REVISTA N° 03 | AÑO 2008 / 1

La violencia del decir y el no decir en el campo del psicoanálisis familiar

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ARTÍCULO

La violencia del decir y el no decir en el campo del psicoanálisis familiar

Irma Morosini *

El secreto es una forma de la violencia psíquica que ejercen, quienes saben y callan, sobre quienes no tienen acceso a la información. Esa información implica un saber acerca de sí, de partes de sí, como es cuando se trata de aspectos de la historia familiar. Freud1 lo señaló claramente al afirmar que ninguna generación puede ocultar a la siguiente las situaciones significativas que lo marcaron.

La información se transmite e imprime en el psiquismo en construcción.

La violencia del silencio se acompaña de los mecanismos de denegación que actúan como una defensa transpersonal2  que induce por transmisión, a la repetición de aquello que se oculta, y que reaparece en los procesos inconscientes que subyacen al vínculo del grupo familiar.

Pero también existe la violencia del decir, la violencia de enfrentar por la palabra la re-vivencia y sus consecuencias.

Es mi objetivo referirme a la violencia acerca del decir y el no decir en el campo de la consulta, cuando desde el inicio de la labor analítica, el paciente nos plantea que acepta la propuesta de trabajo familiar, siempre y cuando el terapeuta respete su decisión acerca de no hablar sobre una parte de su vida.  Habrá una zona intocable a la que no se aludirá.

El familiar que lo solicita alude a un pacto de silencio que data del tiempo de los hechos a los que –informa- no hará referencias; pero paradójicamente al informar al terapeuta de ello, también lo hace respecto a la existencia de sucesos que deben quedar excluidos de toda posibilidad de análisis.

Esta información incluye al terapeuta en el pacto por lo que éste queda comprometido con algo que desconoce en sus alcances.

Esta situación implica varias violencias:

  • La violencia de lo vivido : zona imposible de revisitar en el relato pero que persiste en la memoria requiriendo ser tachada en la palabra.
  • La violencia del significado: adquirido por implicancia en actos que parecieran haber alterado la imagen de sí. ¿Qué aspectos se han vulnerado de la persona?
  • La violencia del secreto a conservar, y
  • la violencia del pacto que impone como un preexistente entre el paciente (en este caso un miembro del grupo-familia) y el terapeuta, como una condición previa a la posibilidad de trabajo.

Cada una de ellas acarrea interrogantes:

  • ¿Cómo trabajar con un familia que enferma por el no decir y muestra por sus síntomas que repite lo callado y a su vez aceptar zonas de silencio como condición primera para acceder a la historización necesaria?
  • ¿Cómo advertir acerca de la repetición, actuada en el tiempo de cada generación, si esa repetición ancla en el proceso mismo del trabajo terapéutico al admitir la imposición de silencio?
  • ¿Cómo acceder a develar los fantasmas y mitos?, ¿no es acaso otra forma de pasaje al acto este pedido de pacto de silencio?.
  • ¿Cuál es el lugar que va a ocupar el terapeuta en el espacio psíquico del paciente?, ¿será un cómplice?, ¿un rehén que queda atrapado avalando con su silencio cierta solidaridad con algo que desconoce en sus alcances?
  • ¿Qué sentido cobrará en el proceso terapéutico ese pacto de silencio consensuado sólo desde una parte de la familia?, ¿será acaso lo que haga posible el vínculo?

Estos interrogantes abren cuestiones para reflexionar acerca de los sentidos y consecuencias del decir y del callar tanto en los pacientes como en el terapeuta, partiendo ambas de una situación común compartida: la violencia.

Ilustraré con un ejemplo clínico3:

María trae a su hija adolescente a la consulta por un dolor pertinaz en la articulación témporo – mandibular, el que no cede a pesar de la medicación, artrosis progresiva y pérdida de la densidad ósea (la hija no es la única afectada, otro hijo ha padecido un cáncer mandibular con cuatro operaciones y rechazo de implante óseo). Es derivada por tres especialistas: el médico clínico, el reumatólogo y el odontólogo.

En las entrevistas con la hija y de la confección del genograma familiar surgen datos que requieren la ampliación de la historia de familia comprobando que se repiten situaciones a lo largo del devenir de cuatro generaciones.

