REVISTA N° 03 | AÑO 2008 / 1
ARTÍCULO
Freud y la violencia
David Benhaim *
La obra freudiana está atravesada por un análisis denso, rico, riguroso y profundo de la Kultur que permite delimitar el fenómeno de la violencia en su esencia. No se necesita hacer un llamado a los filósofos ni a los sociologos para analizar la relación entre violencia y sociedad o establecer un diagnóstico sobre el estado de civilización que es el nuestro.
De Totem y Tabú a Moisés y la religión monoteísta pasando por De la guerra y la muerte. Temas de actualidad, Psicología de masas y análisis del yo, Malestar en la cultura, ¿Por qué la guerra ?, Freud no cesa de volver sobre la cuestión de la violencia del hombre en su dimensión no sólo social sino cultural y antropológica.
La palabra violencia no forma parte del léxico psicoanalítico. Es un término del lenguaje corriente semánticamente cargado; tiene connotaciones de agresión, de uso abusivo de la fuerza, de violación. En el lenguaje ordinario, la violencia es la fuerza brutal de la cual se hace uso para someter a alguien. Es violenta toda acción que se ejerce sobre alguien en contra de su voluntad para someterle o dominarle. En su respuesta a Einstein, en 1933, quien presentó la relación indisociable entre derecho y poder como un hecho con el cual se debe necesariamente contar, Freud va hasta escoger utilizar el término de violencia preferentemente al de poder : ¿Estoy autorizado a sustituir la palabra «poder» por «violencia» («Gewalt»), más dura y estridente ?
(¿Por qué la guerra ? p.187-188).
Freud siempre ha afirmado la idea de un antagonismo entre la Kultur y la vida pulsional; en sus preocupaciones intelectuales, eso remonta tan lejos como las Cartas a Fliess. En un manuscrito del 31 de mayo 1897, le escribió que el incesto es un hecho antisocial del cual, para existir, la civilización a debido poco a poco renunciar. Él siempre ha sostenido sin desmentirse que la neurosis es un síntoma de la Kultur. En su artículo, La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna escribe : yo destacaría este punto de vista : la neurosis, hasta donde llega y quienquiera que sea el afectado por ella, sabe arruinar el propósito cultural (p.180).
Si damos una ojeada a sus últimos escritos, podemos constatar que una obra como Malestar en la cultura reposa sobre una idea, que el destino del individuo y el de la comunidad son indisociables, que uno actua a través del otro. Los escritos sobre la guerra no haran sino ilustrar esta idea.
En 1915, en De la guerra y muerte. Temas de actualidad, Freud evoca el derrumbamiento de una ilusión, causado por la guerra. La ilusión que se derrumba es la creencia en la idea de progreso en las costumbres, la cortesía, la ética, en suma en la relación entre los hombres.
Interroga los ideales de la cultura desde el punto de vista de la economía psíquica y hablará más tarde de malestar reaccionando así frente a la constatación del derrumbe de los ideales del hombre occidental y del tejido de la comunidad europea. […] La desilusión es infligida por la cultura, como lo subraya Laurence Kahn (Faire parler le destin, p.191). Ese malestar no se apaciguará sino que irá creciendo hasta realizar una recaida en una barbarie poco menos que prehistórica (Moisés y la religión monoteísta, p.52).
