REVISTA N° 02 | AÑO 2007 / 2
ARTÍCULO
El proceso psicoanalítico en parejas y familias
Dr. Ezequiel A. Jaroslavsky *
Proceso del latín processus que tiene entre otros significados 1. Acción de ir hacia adelante, 2. Transcurso del tiempo. (Diccionario de la lengua española 2008). Como vemos implica un desarrollo progresivo en el transcurso del tiempo.
¿Pero, de qué proceso se trata un tratamiento psicoanalítico tanto individual como vincular (familiar, pareja o grupo)?
Primero recorreré brevemente algunas concepciones teorico técnicas que se han concebido en el ámbito del tratamiento psicoanalítico individual, como importante punto de partida, para luego dedicarme a la especificidad del proceso psicoanalítico vincular: familiar y de pareja.
Ante todo me parece que conviene diferenciar el proceso psicoanalítico de la situación analítica
La situación analítica
Según el diccionario de la Real Academia Española “situación” quiere decir acción y efecto de situar y “situar”, del latín situs, es poner a una persona o cosa en determinado sitio o lugar. Por lo tanto podemos decir que el Psicoanálisis tiene un sitio o un lugar donde se desarrolla.
Según Etchegoyen H. R. (1986a) La diferencia entre situación analítica y proceso es que la situación tiene una referencia espacial y el proceso incluye necesariamente el tiempo.
Podríamos también decir que la situación analítica es el conjunto de transacciones entre analizado y analista en función de los roles que cada uno cumple y de la tarea que los reúne; por lo tanto la situación analítica es un campo. Según Willy y M. Baranger (1969) refiriéndose a la cura individual consideran que ésta se constituye en un campo dinámico, que también es de observación, y que debe ser explicado por aquello que lo configura, o sea una fantasía inconsciente en la cual participan ambos integrantes. Posteriormente los Baranger (1969, pág 172) plantean que “la situación analítica es simbiótica por esencia,… porque reproduce situaciones regresivas de dependencia simbiótica del niño con sus padres”.
Podríamos decir que la situación analítica es sincrónica y que el proceso psicoanalítico es diacrónico (discurre en el tiempo)
Encuadre y Simbiosis
José Bleger (1967) plantea que el proceso psicoanalítico requiere de un no proceso para poder realizarse y esta parte que es fija o estable constituye el encuadre o setting.
O sea el encuadre es el conjunto de constantes o variables predominantemente fijas; es un marco dentro del cual se desarrolla el proceso psicoanalítico que incluye la transferencia y la contratransferencia. Para Bleger son las ansiedades psicóticas (podríamos decir los aspectos más arcaicos del psiquismo), o sea los aspectos simbióticos (mudos) que se depositan en el encuadre. Cabe agregar que para este autor los aspectos simbióticos (arcaicos) de los integrantes no se depositan solamente en el encuadre de la cura individual sino también en los encuadres institucionales (podríamos incluir las familias, las parejas estables y los grupos institucionales).
Este desarrollo de Bleger es coherente con la teoría del desarrollo psíquico que él sustenta. Al comienzo hay una unidad sincicial (conjunto de yo y de no-yo) formado por la díada madre-hijo y el Yo se va formando a partir de esta díada mediante un proceso de diferenciación o de discriminación del no yo que es un continente para este yo en proceso de discriminación. Esta parte no yo del sujeto se transfiere en forma muda al encuadre y en el encuadre se repite la simbiosis madre/bebé.
Desarrollos similares previos se produjeron con el aporte de un psicoanalista de origen húngaro Imra Herman, en la década de 1940, cuando plantea que al comienzo de la vida psíquica hay una unidad que denomina unidad dual a partir de la cual el sujeto se va diferenciando sin perder este aspecto indiscriminado dentro de sí mismo en el curso de su evolución psíquica. Producido el nacimiento biológico, aparece esa formación, esa figura tan particular que I. Herman (1940) describiera como la unidad-dual. Se produce una unión del hijo con la madre que genera un primer vínculo, un protovínculo.(concomitantemente una representación del mismo).
Marcos Bernard plantea, a partir de los desarrollos de (Herman I y Bleger J), que “la primera representación en el aparato psíquico es la de un vínculo” (Bernard M. 2001 pág. 7).Tomando en cuenta que Sigmund Freud (1898) en el Proyecto de Psicología para neurólogos considera que la alucinación optativa del pecho es la unión de un objeto parcial, los labios y la boca del niño, con el pezón de la madre. Allí se constituye un protovínculo. La alucinación optativa del pecho es entonces, la primera representación de un vínculo (madre/bebé).
Recientemente Bernard Duez (2008) hace una interesante propuesta, para él, el encuadre (en los vínculos sociales y también en los terapéuticos) es el proceso a través del cual insertamos el trabajo de la pulsión de muerte. “El encuadre utiliza la tendencia hacia la inmovilidad inherente a la pulsión de muerte para forjar su constancia. Usa el modo de trabajo de la pulsión de muerte, esencialmente la compulsión de repetición, para mantener un inmovilismo suficiente, que nos permite constituir un encuadre como marco imaginario para nuestra seguridad psíquica”.
Para Duez los hábitos o nuestras costumbres aseguran una estabilidad, una inmovilidad a la psique, para no ser desestabilizada por los movimientos pulsionales y por los cambios de la realidad.
Por otra parte Berenstein I y Puget J (1988, pág 17-18) plantean que el encuadre en los vínculos es la cotidianeidad: ésta es el tipo de estabilidad basado en una unidad temporal y espacial caracterizada por los intercambios diarios… “la cotidianeidad es un organizador de los ritmos de encuentros y no encuentros de la pareja. La cotidianeidad activa modalidades primarias de relación, basadas en acciones estables tales como ritmos, forma y modalidad de la comida, del orden, de la limpieza”.