Cuando con el consenso de su hija cito a la familia para trabajar juntos, la madre pide una entrevista personal, en la que explica su acuerdo con el trabajo familiar (matrimonio y tres hijos) pero advierte que hay situaciones de su historia personal y la de su marido, que solo ellos conocen y de las cuales ambos han pactado que no han de hablar nunca. (Ambos pertenecieron a la juventud que militó durante la generación del 70 en la Argentina en grupos políticos de la izquierda revolucionaria).

María me avisa que existe un espacio-tiempo donde residen experiencias que no deben ser tocadas, que sus hijos ignoran y que ellos, sus padres han decidido desde antes que nacieran, que quedaran selladas como secreto. Forma parte de un pacto de lealtad conyugal.

Peligro, no cruce la frontera.

La propuesta envolvía al terapeuta en una situación con poco margen de elección: o aceptaba e intentaba trabajar con lo posible; o cancelaba allí toda posibilidad de movilización de aquello que actuaba en el cuerpo de la hija por carencia de proceso simbólico. (Ya había observado en otros casos de problemáticas psicosomáticas sin respuesta a la medicación, que el factor común era la transmisión transgeneracional de experiencias traumáticas, donde el paciente quedaba como rehén de una historia a la que no tenía acceso consciente).

La propuesta implicaba renunciar a un proceso simbólico para acceder a otro.

El objetivo terapéutico se centraba en comprender lo que emergía codificado en el cuerpo de la paciente designada, partiendo de la base de que al abrir ciertos secretos a la consciencia familiar, algo del orden de la repetición, aún con sus transformaciones, se podría revisar sin una alusión necesariamente directa a lo vedado. Por esto decidí respetar su voluntad de silencio mientras ella necesitara sostenerlo pero aclaré que tal vez en algún momento, al trabajar aspectos de la historia familiar, quisiera revisar en un encuadre de pareja esta zona – tiempo que hoy se planteaba vedada.

¿Acaso no sería ésta una repetición de otros vínculos afirmados por medio de pactos?

El proceso terapéutico familiar se cumplió a lo largo de tres años, surgiendo el develamiento de violentas situaciones traumáticas (desaparición y muerte de ancestros varones en la guerra civil española, exilio y violaciones de las mujeres sobrevivientes) transmitidas entre generaciones sin tramitación hasta llegar a la enfermedad física y al riesgo de vida como sucedió con uno de los hijos y que al momento de la consulta sucedía con la hija.

Los hijos de esta cuarta generación (que generan la consulta), pudieron acceder a la historia familiar por medio de las narraciones de sus padres, escuchar, preguntar, relacionar, comprender de qué se habían hecho cargo, y acomodar lo recibido por herencia, en lugares menos incómodos.

Al final del tercer año de trabajar en TFP se dio el alta a la familia. Los objetivos terapéuticos se habían cumplido positivamente y fue ese resultado el que me llevó a volver a pensar y a replantearme el inicio y sus circunstancias. ¿Qué hubiera pasado si en el contexto del trabajo familiar hubieran emergido las partes complejas de la historia a las que aludía la necesidad de los cónyuges de  comprometerme en un pacto de silencio solicitado como condición a priori de la posibilidad de trabajo terapéutico?

Me pregunté allí si era tan imperioso para mí ayudar a la hija, como lo era para la madre, aunque ella era quién ponía condiciones para trabajar a pesar de los cuadros orgánicos de sus hijos; pero ¿acaso esa necesidad de abordar un tratamiento no podría haber generado que ante la negativa del profesional a aceptar pactar silencio por hechos ignorados –al menos por parte del terapeuta- llevara a la madre a falsearlos?, y si esto fuera así, ¿no sería otra forma de  disimular el silencio mediante un camouflage elegido, pero con un indicador de intolerancia en el vínculo transferencial- contratransferencial?.

¿Puede haber “verdades” que no pueden ser dichas, “verdades” que enfrenten a la persona con aspectos de sí, inadmisibles para uno mismo?…

Rachel Rosenblum4, en su trabajo “Se puede morir de decir? Sarah Kofman, Primo Levi” escribe : “Se puede morir porque algunas cosas nunca hayan sido dichas, porque hayan sido ‘mal dichas’ o ‘mal escuchadas’ o ‘mal recibidas’… (pero)la escritura de sí puede también acercarse a las quemaduras de la infancia, desembocar sobre una exposición pública del odio sentido por otras víctimas, reavivar la vergüenza y la culpabilidad…”

Volviendo al caso clínico:

María me aclara acerca de que tiempo y circunstancias de su vida no va a hablar.

