REVISTA N° 01 | AÑO 2007 / 1
ARTÍCULO
Familia de origen, pareja y vínculo psicótico
Félix Velasco Alva
Si bien podemos considerar a la familia en primer lugar como una respuesta a las necesidades básicas del ser humano, también puede ser la cuna de la locura o el origen per se de muchas y variadas expresiones de la psicopatología, que fueron documentadas por S. Freud, al mostrarnos sus historiales clínicos, que son por cierto el punto de partida de la metapsicología.
La familia nos puede proporcionar protección, crianza y nacimiento psicológico en los primeros años de la vida o bien realización y expansión reproductiva durante la madurez y por supuesto resguardo en la vejez. Pero por otro lado, puede detener el desarrollo psicológico, o funcionar como una cárcel que impida la independencia y crecimiento de sus miembros.
La familia es pues un espacio vital de intimidad donde las personas pretenden conjugar su identidad con su expresión afectiva (Leñero, 1994). La familia tiene al mismo tiempo una naturaleza dual de carácter social: En lo público representa una institución clave en cualquier organización social, en lo privado, entre otras, tiene las funciones de favorecer los vínculos afectivos y de perpetuar la especie.
En este último rubro, podemos concebir a la familia como una especie de gran archivo o Matriz intersubjetiva del nacimiento de la vida psíquica como la llama Kaës (1996) que ha acumulado a lo largo de la evolución, nada menos que la riqueza psicológica y social de la especie, con los elementos que tienden a su progreso, pero también a su retroceso, con las experiencias buenas y malas, con lo positivo pero también con lo siniestro, esta es pues la herencia o legado psicológico que se trasmite de generación a generación.
El papel de la herencia psicológica en la neurosis y sus mecanismos de trasmisión fueron grandes temas que inquietaron al creador de psicoanálisis, inicialmente en torno a la etiología de la histeria, la polémica con sus coetáneos y con Breuer sobre el origen del padecimiento fue ampliamente documentada en los primeros textos freudianos [ Freud ( 1893-1895)]
En especial el legado psicológico que se trasmite de padres a hijos fue motivo de estudio desde los trabajos pioneros de Freud sobre el tema, como en la última parte de Tótem y tabú (1913-1914 ) en donde señala la importancia de la trasmisión genética para el progreso y desarrollo de la humanidad y nos invita a conocer los medios y caminos de que se vale una generación para transferir a la que sigue sus estados písiquicos. (p.59), o en Psicología de las masas y análisis del yo (1920-1922) En donde aborda los temas de la sugestión, el contagio y la identificación en los grupos y en las masas y teoriza acerca del pasaje de un objeto individual a uno común para todos los miembros de un grupo.
Su propia genealogía familiar fue para él una incógnita y un determinante de muchas de sus conjeturas teóricas, puestas inicialmente en la repetición y la reedicción desde la niñez hasta la vida adulta de muchos patrones de conducta y de eventos traumáticos. De ello se desprende su interés por los ancestros y lo que específicamente se trasmite de generación a generación.
Otros autores más recientes han tomado la estafeta y le han dado peso a lo que se trasmite transgeneracionalmente como formas de comportamiento, creencias, valores, ideales, prohibiciones o mandatos, y como señala Kaës (1998) muchos síntomas actuales encuentran explicación cuando se exploran los elementos transgeneracionales que son silenciados, por ser vergonzosos o bien eventos misteriosos o incomprensibles, que son el material que es trasmitido sin ser explicitado y que se infiltra en el inconsciente.
Para Fustier y Aubertel (1998) esta herencia transgeneracional esta formada por elementos en bruto, no elaborados, trasmitidos tal cual, surgidos de una historia lacunar, marcada por vivencias traumáticas, por no-dichos, por duelos no hechos, que como no han sido elaborados, hacen irrupción en los herederos.
Carel (1998) cuando se hace las preguntas ¿Qué se trasmite? ¿En qué descansa la herencia? contesta: el afecto, la fantasía, el mito, las modalidades defensivas…. a decir verdad, toda la vida psíquica participa en el impulso de trasmitir. (…..) (p.83).