La contratransferencia
Sigmund Freud en su artículo Las perspectivas futuras de la terapia analítica (1910a) menciona por primera vez el término contratransferencia: “Otras innovaciones de la técnica atañen a la persona del propio médico. Nos hemos visto llevados a prestar atención a la “contratrasferencia” que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no estamos lejos de exigirle que la discierna dentro de sí y la domine”, (el subrayado es mío). Como vemos en esta cita, define a la contratransferencia como consecuencia de la influencia del paciente sobre la actividad inconsciente del analista y que éste la debe reconocer y dominar (su actividad inconsciente), y es por esta razón que Freud recomienda en este artículo el autoanálisis del analista (aunque posteriormente piensa que el analista debe efectuar dicho análisis con otra persona o sea el análisis didáctico), para discernir y dominar la contratransferencia.
Por otra parte S. Freud en (1912, pág 111-9) escribe que el analista “debe volver hacia el inconsciente emisor del enfermo su propio inconsciente, como órgano receptor”. Con lo cual podrá estar en contacto con aspectos de la vida inconsciente del paciente. Sin embargo no dio el paso que sí había dado anteriormente con la transferencia, donde primero la conceptualizó como resistencia y posteriormente como un instrumento importante para conocer los aspectos inconscientes infantiles del paciente, reactualizados por medio de esa transferencia sobre la figura del analista.
Bastante tiempo después Paula. Heiman (1950-1960) y Heinrich Racker (1953-1960) simultáneamente y de una manera similar sin tener conocimiento uno del otro, ambos desarrollan la idea de que la contratransferncia es un instrumento útil en el tratamiento psicoanalítico, para ayudar a la comprensión de los significados escondidos en el material traído por el paciente. La contratransferencia seria un instrumento sensible, que puede ser muy útil para el desarrollo del proceso analítico.
Podríamos decir según Racker (1960) que la contratransferencia opera como obstáculo por el peligro de escotomas, como instrumento para detectar lo que puede estar pasando en el paciente y como campo en el cual el analizado puede adquirir una experiencia viva y distinta de la que tuvo originariamente. Asimismo piensa que las ocurrencias contratransferenciales son el resultado de un momento de enlace de los dos inconscientes, de una simbiosis psicológica entre el paciente y el analista. Podríamos decir que ambos están implicados en el campo analítico creado por los dos, existiendo una fantasía inconsciente común que estructura dicho campo y por ende la contratransferencia, como lo desarrolló Willy y Madeleine Baranger (1961-62).
Las ocurrencias libres (Racker 1958) que aparecen en la situación analítica serían entonces un instrumento técnico muy eficaz para la comprensión de la situación y del proceso analíticos, y en ciertos tipos de silencio pueden permitir la comprensión de lo silenciado y al interpretarlos pueden emerger materiales inéditos y asociaciones que destraban el proceso psicoanalítico.
Por otra parte D. W. Winnicott (pág. 198) plantea que “hay mucho que decir acerca del uso que el analista puede hacer de sus propias reacciones, conscientes e inconscientes, ante el impacto del paciente psicótico, o de la parte psicótica del mismo, sobre su ser (el del analista), así como acerca del efecto que esto tiene sobre la actitud profesional del analista”. Promoviendo su utilización para la comprensión, comunicación e interpretación del paciente.
Para Bollas(1987), si el analista está bien analizado y confía en su propio funcionamiento y captación del objeto es posible que tenga la aptitud para producir en él una regresión contratransferencial generativa, siendo de esta manera receptivo a variados grados de locura en él mismo en los casos de los pacientes severamente perturbados. (ob.cit. pág 246). Para este autor gran parte del trabajo de la contratransferencia consiste en trasladar a imágenes y lenguaje la experiencia de ser el objeto del analizando, y a través de este trabajo poder dar a conocer al paciente aquello de lo sabido pero no pensado por éste.
André Green (1990a) al referirse a los casos fronterizos plantea que en éstos la defensa predominante es la escisión, y además que las pulsiones parciales (unidas a objetos parciales) ponen al yo bajo la amenaza de la fragmentación y propone que es necesaria “una narcisización previa del yo con miras a establecer una relación de objeto” (1990a pág 151) (el subrayado es mío). Esta narcisización del Yo requiere una operación de ligazón con intervenciones que liguen los jirones del discurso del paciente, pues la dificultad principal es el déficit de simbolización, proponiendo un primer tiempo que es religar los aspectos preconscientes conscientes y luego utilizar estas ligazones para religarlas con el inconsciente escindido, agregando que este trabajo en superficie, al ras de las asociaciones, tiene por objeto constituir un preconsciente (1990a, pág 151) (el subrayado es mío).
Vemos en consecuencia la importancia de la utilización de la contratransferencia (Jaroslavsky E. A. 2007), para comprender lo ineluctable, que se despliega en el proceso psicoanalítico individual y también veremos que es un instrumento útil, eficaz e imprescindible para poder ser utilizada en el trabajo psicoanalítico en los dispositivos vinculares.
El proceso psicoanalítico
El proceso se define en función del tiempo, o sea lo que sucede en el tratamiento psicoanalítico se da en función del tiempo. Según Klimovsky G. (1982, pág 492), el proceso es una “sucesión de eventos con sus conexiones causales más las acciones que el terapeuta va imprimiendo en ciertos momentos para que la secuencia sea esa y no otra”.
Por lo tanto el proceso terapéutico provoca cambios y se propician estos cambios con las interpretaciones del analista… “el proceso psicoanalítico es un devenir temporal de sucesos que se encadenan y tienden a un estado final con la intervención del analista” (Etchegoyen H. 1986b, pág 495).
Cabe remarcar que en el proceso terapéutico emergen regresiones determinadas por la enfermedad del paciente que son facilitadas también por el dispositivo terapéutico.
Para Sigmund Freud lo importante es el incremento del conocimiento de sí mismo por parte del paciente, aunque teorizó de diferentes maneras este conocimiento. En los comienzos de su obra dicho conocimiento era el acceso al recuerdo reprimido, en el ámbito de la primera tópica en la cual Freud postula que “hacer conciente lo inconsciente”, o sea favorecer el pasaje del Inconsciente al Preconsciente lo que implica un trabajo psíquico por parte del sujeto. (Freud S. 1904).
Posteriormente menciona que el tratamiento psicoanalítico consiste en: “donde estaba el Ello debe estar el Yo”, lo cual presupone un cambio o pasaje de los procesos primarios a los procesos secundarios propios del Yo con su respectiva puesta en palabra, o sea la verbalización.
