REVISTA N° 03 | AÑO 2008 / 1

Editorial N° 3



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EDITORIAL

Carles Pérez Testor

La violencia en las relaciones familiares es un grave problema que ha dejado de ser un tema de carácter privado para convertirse en un problema de carácter social. La violencia en el ámbito familiar y doméstico ha existido siempre, pero ciertamente ha sido en estos últimos 15 años que ha dejado de ser un tema exclusivamente interno, de la familia, para pasar a ser un problema de toda la sociedad. En el momento en que la violencia familiar aparece en los medios de comunicación, surge la conciencia de que la violencia es un problema social debido a su incidencia en nuestra población y a la gravedad de las secuelas tanto físicas como psicológicas producidas en la víctima.

La violencia familiar sólo puede ser abordable a partir de una concepción multidisciplinar y es que, de hecho, la violencia familiar es un fenómeno que desgraciadamente presenta un carácter repetitivo y crónico. Habitualmente la violencia no aparece como un episodio aislado, accidental, sino que sucede una y otra vez.

Cuando hablamos de violencia familiar podemos describir tres tipologías: la violencia infantil en la cual el padre o la madre pueden maltratar a los hijos, la violencia en la tercera edad, dónde las víctimas son los abuelos y la violencia en la pareja, donde el género juega un papel importante. Últimamente aparecen, cada vez mas, situaciones de violencia del hijo adolescente hacia los padres o hacia los abuelos.

Pese a que la violencia infantil, en su forma de negligencia, sigue siendo la mas frecuente en las familias, las campañas institucionales se centran en la violencia de pareja y mas concretamente en la violencia de género.

Las dos tipologías de maltrato familiar que se producen con más frecuencia son el maltrato psicológico y el maltrato físico. El abuso emocional siempre acompaña y en muchos casos precede al maltrato físico. El maltrato psicológico directo y repetido puede afectar severamente la opinión que la víctima tiene de si misma y de su entorno. Las consecuencias de este tipo de maltrato no se manifiestan necesariamente a corto plazo, sino que muchas de estas conductas tienen severas repercusiones en el desarrollo psicológico posterior. Al contrario de la creencia de que las agresiones físicas comportan más riesgo para la salud psicológica de la víctima, se observa que la coacción psicológica, sin lesiones físicas, puede resultar tanto o más incapacitante y nociva para la mujer. Una de las características principales del maltrato doméstico es que pese a la gravedad y frecuencia del problema, las víctimas permanecen en la relación violenta durante mucho tiempo, más de 10 años por término medio. Por otra parte, en muchos casos, y tras la intervención psicosocial, vuelven a la situación anterior. Es importante identificar los factores que influyen en la decisión de muchas mujeres que optan por continuar en la relación abusiva, pese al riesgo que tienen de sufrir lesiones o, incluso, de morir.

Muchas mujeres siguen viviendo con la pareja pese al sufrimiento, obviando las sugerencias de su entorno. Es típico de las situaciones de abuso ignorar qué está pasando, cerrar los ojos ante la evidencia. ¿Por qué no se separan? ¿Cómo se explica que una mujer pueda soportar durante años maltratos brutales? ¿Por qué no sólo no los rechaza sino que encuentra justificaciones?

Algunas investigaciones nos indican que las variables predictoras del mantenimiento de una relación de maltrato son: 1) carencia de trabajo, 2) duración de la relación, 3) privación económica, 4) estar enamorada del agresor, y 5) no tener donde ir. Cuando mayor sea la duración y la severidad del maltrato doméstico, menor será la probabilidad de romper la relación. La mujer se vuelve cada vez más temerosa y dependiente, y desarrolla sentimientos de culpabilidad, de baja autoestima y de pasividad ante el problema. A medida que se incrementa el grado de aislamiento social por parte de la mujer maltratada, más probabilidad hay que aumenten las situaciones de maltrato. La violencia doméstica es un hecho complejo que tarda a darse a conocer a la luz pública, por lo cual la actuación puramente preventiva desde el inicio es difícil de realizar. Aun así, es necesario promover intervenciones preventivas y educativas que faciliten la comunicación del abuso sufrido, y eviten, dentro de lo posible, que se sufra nuevamente una situación de este tipo. A nivel asistencial, hace falta que la víctima se sienta escuchada y con apoyo, instaurando una relación de confianza y colaboración, pero también se le ha de ayudar para que descubra como, emocionalmente, ha establecido una ligadura de dependencia psicológica hacia su pareja que hace que le reste libertad para pensar desde ella misma. A nivel general, parece urgente la necesidad de promover programas educativos y psicoterapéuticos que faciliten un cambio de actitudes en la mujer respeto a estas circunstancias y que contribuyan a adoptar estrategias e impedir la aparición de conductas de sumisión y aceptación de la situación de agresión física y o/psicológica. Aprender el manejo del conflicto es una tarea fundamental por mantener una intimidad satisfactoria en la relación adulta. Si el déficit en este manejo es evidente, entender que mecanismos profundos intervienen en el ejercicio de la violencia o en su aceptación nos puede ayudar a erradicarla del mundo de la pareja y la familia.

Todas estas consideraciones han motivado que unos 400 clínicos e investigadores, entre psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales, se hayan reunido en julio de 2008 en Barcelona, en el III Congreso Internacional organizado por la Asociación Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia (AIPPF) y por la “Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y el Deporte Blanquerna”, de la Universitat Ramon Llull, con la colaboración de la “Fundación Vidal y Barraquer” y la “Sociedad Española de Psicoanálisis”. En las más de 150 comunicaciones que se presentaron se debatió intensamente la temática que daba título al Congreso: “Violencias en las parejas y familias contemporáneas: un desafío para el psicoanálisis familiar”.

La violencia en el medio familiar tiene en común la denegación que genera en el medio, incluida la psique de los terapeutas, al punto que se puede considerar como el principal obstáculo al reconocimiento de los profundos efectos desorganizadores a nivel intrapsíquico y en los vínculos. Más que una denegación común constituye una defensa particularmente propicia a la repetición y a la transmisión transgeneracional.

Eiguer, Losso y Packciarz Losso, Loncan, Tisseron, Nicolò, Morosini, Thorstensen, Tosta Berlinck y todos los autores que han trabajado en la segunda parte de la revista (dedicada a violencia y sociedad), seguían preguntándose: “¿Cómo comprender e intervenir en situaciones de violencia en la pareja y la familia? ¿Cómo tratar su denegación, tomando en consideración los procesos grupales inconcientes de los vínculos familiares en el presente y en su dimensión generacional? ¿Cómo podemos historiar con el grupo familiar ciertas manifestaciones violentas y dar cuenta de la repetición ligada a una perspectiva transgeneracional como fuente de estas situaciones? ¿Qué fantasmas, qué mitos, qué retornos alucinatorios subyacen en los violentos pasajes al acto? ¿En qué devienen los afectos íntimos y compartidos en estas configuraciones clínicas? ¿Cómo pensar y tratar los trazos psíquicos de las violencias sociales y culturales de la historia presente o transmitida como herencia?”

A partir del intenso trabajo de esos días y de su reelaboración cada autor ha reflexionado a partir de las preguntas e intervenciones del público y de los otros expertos que participaron. Los autores han revisado sus aportaciones y el fruto de esa segunda reflexión aparece en estos 2 monográficos sobre la violencia familiar  y  de pareja.

Esperamos que sea de interés para todos los que puedan leerlo.

Revista Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja

AIPPF

ISSN 2105-1038