En otro párrafo de su trabajo sobre El après-coup generacional propone que una situación familiar traumática – una de cuyas formas típicas es la coincidencia temporal nacimiento-decenso, que genera la condensación representativa entre la vida y la muerte ( J. Guyotat, 1980) — desorganiza el sistema de valores: el desamparo es vivido como desorden del mundo ( p. 91).
Como podemos ver, orígenes familia y herencia están íntimamente ligados. En el uso común cuando nos referimos a la familia de origen, estamos haciendo alusión de alguna manera a la historia de un sujeto, a su identidad y a los factores hereditarios conductuales que se han venido trasmitiendo de generación en generación y que nos explican el comportamiento actual del mismo y su ubicación en el medio donde se va a desarrollar. Las cosas se hacen más complejas cuando con la lente metapisicológica nos introducimos en el campo de las motivaciones inconscientes y por supuesto cuando entramos al terreno de la psicología de dos, a la de la pareja como estructura fundante de la familia cuando nace un hijo, como menciona Eiguer (1998) Ahí es donde entramos al terreno del mundo objetal y las representaciones intrapsíquicas, sus origenes, su naturaleza y su cemento o ligazón libidinal, pero también ingresamos al campo de la trasmisión inconsciente, de lo no dicho, de lo que se trasmite subliminalmente, sin ser explicitado.
¿cómo se articulan y se ponen en juego los diferentes aspectos heredados en nuestra relación con el otro¿ ¿que es lo que se trasmite de generación en generación? ¿Qué papel juega la relación en pareja en la presentación de estos aspectos heredados?
Empecemos por la última pregunta y pensemos que la pareja humana es la columna vertebral de la familia, pero, es tal vez el más contradictorio de los vínculos humanos y
que oscila de la simbiosis a la autonomía, del amor al odio, de la cercanía al aburrimiento o del deseo al rechazo. Como sistema tiene un alto potencial de inestabilidad que rápidamente se puede dirigir a la desorganización o incluso al caos. Estrada (1990) apoya esta idea cuando señala que la pareja tiene una organización dinámica que constantemente sufre alteraciones, desmantelamientos y reestructuraciones que se repiten una y otra vez.
Pero también hay que reconocer que la pareja tiene una gran capacidad de adaptación y cambio, esta capacidad plástica en mi opinión, permite la formación de nuevos equilibrios objetales, en donde dos genealogías formadas por las representaciones transgeneracionales de los miembros de la pareja (Eiguer, p.27) se integran y constituyen un nuevo modelo o genealogía, que es lo que permite que la pareja sirva como una matriz, no sólo para el nacimiento de un niño, con todo lo que la herencia biológica determina, sino que también la pareja, funcione como una especie de nicho protector flexible para que se puedan manifestar todos los introyectos o objetos transgeneracionales como los define Eiguer (1998).
De esta forma podemos explicar los diferentes ajustes que va a realizar una pareja en el transcurso de todo su ciclo vital y que determinan entre otras cosas que puedan adaptarse a la llegada de los nuevos descendientes que representan rupturas de equlibrios narcisistas ( Carel, p.83).
Kaës (1996) señala al respecto que lo que se trasmite de un espacio psíquico al otro son esencialmente configuraciones, fantasías, es decir : objetos provisto de sus enlaces y que incluyen sistemas de relaciones de objetos. – objetos marcados por lo negativo-.: culpa, enfermedad, vergüenza, lo reprimido etc.
Según Scharff y Scharff (1998) la relación de pareja descansa no solamente en la compatibilidad consciente de ideales culturales, personales y sexuales, sino también en la complementaridad de partes reprimidas de cada personalidad, en donde la comunicación inconsciente determina la calidad de la intimidad de la pareja y la capacidad para sostener la cercanía emocional y sexual a lo largo del tiempo en el matrimonio o en las relaciones equivalentes de largo plazo. Para que el vínculo perdure es necesario que los dos integrantes encuentren ventajas psicológicas en la relación, mismas que tienen que ver con la satisfacción de la mayor parte de los deseos inconscientes y con el reforzamiento mutuo del yo y de la autoestima (Lemaire, p.57)
El retorno de lo reprimido, una vez que se ha roto la idealización, es otro factor de primera línea, no sólo en la integración o ruptura del vínculo de la pareja, sino que lo reprimido también contiene muchos aspectos psicológicos que precisamente son heredados y son la expresión de eventos traumáticos no elaborados de generaciones anteriores.