Todas estas propuestas freudianas apuntan al conocimiento de sí mismo y pueden ser incluidas dentro del concepto de origen inglés de insight.
Insight es un término que significa conocimiento nuevo y penetrante, una visión hacia adentro de las cosas y más allá de la superficie de las mismas. (Etchegoyen, ob. citada pag. 612).
Podríamos decir que el insight es el proceso a través del cual alcanzamos una visión diferente e inédita de nosotros mismos, por lo tanto no es un conocimiento cualquiera. El insight implica verbalización y es correlativo de procesos de simbolización (Etchegoyen, ob. cit., pág 643), utilizando los procesos secundarios. Para Lacan (1966) es el acceso al orden simbólico.
Si bien me he detenido en describir ciertas características del proceso psicoanalítico, del encuadre, de la situación analítica y del insight desde la perspectiva de la cura individual, considero que es necesario para a partir de estas conceptualizaciones provenientes del tratamiento de la cura individual, podamos reflexionar y pensar en el devenir del proceso terapéutico en el psicoanálisis vincular: familiar y de pareja. Aunque es de subrayar que la cura individual y el psicoanálisis vincular son dispositivos metodológicamente diferentes que muestran diferentes aspectos del psiquismo de sus integrantes y del conjunto así establecido.
La terapia vincular psicoanalítica de pareja y familia
Las familias y las parejas consultan habitualmente por una crisis en su vida familiar y en consecuencia por el intenso sufrimiento psíquico que las invade. Este sufrimiento puede ser atribuido a diversas circunstancias: la enfermedad psíquica o somática de uno de sus miembros, duelos recientes que no pueden ser elaborados, circunstancias traumáticas familiares como separaciones o migraciones forzadas, dificultades laborales, nacimiento de un hijo, etc.
Los acontecimientos que ocurren en la vida familiar y de pareja producen cierta “efracción” en los dispositivos de para-excitación vincular, perturbando el equilibrio preexistente (Aubertel 1997, pág.). La producción de un traumatismo en el conjunto familiar o de pareja va a depender por un lado del acontecimiento mismo; pero también de la forma en que la familia o la pareja viven y procesan dichas circunstancias traumáticas. Por lo tanto es importante destacar que la elaboración de estos acontecimientos depende de la posibilidad de contención del aparato psíquico vincular (de familia y pareja). Lo que es traumático para un conjunto vincular no lo va a ser para otro.
El Aparato Psíquico Vincular
En los vínculos, por efecto del encuentro entre los sujetos, se produce cierta combinatoria de los psiquismos individuales, que podremos denominar acoplamiento de las psiques conformando una psique de grupo, un Aparato Psíquico Grupal (Kaës, 1999), y que Bernard (1999) propone denominarlo Aparato Psíquico Vincular para remarcar que se produce esta combinatoria de las psiques en todo vínculo intersubjetivo.
Los acoplamientos psíquicos son organizados inconscientemente por los grupos internos intrapsíquicos de cada sujeto del vínculo (fantasías originarias, imagos, complejos etc.). Este aparato psíquico vincular produce un trabajo de ligazón y de transformación psíquica en sus miembros.
El Aparato Psíquico Grupal fue desarrollado por René Kaës (1999) como un modelo de transformación psíquica, diferente al aparato psíquico individual, que cumple un trabajo psíquico particular “producir y tratar la realidad psíquica de y en el grupo. Es un dispositivo de ligazón y transformación de los elementos psíquicos y sólo funciona por los aportes de sus sujetos”. (Kaës R. 2000, pag. 74) Consiste en integrar en el psiquismo, excitaciones potencialmente traumáticas, ligándolas y estableciendo conexiones asociativas. Por lo tanto genera procesos de transformación del material psíquico.
El Aparato Psíquico Vincular tiene dos polaridades o predominios:
1. el Isomórfico en el cual prevalecen los procesos primarios: desplazamiento, condensación, difracción, mecanismos de identificación proyectiva e introyectiva, proyección y las identificaciones adhesivas.
Tiene como característica la prevalencia de lo indiscriminado, la identidad de percepción, la puesta en acto, la atemporalidad, y en el cual la puesta en escena de las fantasías adquiere prevalencia y los sujetos del vínculo no están subjetivados; y
2. el Homomórfico donde prevalece la diferenciación de los psiquismos (la alteridad), los procesos del pensamiento (identidad de pensamiento), y adquieren importancia el lenguaje verbal, lo simbólico, emergiendo la temporalidad, el relato y los procesos de historización.
José Bleger (1970) destacó la existencia en cada sujeto de formaciones que no están integradas al psiquismo individual, que se depositan en todo vínculo (en la cotidianeidad del mismo), como así también en los encuadres de los dispositivos de la cura individual y vinculares. Son restos de vínculos simbióticos (con la madre principalmente) correspondientes al núcleo glischo-cárico.
Estas formaciones que son parte de la identidad de cada individuo deben permanecer escindidas o clivadas y por ende mudas para permitir la estabilidad del Yo de cada sujeto del vínculo. El origen de estas formaciones es grupal, entendiendo también como grupal el primer vínculo constitutivo del sujeto, que es el vínculo con su madre. Estas formaciones son anteriores a los procesos de individuación y sostienen la estabilidad del psiquismo.
Es de consignar que como consecuencia de ciertos acontecimientos que pueden ser traumáticos, dejan de estar mudas y clivadas estás formaciones primitivas simbióticas, desestabilizando a los yoes de los sujetos participantes de los vínculos familiares y de pareja.
El Aparato Psíquico Familiar y de Pareja
André Ruffiot (1981) basado en las investigaciones de Rene Kaës del Aparato psíquico grupal, propuso la hipótesis de un aparato psíquico familiar que preexiste a la organización del aparato psíquico individual. En el caso de los funcionamientos neuróticos estas formaciones grupales (de características más indiscriminadas) están suficientemente clivadas y mudas; en cambio en los funcionamientos psicóticos, fronterizos y psicosomáticos lo que predomina es una insuficiencia de las estructuras contenedoras del yo y por ende emerge lo indiscriminado (anteriormente escindido del Yo), produciendo desubjetivación.
