sin embargo comprender mejor el status del Otro en nuestra vida psíquica, sobrepasar las posiciones que ponen siempre en el centro nuestro “Sí mismo inaccesible” para observar no solamente nuestro inconsciente inquietante, sino también el Otro que está en nosotros, los múltiples Otros que nos constituyen y de los cuales somos la expresión ya, desde el principio de la vida.


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[1] MD., psychyatrist, training analyst SPI – IPA, director of Revista Internacional de Psicoanalisis de Pareja y Familia.

[2] Bion afirmaba, por ejemplo, que debíamos ocuparnos no solamente de la identificación proyectiva, sino también de aquello que esta identificación proyectiva “HACE” al otro. Debemos entonces  observar el efecto de este mecanismo de defensa sobre la realidad del otro, es decir hasta que punto la fantasía expresaba a través de la identificación proyectiva y podía materializarse en la realidad del otro y modificarlo (Bion, 1962).

Winnicott estudiaba, él también la utilización del objeto y la distinguía de la relación con el objeto, afirmando que la respuesta del objeto capaz de sobrevivir a la fantasía destructiva del niño funda la realidad y su creación. Para esta operación, que Winnicott describe en sus célebres trabajos sobre la utilización del  objeto, el infans se autoriza a testear la repuesta del otro a una cierta manifestación de su parte, vivida en la imaginación como siendo destructiva. Si el objeto sobrevive, esta fuerza vital, esta crueldad, este “odio/amor” (Bollas, 1987) que el sujeto ha experimentado en aquel tiempo, en ese  momento preciso, en ese estado de la vida, le serán útiles para sentirse diferenciado, para subjetivarse, para utilizar la realidad.

[3] Ogden afirma: “Yo no considero que la transferencia y la contratransferencia sean entidades separables que emergen en repuesta una a la otra; sin embargo entiendo que estos términos reenvían a los aspectos de una totalidad intersubjetiva única pero vivida separada (y individualmente) a la vez por el analista y por el analizando.” (Ogden, 1997).

[4] La elaboración de esta noción ha sido obra de un grupo de estudios del Centro di Psicoanalisi Romano (2001-2003) como lo he documentado en numerosos artículos de la revista Interazioni. 16 Nota del autor: traducción libre

[5] En el tratamiento familiar o de pareja, observamos a menudo aparecer un sueño aportado por uno de sus miembros. Cuando esto ocurre, no solamente tenemos la experiencia de un sueño que expresa el mundo interno del individuo, pues podemos observar también en dicho sueño el vector de un funcionamiento colectivo. En ciertas situaciones, el sueño expresa la naturaleza del imbricamiento recíproco de los partenaires o la naturaleza del vínculo que los une. En otros, un sueño se hará presente con respecto a lo actuado del otro partenaire. En ciertas familias, uno de los miembros es una suerte de portavoz del sueño de todos. Gracias a él y gracias a las asociaciones del grupo o de la pareja, a partir del sueño, se puede observar una realidad compleja formada no solamente por el contenido que emerge en el sueño, sino también por las defensas personales y grupales organizadas alrededor de él. Por razones de espacio, no trataré este tema aquí y lo reenvío a mis trabajos sobre este tema (Nicoló 1994, 2001, 2005).

[6] A partir de la teoría de las relaciones objetales de Fairbairn, según el cual, la personalidad está formada por varios Yo subsidiarios y objetos internos, considerados como estructuras dinámicas que tienen características particulares, numerosos autores han elaborado conceptos similares.

En su estimulante libro The Matrix of Mind, Ogden (1986) pone en evidencia conceptos semejantes extraídos de trabajos de autores importantes tales como Winnicott y Bion. El nos recuerda la bipartición, propuesta por Winnicott, en verdadero y falso self, como organizaciones que funcionan una en relación a la otra en el interior de la personalidad.  Según Ogden, finalmente, Bion también concibe al individuo como estando compuesto de múltiples sub-organizaciones de la personalidad, en la cual cada una es capaz de funcionar de manera semi- independiente, pero igualmente capaz de comprender y de elaborar las identificaciones proyectivas de otro (Ogden).

[7] Numerosos son los autores que, directamente o indirectamente, evocan esta idea, desde Winnicott con su bipartición entre verdadero y falso self hasta J. McDougall (1982) que afirma que una “identidad cohesiva” es herida cuando “numerosos Yo contenidos en el Yo oficial de cada uno se escuchan uno al otro” revelando sus paradojas y contradicciones. También, Harold Searles (1986), a través de un estudio cuidadoso de la personalidad borderline, llega a afirmar que el sentido de la identidad del individuo sano está lejos de ser unitario. Según el analista americano, cuando más sana es una persona sana, más consciente es de las innumerables personas que la constituyen, cada una representa un aspecto de su sentimiento de identidad. 21 NDT: traducción libre.

[8] Numerosas cuestiones nos vienen a la mente, entre las cuales una es importante que debe ser atribuida al contexto. Es él, en efecto, que nos provee una primera información importante sobre la naturaleza y la cualidad de los vínculos existentes entre los individuos, vínculos que, a menudo, se manifiestan más bien por las actuaciones, los climas, los actos concretos que por las narraciones o los relatos.

Los psicoanalistas no están habituados a este concepto, utilizado durante años con éxito en las terapias sistémicas. Solo Modell lo menciona. Este concepto se refiere sin embargo al clima en el cual los vínculos están inmersos y que ellos contribuyen a crear. Este mismo clima influye sobre la puesta en marcha de procesos primitivos de funcionamiento.

[9] El tema de la transmisión transgeneracional ha permitido comprender varias patologías graves porque, para existir, supone la ausencia de un espacio transicional entre los miembros de la familia, espacio que permite la transformación de los contenidos. En la transmisión transgeneracional, lo que es transmitido no está transformado; no es entonces introyectado, sino más bien incorporado. En su origen mismo, según Green, es a partir de lo negativo, no solamente de aquello que fracasa o que falta en la metabolización psíquica, sino también de aquello que jamás ha tenido lugar, de aquello que nunca ha sido representado o que no es representable.

[10] NDT: traducción libre

Revista Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja

AIPPF

ISSN 2105-1038