Entiendo que sostiene aún un compromiso, asumido en aquel espaciotiempo ante un grupo acerca de lo que será silencio hoy y siempre. Es la condición que el grupo le pide – a ella y a su novio – para entrar a formar parte, condición de pertenencia, práctica efectiva de una militancia.

No tendrá respaldo ya que ante situaciones comprometidas se desconocerán las partes, para que unas no arrastren con el compromiso a las otras. María no lo dice pero denota una búsqueda de pertenencia, pagada con compromiso en actos y silencios.

Pienso que esos actos exigidos los enfrentaron con aspectos repudiados o impensados de sí mismos. ¿Hasta qué punto la necesidad de pertenecer lo valía para ellos?. Surge así la idea de una mística. Pero acaso esa mística ¿era diferente entre ese grupo revolucionario y el oponente?. ¿No se trata acaso de una misma violencia? Creo que aquí hay un punto interesante para pensar.

La necesidad de ocultar hechos no proviene del orgullo por una convicción sino de la vergüenza y la culpa por la no diferencia con aquello a lo que combatían.

Relatarlo, admitirlo, los asemejaría con lo que habían detractado hasta entonces, por lo que ese decir sería una catástrofe evitada por el pacto de silencio sellando entre ellos una recíproca protección. Cualquier ruptura o filtración pondría en riesgo ese saber de sí que ninguno quiere reconocer.

En este sentido Maria me avisa que hay ‘algo’ oscuro que no puede ser tocado y entiendo que es terapéutico aceptarlo tal como ellos lo necesitan. Todo lo demás se abre…pero ellos saben que hay una parte que no genera orgullo ni satisfacción a la conciencia sino dolor, el dolor de sentirse parte de lo mismo contra lo que luchaban y una forma de repetición del trauma transgeneracional, jugándose en ellos ambas partes en litigio. Sobrevivían con ello.

Pero su mayor temor era que los hijos accedieran a ese espaciotiempo traumático de sus vidas.

Este punto se complicó al comprender en el trabajo terapéutico que la transmisión inconsciente igual hacía su labor.

La hija relataba en sesión familiar y dibujaba sus sueños y en ellos aparecían rejas, todos sus sueños estaban enrejados, ¿eran acaso las rejas de cuando su madre estuvo detenida y torturada?, ¿eran las rejas de alguna otra prisión clandestina donde ella no era precisamente la detenida?… El trabajo de retorno de afectos, encerraban violencias y duelos insoportables de decir y pensar, emergiendo en su contenido inconsciente en el proceso onírico de la hija. La hija soñaba lo que la madre y el padre callaban.

María también calla lo que padeció mientras estuvo presa pero recalca que no habló, como si quisiera destacar las virtudes del silencio. De ese silencio ahora puede hablarle a sus hijos como si éste fuera diferente del silencio no elegido.

El silencio del orgullo difiere del silencio de la vergüenza. Les cuenta a los hijos que por su silencio su marido –entonces novio- ‘pudo escapar a tiempo’. No hablar es no delatar. El silencio por el que ajusta un pacto es una no delación pero en este caso sobre sí misma y la pareja, ¿será esto la base que sostiene y encadena el vínculo?. Hablar sería dar testimonio del horror, pero como parte gestante de ese horror. Se trata de saber si se puede vivir con ello a partir de contarlo, a partir de que otros sepan lo que han sido capaces de hacer, de saberlo sus hijos.

¿Qué soledad arrastraba esta pareja y desde dónde venía esta soledad poblada de muertes, que precisaban una pertenencia manejada con los mismos códigos violentos de aquellos por los que habían padecido sus ancestros en la guerra civil española, los exilios, los lugares desconocidos que reiteraban la hostilidad?, ¿era acaso cuestión de estar en el bando de los más violentos como se accedía  finalmente  a un espacio de poder? y ¿qué se reivindicaba con ello?