Por lo tanto la terapia familiar y también la terapia de pareja va a estar destinada a tratar el tejido grupal que precede y es condición de los procesos de individuación y de subjetivación psíquica, en los casos en que han perdido su función continente y por lo tanto permitir el tratamiento en el encuadre familiar de este aparato psíquico familiar o tejido grupal que sirve de sostén y apuntalamiento a los sujetos del vínculo.
El aparato psíquico familiar es un acoplamiento psíquico compartido por los miembros de una familia (Aubertel 1997) que permite apuntalar y sostener al psiquismo de sus integrantes y también de los que nacen en dicha familiar.
El aparato psíquico familiar tiene como funciones (Aubertel F., 1997), como así también el aparato psíquico vincular, de continente, ligazón, transmisión (transubjetiva e intersubjetiva) y de transformación de los contenidos psíquicos en la medida que les puede dar un sentido. Una de las funciones principales del aparato vincular es contener las angustias arcaicas.
Cuando en el Aparato psíquico familiar y de pareja predominan los funcionamientos Homomórfico se desarrollarán los procesos secundarios o sea los procesos de pensamiento (de identidad de pensamiento), que posibilitan la puesta en palabras, la temporalidad y la historización, permitiendo los procesos de elaboración psíquica y la puesta en sentido de los acontecimientos vividos traumaticamente.
Las Alianzas Inconscientes
Cada vínculo presenta además del Aparato Psíquico Vincular: grupal, de familia, de pareja e institucional (que tiene características comunes a todos los vínculos) sus Alianzas Inconscientes (Kaës R.1995, pág.326-330) que son propias, formadas y creadas en cada vínculo. Dichas Alianzas Inconscientes son los Contratos Narcisistas y los Pactos Denegativos (en sus diferentes modalidades).
Cuando existen en las familias y las parejas Pactos Narcisistas y Pactos denegativos (con predominancia de los mecanismos de renegación y forclusión) tenemos funcionamientos patológicos de dichos vínculos familiares.
La terapia familiar y de pareja permite en el neogrupo creado con la inclusión de los terapeutas, que se puedan deshacer y modificar estos pactos narcisistas patológicos y los pactos renegativos que los sustentan para restaurar el funcionamiento adecuado de dichas Alianzas Inconscientes.
Por ejemplo el Contrato Narcisista (Aulagnier P. 1975, pág. 164) requiere del Pacto Denegativo, o sea de ciertos mecanismos de defensa como la denegación que permite sostener dicho contrato para establecer las prohibiciones fundamentales, que en el caso de la familia es el incesto (incluyendo lo incestual) y el asesinato; de esta manera el Complejo de Edipo como organizador del vinculo familiar en su funcionamiento neurótico, posibilita proveer por su estructura, las interdicciones y posibilidades para cada miembro del vínculo, permitiendo los procesos de discriminación y de subjetivación psíquica de cada integrante.
La Transmisión Psíquica: La TransmisiónTransgeneracional
La Transmisión Psíquica (Segoviano M. 2008) es el “Término utilizado en psicoanálisis para designar tanto los procesos, las vías y los mecanismos mentales capaces de operar transferencias de organizaciones y contenidos psíquicos entre distintos sujetos y, particularmente, de una generación a otra, como los efectos de dichas transferencias”.
La transmisión puede ser contemporánea (sincrónica) como así también en la sucesión de las generaciones (diacrónica).
Hay dos modalidades de transmisión psíquica (Kaës. R. 1993). La Transmisión transicional en la cual hay una transformación, o sea una metabolización de lo transmitido (el sujeto crea lo que recibe); y la transmisión traumática en la cual lo transmitido no es objeto de transformación (no hay un espacio transicional), es una transmisión en bruto y corresponde a las patologías de la transmisión.
En cuanto a la transmisión en la sucesión de las generaciones puede ser a modalidad transicional (generacional), o traumática (transgeneracional) donde lo transmitido no puede ser procesado psíquicamente por el sujeto y transformado por éste.
Cuando lo transmitido es susceptible de metabolización por el Yo, el aparato de significar/interpretar (Freud S. 1912-13) podrá aprovecharlas en sus identificaciones (producto de un proceso de apropiación); serán objetos encontrados/creados, y tendremos procesos de transcripción psíquica; con la negatividad implicada en toda transcripción psíquica. (Segoviano M. 2008).
Aquí la transmisión implica el desempeño verbal, pues lo que se transmite es la palabra que tiene un carácter transicional, siempre y cuando no sea utilizada como un objeto en bruto, sino en su función simbolizante y metafórica. Desarrollaremos más adelante, en los indicadores de proceso terapéutico vincular, como diferenciar una transmisión intersubjetiva (transicional) de una transmisión transubjetiva (traumática).
La contratransferencia en los dispositivos vinculares
La contratransferencia se despliega en el campo intersubjetivo vincular y permite al analista experimentar y vivenciar lo que se despliega en dicho campo. Le puede permitir captar contenidos psíquicos en bruto, en la medida que su identidad analítica (su capacidad de ensoñación y su preconsciente) esté preservada del montante de proyecciones masivas cuando el grupo (familia y /o pareja) se encuentran en una regresión masiva.
Por lo tanto es un instrumento útil para poder captar lo inefable y puede orientar al analista vincular para comprender, y en la medida de lo posible verbalizar a través de señalamientos e interpretaciones lo captado merced a las ocurrencias contratransferenciales. En el caso que fuera un equipo de dos o más terapeutas en la postsesión les va a permitir la elaboración de lo vivenciado y también de las ocurrencias contratransferenciales, poniendo en palabras lo experimentado en el campo transfero-contratransferencial de la sesión vincular.
Proceso Psicoanalítico Vincular
Los sufrimientos familiares y de pareja requieren poder crear un espacio para el reapuntalamiento psíquico de sus integrantes (Aubertel F. 1997), posibilitando los procesos de figurabilidad y de representación. Por lo tanto no es sólo la escucha de la cadena asociativa verbal generada por sus integrantes, sino también mediante la contratransferencia experimentada por los analistas y de lo expresado a través de actos, gestos o sea lo no verbal y asimismo por la captación de las escenas familiares o de pareja desplegadas en el espacio transfero-contratransferencial de la sesión, por lo cual se podrá darle sentido a lo vivido, pero no pensado por los integrantes del vínculo. Esto implica una disposición particular para la escucha grupal a diferencia de la escucha en la cura individual.