En la viñeta que a continuación presento se ilustran los efectos psicopatológicos de la trasmisión transgeneracional de las representaciones psíquicas a través del vínculo de pareja en donde emerge tanto la compulsión a la repetición, el retorno de lo reprimido y en donde podemos apreciar la formación de un vínculo psicótico en el transcurso de cuatro generaciones.
Viñeta
Hace algunos años recibí a una pareja que había sido enviada por un colega psiquiatra.
Jorge de 75 años de edad y María de 55 años que recién había dejado el hospital pues en un ataque de celos había lesionado a su esposo con un cuchillo en la espalda, habiendo perforado sólo los músculos cercanos al omóplato. En las primeras entrevistas, ella aseguraba que su esposo salía por las noches para tener relaciones sexuales con diferentes mujeres. Para evitar esto, había instalado un complicado sistema de alarmas en toda la casa y tenía los botones del control en el cajón de su mesa de noche. Como una rutina diaria, todas las noches a las 10.00 hrs. cerraba personalmente toda la casa y vigilaba que sus dos jóvenes hijas y su marido estuvieran ya en sus respectivas habitaciones. A pesar de ello, varias cosas le hacían pensar que su esposo se escapaba en las noches: si traía los labios mojados, eso le indicaba que había tenido sexo oral con alguien, lo mismo si se mostraba cansado o si traía determinados colores en la corbata.
Esto ocurría a pesar de que trabajaban juntos y prácticamente no se separaban todo el día. En los últimos años por estos sentimientos de celotipia se habían aislado socialmente y difícilmente salían de casa, a sus dos hijas también les habían limitado las salidas, salvo para asuntos indispensables (escuela, trabajo, etc).
En las entrevistas iniciales llamó mi atención el tipo de vínculo que tenían, pues el se comportaba como una víctima y de manera poco enfática negaba las acusaciones de múltiples relaciones extraconyugales que ella le hacía. Por ese tiempo compartían su preocupación porque las hijas de 24 y 28 años no tenían relaciones formales de pareja.
Jorge comentó que se había divorciado después de un juicio complicado que determinó que no volviera a ve a sus dos primeros hijos. Sus padres habían muerto en la guerra civil española y el había escapado con un tío después de haber sido testigo del fusilamiento del padre, cuando apenas contaba con 8 años de edad, la culpa y los remordimientos por no haber ayudado al padre lo acompañaron en silencio y fue un tema del que nunca más habló, cuando finalmente llegó a México se propuso “iniciar una nueva vida”, ocultando incluso su origen hispano.
María también había estado casada y después de que inició sus relaciones con Jorge hicieron un pacto no hablado en donde como el no podía ver a sus hijos, ella paulatinamente fue dejando también de frecuentar a sus parientes. Con el tiempo también dejo de ver a sus amistades y prácticamente vivían aislados y trataban de que sus hijas también no salieran.
María relató que su abuela Julia había sido abandonada por su esposo al irse a vivir con su secretaria a otro país lo que le fue ocultado a su madre Juana que tenía 7 años, con la versión de que había muerto, hasta que se enteró de la verdad a los 23 años por una prima.
Su madre se caso con un hombre alcohólico y violento del que se separo después de un largo periodo de discusiones y de separaciones, María y otra hermana menor se quedaron a vivir con su madre, iniciando una demanda de divorcio que duró 10 años pues tenían varias propiedades, que finalmente perdieron. Durante mucho tiempo ella y su hermana oían a la madre quejarse de su padre y de todos los hombres a quienes veía como “seres traicioneros e interesados”.