En 1921, en Psicología de las masas y análisis del yo, obra precursora a la vez de la investigación de una grupalidad psíquica interna y de la que se constituye como el enfoque psicoanalítico de grupo, Freud afirma que lo social no se disocia de lo individual para constituir un estrato separado del psiquismo. Es constitutivo del psiquismo. La oposición entre la psicología individual y la psicología social es puesta en cuestión : En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultaneamente psicología social en este sentido más lato pero enteramente legítimo (Psicología de las masas y análisis del yo, p. 67). La psicología social parte del individuo y se interroga sobre lo que pasa en su psique cuando es sumergida en una masa, qué tipos de fuerzas esta masa va hacer pesar sobre su funcionamiento psíquico, y que modificaciones este será obligado a operar frente a la presión de esas fuerzas (Laval Guy, Bourreaux ordinaires, p.24, mi traducción). Freud desarrolla a la vez una reflexión sobre la naturaleza de la masa, la formación de grupos y sobre el líder. En su análisis de la hipnosis, proporciona algunos elementos esenciales de reflexión. La relación hipnótica es una relación de masa a dos. La estructura de la masa es compleja; la hipnosis retiene un solo elemento que aisla ; el comportamiento del individuo de la masa frente al conductor (p.108109). Comparando la hipnosis con el estado amoroso, Freud escribe : La misma sumisión humillada, igual obediencia y falta de critica hacia el hipnotizador como hacia el objeto amado. La misma absorción de la propia iniciativa; no hay duda :el hipnotizador ha ocupado el lugar
del ideal del yo […] Esta última aserción retoma la fórmula que resume el estado amoroso : Se ha puesto el objeto en el lugar del ideal del yo. El hipnotizador es el objeto único : no se repara en ningún otro además de él, añade Freud. El vínculo hipnotico es una entrega enamorada irrestricta que excluye toda satisfacción sexual (p.108) Lo que el hipnotizador afirma y demanda es vivido oníricamente por el hipnotizado. Es importante subrayar, primero, que las situaciones de «masa» no se definen tanto por el número de personas que figuran que por el hecho de ser regidas por la función del ideal (Scarfone Dominique, Oublier Freud?, p.173); luego, que las pulsiones sexuales inhibidas llegan a crear vínculos muy duraderos entre los seres humanos en la medida en que no son suceptibles de producir una plena satisfación, contrariamente a las pulsiones sexuales no inhibidas que a través de la descarga, se apagan depués de la satisfacción. Para durar, estas últimas deben estar intricadas en los componentes inhibidos, es decir, puramente tiernos. Este análisis permite a Freud explicar a la vez el vínculo que une a los individuos en la masa y el que les une al líder ; una masa primaria de esta índole es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo (Freud, Psicología de las masas, p.109-110). De lo que Freud nos habla aquí, es de la disolución del individuo en la masa, que se producirá en los años de la subida del nazismo, una verdadera masificación del individuo que desaparece como tal a través de esta identificación con el líder puesto como ideal. Se trata de una masificación totalitaria.
Evocaba yo más arriba la preferencia acordada por Freud en ¿Por què la guerra ? al término de violencia que él sustituye al de poder. ¿Por qué esta sustitución ? Pensaría que Freud tiene en mente la violencia de lo pulsional : la pulsión ataca desde el interior. Esta violencia es tanto aquella de lo sexual como aquella de la pulsión de agresión o de destrucción que no cesará después de la guerra de 1914 y el giro de 1920, de preocuparle.
Ya en el mito de la horda primitiva dominada por el padre todopoderoso, en Totem y Tabú, el incesto, el asesinato y el canibalismo aparecen como los deseos fundamentales que se desprenden de la pulsión. Esta violencia no se ejerce únicamente contra el otro, sino contra sí, si recordamos que toda cultura debe edificarse sobre una compulsión y una renuncia de lo pulsional (Freud, el porvenir de una ilusión, pag.7).
No sabría terminar esta rápida evocación de la reflexión de Freud sobre la violencia sin detenerme en una obra clave : Malestar en la cultura. En esta obra nos encontramos una misma idea : el vínculo indisociable entre el individuo y la comunidad, la cuestión de las relaciones del derecho y de la violencia evocados en ¿Por qué la guerra? concierne principalmente la regulación de los vínculos reciprocos entre los hombres (Malestar en la cultura, p.88). Se trata de uno de los dos fines que el asigna a la Kultur , el otro siendo la protección del ser humano frente a la naturaleza (p.88), que presupone la dominación de las fuerzas de esta última. Analizando los rasgos caraterísticos de una cultura, escribe en Malestar en la cultura : Acaso, se pueda empezar consignando que el elemento cultural está dado con el primer intento de regular estos vínculos sociales[…] que ellos entablan como vecinos, como dispensadores de ayuda, como objeto sexual de otra persona, como miembros de una familia o de un Estado(p.93).