De manera tal que el trabajo psíquico consiste en poder restablecer las condiciones de operatividad de los preconscientes de sus miembros, que al mismo tiempo permiten poder reestablecer los procesos del pensamiento y de mentalización.
Una de las condiciones necesarias para que se puedan instalar y desarrollar los procesos secundarios: de pensamiento, simbolización e historización es que los aspectos escindidos de los integrantes de la familias y las parejas, que corresponden al no-yo (al decir de Bleger), estén adecuadamente depositados en el encuadre, en el caso del tratamiento psicoanalítico, y en la cotidianeidad de la vida habitual de las familias y las parejas.
En las familias y las parejas que entran en crisis y que por ello nos consultan, estos aspectos escindidos depositados en la cotidianeidad han emergido (o no se han depositado adecuadamente), provocando desestabilización y desapuntalamiento psíquico de sus miembros conllevando grandes dificultades en el funcionamiento adecuado de sus preconscientes.
A tal fin es necesario restaurar o generar las condiciones basales del psiquismo de sus integrantes, para posibilitar un reapuntalamiento psíquico de sus miembros. En este sentido se busca reestablecer las funciones de contención o envoltura psíquica del conjunto.
Es de remarcar que es imposible poder, para los miembros de un conjunto familiar o de pareja, generar procesos de pensamiento, si previamente no se han estabilizado sus psiquismos, sus yoes, en el apuntalamiento psíquico individual en el aparato psíquico vincular familiar o de pareja.
La posibilidad de pasar de modalidades de transmisión traumática o transubjetiva, para poder generar una transmisión transicional o intersubjetivas que permita los procesos de pensamiento, requiere de un restablecimiento del aparato psíquico familiar o de pareja.
Desde un nivel Isomórfico al servicio del placer, que posibilite el desarrollo de un campo de ensoñación, de ilusión, tal cual lo planteaba A-. Ruffiot en el fundamento onírico del vínculo, permitiendo a sus miembros apuntalarse en este acoplamiento psíquico vincular (que incluye a los terapeutas) y que al evolucionar un aparato psíquico vincular (familiar o de pareja) hacia un polo Homomórfico va a permitir los procesos de subjetivación psíquica de cada uno, recuperando o incrementando las capacidades de mentalización de su preconsciente.
Es en este momento a predominio Homomórfico, en el cual se restaura / o se crea una transmisión a modalidad transicional o intersubjetiva que pueden dar sentido y procesar psíquicamente las transmisiones traumáticas transgeneracionales, relatado por sus miembros en la cadena asociativa verbal y las interpretaciones, o puesta en palabras por parte de los terapeutas de lo experimentado contratransferencialmente por ellos.
Es aquí cuando se puede historizar y relatar los sufrimientos padecidos, desarrollando la creatividad y sus capacidades mitopoiéticas.
Debemos consignar que en los momentos homomórficos del aparato psíquico vincular se despliegan predominantemente los procesos secundarios cuyas características son: la puesta en palabra, la identidad del pensamiento y la temporalidad. Se facilitan por lo tanto los procesos de historización familiar, los relatos y los mitos familiares.
En estos momentos sus integrantes pueden narcisizar el futuro, y en la medida en que están subjetivados y discriminados se les hace posible desarrollar una transmisión intersubjetiva fiable, lo cual les posibilita generar proyectos en común (además del desarrollo de sus proyectos individuales).
También en los momentos homomórficos del aparato psíquico vincular se posibilitan la disolución de las alianzas inconscientes patológicas o sea los pactos narcisistas y los pactos denegativos a modalidad renegativa. Lo cual va a permitir poner en palabras los secretos antilibidinales, que han incidido patológicamente en sus integrantes (en los casos de incesto, crímenes o delitos vergonzantes familiares, etc.).
Indicadores de un Proceso Psicoanalítico Vincular
Para determinar el desarrollo de un proceso psicoanalítico vincular es conveniente disponer de indicadores observables que nos permitan, al estar presentes, cualificar el proceso. Podríamos decir que tenemos un proceso psicoanalítico vincular en curso, cuando detectamos un predominio observable de los indicadores de una transmisión intersubjetiva y también la generación de espacios transicionales que posibilitan dicha transmisión.
En cambio cuando hay un predominio en las sesiones de la transmisión a modalidad traumática o transubjetiva, habrá un predominio detectable de los indicadores de la transmisión transubjetiva y por lo tanto podemos detectar que hay una detención o impasse del proceso terapéutico vincular.
En la transmisión o comunicación intersubjetiva o ínterpsíquica (de carácter transicional) hay un espacio de transcripción, una brecha (écart) que posibilita un espacio de transformación de los contenidos psíquicos de uno a otro individuo y cada sujeto del vínculo está discriminado, es decir subjetivado.
La transmisión intersubjetiva implica procesos de transmisión de contenidos de un sujeto a otro con transcripción de estos contenidos psíquicos por parte del que los recibe.
Es decir que al transcribir se produce un proceso de metabolización de estos contenidos a su propio y particular sistema representacional; requiere de las producciones del Preconsciente, como el pensamiento lógico, el juego, el humor y las fantasías secundarias como lo señala A. Eiguer (2001).
Cuando hay transmisión transubjetiva (o transpsíquica) existe ausencia de un espacio de transcripción, implica un borramiento de los limites del sujeto y por lo tanto un estado de indiferenciación, podríamos decir de desubjetivación.
No existen transmisión de contenidos psíquicos singulares y procesos de transcripción y de metabolización de dichos contenidos psíquicos, se transmite lo indiferenciado (representaciones pictográficas, fantasías originarías etc.), por lo tanto no hay historias para contar, no hay relato. Es prevalente en la hipnosis, la inducción, la sugestión y los fenómenos de masa.
El acoplamiento vincular isomórfico implica un predominio de una transmisión o comunicación transubjetiva y el homomórfico de una transmisión intersubjetiva.
Podemos diferenciar una transmisión intersubjetiva de una transubjetiva a partir de las modalidades de comunicación en el vínculo.