Esa pertenencia a la militancia activa y violenta contribuyó a su identidad en un tramo de sus vidas, pero luego fue la parte que decidieron esconder de todos y hasta de ellos mismos. Estas situaciones se trabajaron a través de equivalentes en escenificaciones y juegos psicodramáticos, incluyendo en las representaciones el material onírico.

Este material revistió una riqueza de asociaciones por las que se pudieron plantear situaciones afectivas similares a aquellas de las que no se habló. Los sueños de la hija penetraron en la cripta de sus padres. Transcurrido un tiempo desde la realización de este proceso terapéutico quiero compartir la experiencia con ustedes y me pregunto:

  • Si el hecho de haber aceptado sostener ese silencio fue parte de la ayuda, desde lo tácito, a suavizar la propia mirada sobre sí mismos, restándole persecución interna.
  • Si el respetar un pacto de la alianza conyugal ¿no instituyó acaso al terapeuta como una figura de confianza que facilitó la apertura de otras compuertas, las que guardaban secretos ancestrales con probable similitud con las situaciones traumáticas vedadas?.
  • El hecho de que tanto terapeutas y padres hayan pertenecido al mismo contexto histórico de la generación joven de argentinos de los años 70 ¿no habrá facilitado la rápida comprensión de las circunstancias y por ello ofrecer un marco continente propicio, o por el contrario habrá funcionado como obstáculo para el abordaje de este tema?

Son preguntas para seguir pensando, si en ciertas circunstancias se debe respetar el silencio tanto como las palabras, ya que ambos son formas de decir acerca de algo sumamente difícil. Ambos son parte de la violencia y parte de su cura. A veces decir permite la vida y otras veces decir acerca a la muerte.

Lo interesante y complejo para nosotros, terapeutas, es saber diferenciar uno de otro.-


Bibliografía 

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Kaës, R. (1989): El pacto denegativo en los conjuntos transubjetivos.

En Missenard y col.: Lo Negativo. Figuras y modalidades.  AE.

Buenos Aires. 1991.

Losso, R.; Buceta, C.; Horvat, P.; Leive, S.; Morosini, I.; Packciarz, A.; Schapiro, O. (2008): Violencia de estado y violencia revolucionaria en la Argentina. Transmisión transgeneracional del trauma migratorio. Consecuencias en la clínica. (Presentación al 3º Congreso Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja. Barcelona. 2008).

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Nicolò, A. M. (1995): La Folie a deux: hipótesis – modelo de un funcionamiento Interpersonal. Revista “Psicoanálisis & Intersubjetividad” nº 1. (www.intersubjetividad.com.ar) Buenos Aires. 2007.

Rosemblum, R. (1998): Mourir de dire. Bulletin de la Societé Psychanalytique de Paris. Août. 1998.

Ruffiot, A. (1981): Le groupe – familla en analyse. L’ appareil psychique familial.en La thérapie familiale psychanalytique du couple. Dunod. Paris. 1984.


* Lic., Univ. Buenos Aires.

  1. Freud, S (1913): Totem y Tabú. En Obras Completas. XIII. Pp. 142 a 148. AE. Bs As. 1994.
  2. Nicolò, A. M. (1995): La Folie a deux: hipótesis – modelo de un funcionamiento     Revista      “Psicoanálisis      & Intersubjetividad” nº 1. (www.intersubjetividad.com.ar) Buenos Aires. 2007.
  3. Con este caso clínico abordo el tema de la transmisión transgeneracional traumática y los cuadros psicosomáticos en un trabajo de mi autoría “El cuerpo como escenario de la dramática transubjetiva” el que se retoma en el trabajo presentado en este Congreso por el Equipo de Investigación en Familia y Pareja de la A.P.A. que coordina el Dr. R. Losso y del que formo parte, trabajo que titulamos: “VIOLENCIA DE ESTADO Y VIOLENCIA REVOLUCIONARIA EN LA ARGENTINA. TRANSMISION TRANSGENERACIONAL DEL TRAUMA MIGRATORIO. CONSECUENCIAS EN LA CLÍNICA».
  4. Rosemblum, R. (1998): Mourir de dire. Bulletin de la Societé Psychanalytique de Paris. Août. 1998.

Revista Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja

AIPPF

ISSN 2105-1038