El porvenir de una ilusión subrayaba ya que, de esos dos fines, es este último el que provoca la más profunda y la más amarga de las insatisfacciones frente a la lentitud de sus «progresos», mientras que la dominación de la naturaleza sabe de progresos constantes.
En ¿Por qué la guerra ?, Freud afirma, de manera un poco lapidaria, según mi opinión, que la cohesión de la comunidad depende de dos factores : la coacción de la violencia y los vínculos sentimentales – las identificaciones – entre los miembros del cuerpo comunitario. Añade que si uno de los dos factores falta, el otro puede eventualmente mantener la comunidad. Psicología de las masas y Malestar en la cultura establecen un enfoque más claro sobre los mecanismos en juego en el análisis de la constitución de una comunidad.
¿Qué entiende Freud por comunidad? La reunión de una mayorìa de seres endebles que se constituyen contra el individuo más fuerte, haciendo prevalecer su violencia contra él. La convivencia humana sólo se vuelve posible, escribe, cuando se aglutina una mayoría más fuerte que los individuos aislados, y cohesionada frente a estos. (p.93). Esta violencia colectiva de la que la comunidad reivindica el monopolio contra el individuo que querría o podría atacarla, es lo que nosotros llamamos «derecho».
Ahora, el poder de esta comunidad, continúa Freud, se contrapone, como «derecho», al poder del indivíduo, que es condenado como «violencia bruta». Añade : esta sustitución del poder del indivíduo por el de la comunidad es el paso cultural decisivo (p.94). La esencia de esta sustitución consiste en la limitación de las posibilidades de satisfacción de los miembros de la comunidad, mientras que el poder del individuo aislado, en estado natural, es ilimitado.
* * *
Tres artículos desarrollan el tema de esta segunda parte, Violencia en la sociedad. El primero de Anna y Roberto Losso nos propone unas reflexiones teóricas, densas y ricas en su contenido. Después de definir la violencia, la situan en una perspectiva transgeneracional: las familias crean mitos cuyo objetivo es, como lo subrayan, «historizar» las violencias sufridas.”Condenadas a trasmitir” todo aquello que no se puede elaborar, estas familias delegan a las generaciones siguientes una misión: “cumplir demandas imposibles, que son en realidad demandas de los personajes míticos, quedando asi ligados a lealtades invisibles.” Se trata de una transmisión transpsíquica que se efectua a través de los sujetos.Los elementos que se transmiten son elementos brutos, mudos, que no se modifican de una generación a otra. En la medida en que se imponen a la nueva generación como mandato de cumplir una misión acorde a los mitos familiares, constituyen una violencia familiar transgeneracional que los autores califican como “activa”. Nicholas Abraham, Maria Torok, Alberto Eiguer,Yolanda Gampel han puesto de manifiesto estos contenidos y forjado las herramientas conceptuales que permiten identificarlos y analizarlos. Pero existe otra forma de violencia familiar transgeneracional que Anna y Roberto Losso califican como “pasiva¨y que se caracteriza por la ausencia de modelos. Ponen de manifiesto una calidad de transmisión que uno de ellos ha denominado trófica y que se origina en el grupo familiar como transmisión intergeneracional. Se trata de una transmisión estructurante. Un rasgo esencial de la sociedad contemporanea, según los autores, sería un déficit de la transmisión trófica. Un ejemplo asombroso esta constituido por la cultura de lo instantaneo, de lo perecedero, de lo efímero que hace que la imitación prevalezca como modelo sobre la identificación. Todo esto nos enfrenta a una crisis de la transmisión. Retoman luego conceptos como estado de excepción del filosofo italiano Giorgio Agamben, garantes metasociales deTouraine, individuo productor o consumidor de Judith Revel y Toni Negri para analizar la violencia social y poner de relieve el carácter complejo y dificil de los procesos de subjetivación en nuestra sociedad globalizada.¿Qué ocurre cuando no se logra «historizar»? los contenidos escindidos y no pensados, escriben los autores, pueden quedar como marcas corporales, a las que hemos llamado reminiscencias corporales, lo que hará que la violencia traumática sufrida y no elaborada por otras generaciones se manifieste a través de afecciones psicosomáticas. Sin desarrollar lo que los autores entienden por reminiscencias corporales, subrayaré la noción de inconsciente corporal y la idea que los afectos transmitidos por via transpsíquica pueden quedar como registros en el cuerpo. En esos casos, ya no hay memoria mental sino coporal; la experiencia es actuada en el cuerpo como dice Gaddini. El artículo termina con la narración del caso de la familia C. que viene a ilustrar toda esta reflexión sobre la violencia.