La comunicación humana implica tres áreas según D. Liberman (1978) y Watzlawick P (1967):
A) Sintáctica: se refiere a los problemas de transmisión de información, incluye la manera en que se organizan las emisiones verbales.
B) Semántica: Se refiere al significado pues “si bien es posible transmitir series de símbolos con corrección sintáctica carecerían de sentido a menos que el emisor y el receptor se hubieran puesto de acuerdo de antemano con respecto a su significado. Por lo tanto toda información compartida presupone una convención semántica” (Watzlawick P., 1967).
C) Pragmática:Cuando la comunicación afecta a la conducta. Incluye la relación que el emisor tiene con el mensaje que emite.
A éstas tres áreas de la comunicación humana propuestas por Watzlawick propongo incluir (basado en las modalidades del funcionamiento del sistema inconsciente y el preconsciente con sus procesos primarios y secundarios), las nociones de atemporalidad y temporalidad, de historización y de proyecto vital compartido pues me parecen fundamentales para pensarlo desde una perspectiva psicoanalítica.
D) Temporalidad y Atemporalidad: La temporalidad implica la noción para el yo del tiempo, y en el discurso verbal podemos observar los tres aspectos constitutivos del mismo: el presente, el pasado y el futuro. En una transmisión intersubjetiva óptima, estos tres tiempos están presentes en forma simultánea. Su ausencia nos daría una dimensión atemporal del discurso y sería característica de una transmisión transubjetiva.
E) Historización: La historización implica un relato o novela construida en común por los sujetos del vínculo, requiere de la noción, para el sujeto, de la temporalidad.
F) Proyecto Vital Compartido: Berenstein y Puget (1998) desarrollaron este concepto. Los miembros de un vínculo comparten un proyecto a realizar. Implica la puesta en juego de deseos narcisistas en común (una casa, un hijo, un viaje etc.) presupone la utilización de un lenguaje compartido para ellos. Se observa en la transmisión intersubjetiva. La noción de proyecto ha sido también desarrollada por P. Aulagnier.
A partir de estos conceptos vertidos anteriormente podemos pensar en indicadores que nos permitirían conceptualizar el proceso psicoanalítico vincular.
Indicadores de Transmisión transubjetiva
Estos indicadores serán predominantes en los acoplamientos isomórficos de las parejas y las familias y poco prevalentes en los acoplamientos homomórficos.
Indicadores Sintácticos:
- Repetición: Consiste en la reiteración de la misma palabra o el mismo grupo de palabras
- Ironía: empleo de una palabra con el sentido de su antónimo.
- Utilización de adjetivos descalificantes de lo dicho o actuado por parte de un miembro de la pareja o de la familia.
- Presencia predominante del tiempo presente y pasado del verbo, con ausencia o poca prevalencia del tiempo futuro
Indicadores Semánticos:
- Cuando se tergiversa el significadode lo dicho precedentemente por el otro miembro.
- Ausenciade unproyecto vital compartido.
- Críticasa lo dicho por el otro miembro.
- Presencia de Reproches.
- Afirmaciones enfáticas que implican certezas.
Indicadores Pragmáticos:
- Hablar simultáneamente y/o interrumpir el discurso de otro miembro.
- Violencia verbal: Se detecta por el incremento de la intensidad de la voz.
- Utilización del analista como un juez o árbitro.
Indicadores de Transmisión Intersubjetiva
Indicadores Sintácticos:
- Significantes vinculares metafóricos: Son significantes compartidos por los miembros de la pareja o de la familia en los cuales detectamos una metáfora.
- Tiempos verbales potenciales (por ejemplo: sería, podría).
- Utilización de palabras que implican duda: por ejemplo: me parece, desde mi punto de vista, etc.
- Ausencia o poca prevalencia de los indicadores sintácticos de transmisión transubjetivos
Indicadores Semánticos:
- Comprensión del significado de lo expresado por un miembro por parte del otro miembro, se detecta por lo dicho a posteriori por éste.
- Ausencia o poca predominancia de los indicadores semánticos de transmisión transubjetiva.
Indicadores Pragmáticos:
- Ausencia o poca prevalencia de los indicadores pragmáticos
- Cuando un miembro habla, el otro/ o los otros escuchan con pocas interrupciones.
Indicadores de Temporalidad y de Historización:
- El hallazgo en el discurso verbal de los tres tiempos del verbo: pasado, presente y futuro.
- Presencia de un relato o novela construida en común.
- Detección de unProyecto Vital compartido por los miembros.
Una pareja en des-amor
Analizaré con estos indicadores fragmentos desgrabados de dos sesiones de psicoanálisis de pareja. La pareja esta integrada por Dorotea que tiene 25 años y Rafael de 26 años. Comenzaron el tratamiento hace 4 meses, con una frecuencia semanal. Tienen una hija.
1era sesión
(Llegan 10 minutos tarde)
Rafael – Disculpe un poco la tardanza de diez minutos. Vengo de Lanús.
No es para tanto pero estaba un poco con bronca por una situación que había pasado recién…
Dorotea – Sí me alegro mucho que haya sido recién antes de venir, para que quede,… que quede bien claro, que acá, acá me rompió la cartera se levanta y me la muestra rota, descosida una de las manijas) ambos hablan a la vez)…Yo llego…
Rafael – Eso es una exageración tuya.
Dorotea – Los tironeos…
Rafael – ¡Por qué no me dejás hablar! (hablan a la vez) Dorotea – Bueno…
Rafael – Yo estoy laburando en Lanús pues mis viejos se fueron de vacaciones (Rafael reemplaza a sus padres en el negocio, a cambio de un sueldo)… y vengo de Lanús especialmente para venir acá. Ella estuvo estudiando toda la mañana en el estudio, y llego acá, tipo a la una y media al estudio, le digo ¡hola! y ella casi sin saludarme sigue tocando la guitarra.
Dorotea – Primero.
Rafael – (interrumpiéndola) Me hace un comentario.