No volví a saber de ellos hasta que dos años después María me llamó para pedirme que si podría ver a Guadalupe su hija mejor de 26 años quien había interrumpido su Maestría en el extranjero por la ruptura amorosa con Juan quien ingería bebidas alcohólicas de manera excesiva y la había amenazado con golpearla. La relación también se había caracterizado por celos, discusiones, infidelidades de él y por rupturas y reconciliaciones.
Cuando entreviste a Guadalupe me llamó la atención las similitudes de las historias de sus ancestros, pesé en los patrones relacionales que venían desde su bisabuela en torno a la elección de pareja con hombres abandonadores, alcohólicos y violentos como el caso de su abuela Juana.
Un evento traumático inicial se puede identificar en Julia el primer eslabón de los ancestros de María, cuando su esposo la deja por otra mujer, evento no elaborado y que se ocultó mediante la mentira acerca de que había muerto, lo cual se va a trasmitir a su descendencia, de esta forma Juana, la madre de María, al ser adulta elige también un hombre abandonador y perpetua la fantasía inconciente de que los hombres son traicioneros y huyen. La elección de pareja con ese perfil se efectúa mediante la identificación proyectiva como si se buscaran precisamente este tipo de identificaciones objetales, obedeciendo al mandato de la herencia.
En María se observa la expresión más clara del conflicto, manifestado ahora como gran desconfianza de los hombres y temor de que su marido Jorge la engañe y huya por lo que hay que llenar la casa de alarmas y avisos. Si su madre Juana también fue abandonada, el evento se repetirá y repetirá como un destino implacable ante lo que María responde tornándose psicótica y en forma delirante previene precisamente los temores de su propia abuela que fue abandonada. La desconfianza paranoide cobra fuerza en las distintas generaciones, como si se hubiera acumulado y alimentado en cada una de ellas, trasmitiéndose de forma sutil y callada, sin ningún proceso de elaboración.
Jorge por otro lado, vive una gran culpa, por haber matado simbólicamente al padre, al abandonarlo al ser fusilado, de esta forma “acepta” este castigo que María le impone al aislarlo y tenerlo recluido.
Las necesidades complementarias de ambos forman el vínculo psicótico: en ella la obligatoriedad de vigilar e impedir que los hombres huyan y traicionen y en él, pagar un merecido castigo por permitir que el padre fuera fusilado, actuando su propia fantasía inconsciente de matarlo.
Guadalupe la menor de la generación, parece también obedecer a su genética psicológica al elegir una pareja que también sigue el patrón de los hombres que las mujeres han elegido: alcohólicos y abandonadores.
De esta forma y en varias generaciones se forma el vínculo psicótico que funciona por un lado como un gran elemento negador de la realidad de la herencia que dice que los hombres finalmente se van, pero que además mantiene un equilibrio de las estructuras inconscientes de ambos. Para él, María es un objeto que representa sus propios impulsos superyoícos proyectados, para ella Jorge es el depositario de la carga genética sumada de los ancestros femeninos y mediante la identificación proyectiva le asigna el rol que el legado familiar ha venido otorgando a los hombres. En este intercambio de proyecciones e identificaciones proyectivas es como la pareja se mantiene en una especie de pacto inconsciente que no sólo le da equilibrio a sus demandas intrapsíquicas, sino que también constituye un eslabón más de la cadena transgeneracional.
Como podemos observar en el ejemplo clínico una especie de deuda heredada se va a trasmitir en varias generaciones, un abandono no elaborado, no hablado y oculto que se nutre en las siguientes generaciones, teniendo sólo algunas expresiones en relación a la elección de la pareja, pero que va hacer su aparición en la tercera generación cuando precisamente las condiciones del “otro”, del miembro de la pareja receptiva sean apropiadas para que se cobre la deuda, ahora de forma exagerada e intensa.
Vínculo contradictorio que mantiene la permanencia y la fuerza de esta unión. ya que Jorge se queja de que María lo tiene atrapado y vigilado, pero por otro lado, al sentir inconscientemente que merece un castigo, deberá estar encarcelado y pagando por haber abandonado a su padre, dos situaciones contradictorias que provocan una especie de trampa de la que no se puede escapar.