El segundo, Sociedad sin límites: familias y sujetos en estado limite de Graciela Consoli,Susana Guerchicoff, Ezequiel Jaroslavsky, Irma Morosini, Maria Gabriela Ruiz nos ofrece el retrato de una sociedad desvinculada donde individuos y familias quedan aquejados por males que parecen consumirlos. Para caracterizarlos, los autores recurren al sociologo Bauman y a su concepto de liquidez: vivimos en tiempos «liquidos». Esto contrasta con lo que Bowlby llamó figuras de apego, aquellas que pueden traernos estabilidad y confianza con su constancia. Esta es la paradoja sobre la cual los autores fundan su reflexión. Lo que emerge de un punto de vista patológico es: la patología de los bordes, los estados limites que son uno de los grandes desafios de la clínica de la actualidad. Los autores situan su reflexión en una perspectiva vincular y transgeneracional. Este tipo de paciente perturba al analista con sus síntomas y sus demandas. Fragilidad de las redes vinculares, déficit de simbolizacion, facilidad de sus actuaciones caracterizan igualmente a los miembros de la familia. A partir de la experiencia vincular, ponen de relieve síntomas como la regresión del funcionamiento psíquico o la dificultad a diferenciarse, resultado del incremento de procesos transubjetivos. Estas consideraciones recortan el análisis freudiano del fenómeno de las masas y del individuo sumergido en ellas. A esto podemos añadir la cuestión de las alianzas inconscientes en su vertiente patológica tal y como las analiza Kaës. La patología de déficit en la constitución psíquica y en el narcisismo, escriben los autores, del cual los estados límites son un ejemplo paradigmático, son proclives a generar procesos desubjetivantes. Esto les lleva a analizar el proceso de subjetivación que consiste en devenir sujeto singular, pero sin olvidar que el sujeto esta sujetado en los vínculos que le sostienen y en los que se inserta. Sigue luego un fino análisis del surgimiento de la violencia cuando la identidad se siente amenazada. Terminaré con dos citas con respecto a nuestro tiempo que me parecen traducir una realidad con la que nos enfrentamos a menudo en nuestro trabajo con los pacientes y que refleja el trabajo “contra la corriente” que efectuamos en nuestros consultorios: El riesgo de nuestro tiempo es que ofrece una inmediatez en el resultado placentero que puede paralizar los proyectos con tiempos mediatos.Esa es la mayor violencia. La segunda: Enfrentamos entonces la paradoja de contar con un gran espacio de libertad dado por la amplitud de ofertas del mercado, pero con un paralelo empobrecimiento del mundo interno, del pensamiento, del aprendizaje por la experiencia, dificultando el discernir entre la heterogeneidad compleja de una realidad que ostenta confusión por ausencia de marcas identificatorias.