Dorotea – (interrumpiéndolo) Perdóname, no es cierto lo que vos decís…
Rafael – (la interrumpe superponiéndose con el discurso de ella)
(sigue) me levanto para abrirle la puerta…Yo le digo ¿qué tal? ¿Fuiste para ver el colegio de la nena? Me hace un comentario que no entiendo y sigue tocando la guitarra… le digo, vamos a llegar tarde al psicólogo… Sigue tocando la guitarra, es una actitud constante, es decir, en la semana le tuve que reiterar dos veces en un ensayo que tenía ayer, que llegaba tarde a buscar a la nena al colegio, es una cosa elemental que si yo tengo que preocuparme de decírselo es una cosa, es un problema tuyo y esta bronca viene por otras cosas más.
Dorotea – (interrumpiéndolo, se superponen los diálogos) Estamos hablando de nosotros – (intenta hablar)… Perdóname estamos hablando de nosotros. ¡Estamos hablando de nosotros!
Rafael- Me empieza a agredir… y entonces me empieza a agredir antes de venir para acá, me pone la mano en el pito, no sé qué cosa me dice, me empuja y yo la empujo y no sé, creo que se rompe la cartera. Una boludez así, eso fue lo que pasó.
Dorotea – No, porque vos me dijiste que yo estaba mal de la cabeza y yo te dije vos estás mal de aquí abajo…
Rafael – ¿Por qué cuando yo llego del trabajo… por qué vos no me saludas? ¿Yo te puedo pedir eso?
Dorotea – ¿Puedo comentar? (se superponen las voces). Vos hiciste una narración que es tuya, no es mía.
Rafael – Bueno, pero yo te puedo explicar. Yo llegue de Lanús. ¿Por qué no me saludás?
Dorotea – No…
Rafael – ¿Por qué? ¿Por qué seguiste la guitarra? Yo soy una persona, no quiero estar con una persona que se queda a tocar la guitarra.
Comentario
Desde el comienzo de la sesión hay un pasaje al acto, reflejado en la escenificación en el espacio que realiza Dorotea, al levantarse para mostrar al terapeuta la manija de su cartera rota por Rafael, buscando que el terapeuta se ubique como un juez de la conducta de Rafael.
El hecho de llegar a la sesión 10 minutos más tarde, es consecuencia de la pelea, previa al inicio de la sesión, durante la cual perdieron la noción del tiempo (Indicadores pragmáticos de transmisión transubjetiva). Además hablan prevalentemente en tiempo presente, aunque observamos que utilizan el tiempo pasado. Es de destacar que no hay referencias al futuro. (Indicadores de Atemporalidad)
El lenguaje utilizado es de acción, las palabras son utilizadas como objetos para expresar agresiones verbales, y no posibilitan la transmisión de contenidos simbólicos.
La sesión se desarrolla con estas características: hablan simultáneamente, se interrumpen frecuentemente; se descalifican mutuamente (utilizando adjetivos como loco, envidioso, etc.), utilizan afirmaciones enfáticas donde no hay duda y es frecuente la repetición de ciertas palabras.
Hay tergiversación del significado de lo dicho por cada uno por parte del otro (signo de distorsión semántica).
Ambos están desubjetivados y anhelan ser reconocidos como sujetos en su individualidad por el otro, por ejemplo Dorotea expresa que la narración de Rafael es de él, pero no suya y también cuando Rafael le reclama a Dorotea que no lo saludó al entrar mientras ella siguió tocando la guitarra y él agrega soy una persona (se siente tratado como un objeto). Ambos se reprochan y se critican mutuamente, sus dichos y sus conductas.
Hay ausencia de indicadores de transmisión intersubjetiva como: metáforas, tiempos verbales potenciales, comprensión del significado, tiempos verbales futuros, proyecto vital compartido. No hay relato ni historización.
Expresan a nivel interfantasmático, una fantasía originaria de castración, que la podemos inferir a partir de la ruptura por parte de Rafael de la manija de la cartera (significante del órgano genital femenino) y que Dorotea le toque el pene y haga alusión a una impotencia sexual de Rafael.
Nos encontramos en esta sesión con una transmisión a predominio transubjetiva, o sea con indiscriminación, desubjetivación e indiferenciación de las psiques de cada uno. Por lo tanto en el transcurso de esta sesión el Aparato Psíquico Vincular de Pareja tiene un predominio de su polo isomórfico.
En cuanto a la contratransferencia en esta sesión experimentaba sentimientos de impotencia y de frustración al sentirme ignorado por ambos miembros de la pareja, cuando intentaba hablar y no era escuchado. Por momentos deseaba alejarme de esta escena violenta. Podría decir que me sentía castrado en mi capacidad de pensar como analista.
Opté por quedarme en silencio y observar la escena, dando tiempo a recuperar mi capacidad de comprensión mientras esperaba un momento, una oportunidad para intervenir e interpretar.
Para observar indicadores de un modo de transmisión a predominio intersubjetivo mostraré una sesión radicalmente diferente. Si predomina en las subsiguientes sesiones el tipo de comunicación que esta segunda sesión nos muestra podremos decir que hay un proceso psicoanalítico de pareja en curso.
2a Sesión
(Dos meses después)
Rafael – Bueno, estoy bastante feliz porque había dado de baja un coche que tenía desde hace 15 años, que me lo saco de encima. Hice un acuerdo con los viejos para empezar a laburar a la mañana en el negocio, tengo un sueldo, voy a hacerme cargo del trabajo de contaduría. Si bien no tiene nada que ver con lo que yo hago, me tranquiliza un poco, pues no estaba bien yo.
Es un trabajo, dentro de todo cómodo, porque tengo que ir a la mañana nada más y bueno, no es tan grave hacerlo.
Analista – ¿Los jueves no interfiere con la terapia?
Rafael – No, no. Y a la tarde seguiré con el estudio y con mis cosas, pero yo me siento mejor, porque di de baja el coche, y con mis viejos hice un arreglo con el sueldo que me sirve para comprar uno nuevo y otras cosas.
Analista – ¿Su auto?
Rafael – Sí, hace l5 años que lo tenía. Estaba hecho mierda. Y eso, con el sueldo me di cuenta de que me da la tranquilidad de estar bien, pues estaba nervioso.