Desafortunadamente, ni la pareja ni su hija Guadalupe estuvieron más tiempo en tratamiento. La pareja acudió aproximadamente por espacio de cuatro meses y las sesiones se caracterizaban por las acusaciones sistemáticas de María y por una pobre defensa de Jorge, quien asumía con resignación las confrontaciones de su esposa. Por momentos tenía yo la impresión de que sólo representaban ante mí una continua escenificación de su conflicto, pero que en realidad no me dejaban penetrar, ni tampoco parecían en el fondo muy dispuestos a cambiar los roles y simplemente exhibían su actuación.
Guadalupe a quien referí con otro colega, tampoco permaneció mucho tiempo.
Podemos concluir que la fuerza de la herencia psicológica en tanto patrones relacionales, originados en eventos traumáticos y no elaborados permanece latente o enqusitado en varias generaciones y se manifiesta cuando se esta formando una pareja y aparece el retorno de lo reprimido, vínculo que ofrece el terreno para que emerjan las representaciones objetales.
El otro elemento importante para la expresión del trauma transgeneracional es precisamente la propia psicopatología del otro miembro de la pareja, que en el caso presentado es una excelente receptor intersubjetivo para que se manifieste la descarga de los introyectos objetales, que dirían en una parte: los hombres abandonan y por eso hay que vigilarlos, esta representación de objeto embona como una llave en la cerradura en Jorge, que se identifica con ese rol y él a su vez le coloca a María el papel de un objeto sádico que le cobrará la vieja deuda del castigo.
Finalmente quiero enfatizar que la relación de pareja es un sistema colusivo altamente gratificante. A pesar de sus contradicciones y de su inestabilidad en tanto un sistema que implica un constante intercambio de necesidades objetales, es la estructura más poderosa para la trasmisión transgeneracional.
Bibliografía:
Carel, A. (1998) El aprés-coup generacional. Lo generacional. Abordaje en terapia familiar psicoanalítica. Buenos Aires. Amorrortu editores. p. 83-122
__________, Ibid p.83
Eiguer, A. (1998 ) La parte maldita de la herencia. Lo generacional. Abordaje en terapia familiar psicoanalítica. Buenos Aires. Amorrortu editores. p.25-78
__________, Ibid. p.27
__________Ibid. p. 28
__________Ibid. p. 29
Estrada, L. (1990) “La pareja”. Para entender el amor, psicoanálisis de los amantes. México: Grijalbo. pp. 35-98
Freud, S. (1895) Historiales clínicos (Breur y Freud). Sigmund Freud. Obras Completas. II. Argentina: Amorrortu
__________ Tótem y tabú (1913-1914) Sigmund Freud. Obras Completas. XIII. Argentina: Amorrortu.
___________ Psicología de las masas y análisis del yo (1920-1922 ) Sigmund Freud. Obras Completas. XVIII. Argentina: Amorrortu.
Fustier, F.; Aubertel, F. (1998) La trasmisión psíquica familiar en suspenso. Lo generacional. Abordaje en terapia familiar psicoanalítica. Buenos Aires. Amorrortu editores. p. 123-168
Kaës, R (1998) Introducción. Dispositivos psicoanalíticos y emergencias de lo generacional. Lo generacional. Abordaje en terapia familiar psicoanalítica, Eiguer y cols. Buenos Aires: Amorrortu. Pp. 1123
Kaës (1996) Introducción al concepto de trasmisión psíquica en el pensamiento de Freud. Trasmisión de la vida psíquica entre generaciones. Buenos Aires. Amorrortu editores. p. 31-74 Lemaire, J. (1990) Datos psicoanalíticos iniciales. La pareja humana: su vida, su muerte, su estructura México. Fondo de cultura económica p.57
Leñero, L. (1994) Ensayo introductoria sobre el cambio de la vida familiar en México 1994. Las familias en la ciudad de México México : IMES. Pp. 15-48
Scharff,D; Scharff, J. (1994) An object relations aproach to intimacy and sexuality. Object relations couple therapy. New Jersey :Jason Aronson. Pp. 3-21.
- Psicoanalista titular y didáctico de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. ( México), Psicoterapeuta familiar y de la pareja del Instituto de la Familia A.C.