Y bueno, hoy fui a Lanús pues estaba patentado en la provincia, y ahí me comencé a acordar qué tenía con ese coche. Historia de cuando la conocí a ella, el coche era nuestro. Y así, de toda la historia de cuando lo tenía, de cuando nos conocimos, uno se encariña con el auto.
Dorotea – Desde que nos conocimos tenemos el auto. A mí me parece bien, que está bien que lo compres.
….
Rafael – Pero yo la guita que puedo sacar del negocio va a servir para arreglar la oficina, hacer la entrada bien, algunas cosas que sirven para el estudio.
Dorotea – Lo que pasa es que no sé.
Rafael – Es la realidad, no sé, vos me decís, a mí la guita no me alcanza.
Dorotea – Es la realidad.
Analista – Me parece que son dos versiones diferentes sobre un mismo problema. Creo que el problema que tienen es cómo aceptar lo que para ustedes es diferente, y tolerar o aceptar tomando en cuenta lo que es diferente.
Admitir que Dorotea no esté de acuerdo, pero aceptar que es el punto de vista de ella, sin parecer que aceptarlo es un bajón. Este punto de vista de que es un retroceso, para usted no lo es; cada uno de ustedes tiene una forma diferente de ver las cosas sobre este punto.
Rafael – Yo coincido en esto, que en alguna medida podría ser un retroceso, pero en parte tiene que ver con la realidad.
Dorotea- No, si es un paso atrás para dar veinte pasos adelante, me parece que no.
Rafael – Por eso, la hipoteca es una guita que va a salir de ahí ¿viste ? estamos pagando.
Dorotea- Está bien…
Rafael – Yo creo que el proyecto está… bien planteado, ¿no? Ella está estudiando todos los días en el estudio, va a tocar, cuatro veces tocaste este año. Está haciendo un montón de cosas. Yo estoy escribiendo, estoy componiendo. Yo creo que el proyecto está en pie, que la guita no me alcance y tenga que hacer otras cosas, no sé.
Analista- Quiero retomar la idea del auto, que es interesante. El auto era nuevo hace 15 años. El auto es como el proyecto, hace 15 años era un proyecto nuevo. Pero todo proyecto, como trabajar, como hacer cosas, envejece con el tiempo, y por ahí hay que remozarlo.
Rafael – Claro.
Analista – Hablaron de cambiar el auto, creo que no es únicamente cambiar el auto, sino también cambiar el viejo proyecto de pareja.
Comentario
Observamos en esta sesión la ausencia o presencia mínima de indicadores de transmisión transubjetiva; y la presencia prevalente en esta sesión de indicadores de transmisión intersubjetiva:
Entre los indicadores sintácticos de transmisión intersubjetiva hay significantes vinculares metafóricos, por ejemplo el significante auto, es compartido explícitamente por ambos y además tiene otro sentido metafórico pues alude a la historia del vínculo y al proyecto de pareja, observamos la utilización frecuente de palabras que implican duda o no certeza, por ejemplo en diferentes momentos utilizan, me parece, en parte, creo, puede ser, un poco, a lo mejor. Además usantiempos verbales potenciales, podría, tendría.
En relación a los indicadores semánticos detectamos que haycomprensión mutua delsignificado de lo dicho por cada uno. Por ejemplo Rafael menciona la historia del auto que según él, coincide con el inicio de la vida en pareja y Dorotea a continuación menciona que el auto lo tienen desde que se conocieron y está de acuerdo en que lo compre.
También se detectan indicadores pragmáticos de transmisión intersubjetiva, por ejemplo cuando dialogan Dorotea y Rafael uno de ellos habla y el otro escucha en silencio, pero cuando luego el que estaba escuchando en silencio habla, lo que dice indica comprensión del significado de lo relatado anteriormente y además efectúa un aporte inédito.
Pero lo que más resalta es la presencia de indicadores de Temporalidad y de Historización, pues encontramos que ambos usan frecuentementelos tres tiempos del verbo a lo largo de este fragmento de sesión.
También observamos relatos construidos con el aporte de ambos, alrededor de la historia del auto, que coincide con el comienzo del vínculo de pareja y también ellos tejen un relato referido al estudio de grabación y al negocio de los padres de Rafael.
Ambos hablan de un proyecto vital compartido alrededor del futuro del estudio de grabación en el cual ambos se incluyen de manera diferentes.
Aquí emerge la historia en una prospectiva o sea en una apuesta al futuro de ambos. Es de resaltar que ambos están subjetivados, diferenciados uno del otro, por ejemplo cuando Dorotea menciona que para ella era un sufrimiento ir a trabajar al negocio de los padres de Rafael, pero admite que puede no ser un sufrimiento para Rafael.
La toma de distancia de los padres por parte de Rafael y al mismo tiempo aceptar la posibilidad de ayuda de ellos, implica la aceptación de la brecha generacional entre él y sus progenitores, lo cual es compartido por Dorotea.
Por otra parte la idea de dar de baja el auto viejo, también simboliza aspectos de la pareja que es necesario que tengan que ser dados de baja para posibilitar el crecimiento y la complejidad creciente del vínculo; simbolizado en los proyectos como la compra del auto, el estudio, el desarrollo musical de cada uno.
Es de consignar que aquí el terapeuta es investido por ambos en su rol y puede por lo tanto interpretar a nivel simbólico, pues la estructura del vínculo terapéutico lo permite.
En la segunda sesión mis vivencias contratransferenciales eran diametralmente opuestas, me sentía aceptado en mi función de analista, experimentaba el placer de escucharlos y de poder pensar, podía construir interpretaciones a nivel simbólico en relación al material (como la interpretación donde relaciono la idea de comprar el auto y de dar de baja el auto viejo, con otra de nivel simbólico donde aludo al cambio del viejo proyecto de pareja).
Para finalizar, en ésta sesión predomina el lenguaje verbal, la simbolización y los procesos del pensamiento y emergen las fantasías secundarias propias de cada sujeto, que coinciden con la puesta en actividad predominante como organizador del vínculo, el Complejo de Edipo; esto implica la aceptación de la falta, y las diferencias entre ambos y posibilita la Alteridad y la Transmisión Intersubjetiva. Aquí observamos un Aparato Psíquico Vincular de Pareja a predominio de su polo homomórfico o sea discriminado.
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