No voy a resumir ni analizar el tercer artículo que lleva como título: La bomba que me hizo estallar continua haciendo estallar a mi familia de Hanni Shalvi Mann. Eso me llevaría a escribir un nuevo artículo como comentario, al estilo de los comentarios talmúdicos. Voy solo a retomar algunas de las ideas que quedaron en mi mente después de su lectura. Podemos situar este artículo en la misma perspectiva vincular y transgeneracional que los anteriores. Su trasfondo es el de los multiples ataques terroristas de los que son víctimas los civiles israelianos, ninos como adultos. El título es una frase que se le puede atribuir al muerto como si en una fantasía pudiesemos imaginarle espectador de lo que va ocurriendo después de su muerte. En las primeras líneas, la autora define claramente el tema de su artículo: el estudio de los procesos inconscientes únicos que se producen en las familias y en las parejas que han experimentado la perdida a continuación de un ataque terrorista. Insiste sobre el caracter único de esos procesos inconscientes. ¿Cuales son esos procesos y qué tienen de único? Durante muchos años trabajó con familias víctimas de esos ataques, lo que la llevo a la conclusión que la agresión/agresividad tanto manifiesta como latente contituye el componente emotivo principal que pone en peligro a los miembros de la familia en cuanto individuos y a la familia – como unidad familiar – en la medida en que hay un cúmulo continuo de energía destructiva en nuevos, diversos y diferentes patterns emocionales. Retoma la explicación de Freud de 1920, recordándonos que este último considera la agresión como una tentativa del sujeto para controlar la situación traumática, transformando el rol pasivo en rol activo: la agresión es, por consiguiente, la respuesta al trauma. El psicoanálisis considera que el impacto de los acontecimientos traumáticos en la psíquis sólo pueden ser tratados a través de la elaboración de un conocimiento más profundo de su significado singular para el individuo, lo que permitirá su integración en el consciente. El trauma, nos dice la autora, afecta y trastorna el nucleo de la identidad individual, y puede dañar la capacidad de simbolización del individuo. Puesto que el sobreviviente no podrá jamás restaurar el estado pre-traumático, el duelo hace parte del proceso terapeutico, a lo que se añade el duelo del miembro querido de la familia. La necesidad de enfrentar el alcance de la destructividad humana hace que la tarea de la terapia sea muy dificil. La bomba, de artefacto material, se convierte una vez que ha estallado, en bomba metafórica, en «bola de fuego» cuya energía destructiva y mortal busca hospedarse en un miembro de la familia que sera su contenedor.
Contener una agresividad excesiva signifíca poner en peligro el equilibrio intra-psíquico y vincular, por consiguiente, es como si los miembros de la familia “jugasen” a deshacerse de la “bola de fuego”, lanzandosela el uno al otro. Ser el contenedor es algo insoportable.
Más se intensifíca la agresividad y más se corre el riesgo de romper las organizaciones defensivas primarias, lo que puede causar reacciones patológicas tales como una descompensación psicótica, un suicídio, un divorcio mismo en las familias que nunca sufrieron trastornos emocionales.
El resto del artículo determina lo que constituye el proceso terapeutico con esas familias y las etapas que se deben seguir. Sigue luego la exposición del caso que permite ilustrar las elaboraciones teóricas expuestas anteriormente.
Bibliografía
FREUD S.(1908 [1992]), La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna in Obras completas (1906-1908), tomo IX, Amorrortu editores.
Freud S. (1915 [1992]), De la guerra y muerte. Temas de actualidad in Obras completas (1914-1916) , tomo XIV, Amorrortu editores.
Freud S. (1921 [1992]), Psicología de las masas y análisis del yo, in Obras completas (1920-1922), tomo XVIII, Amorrortu editores.
Freud S. (1927 [1992]), El povernir de una ilusión in Obras completas (1927-1930), tomo XXI, Amorrortu editores.
Freud S. (1929 [1992]), El malestar en la cultura in Obras completas (1927-1930), tomo XXI, Amorrortu editores.
Freud S. (1933 (1992)), ¿Por què la guerra ? in Obras completas (1932-1936), tomo XXII, Amorrortu editores.
Freud S. (1939 [1992]), Moisés y la religiòn monoteísta in Obras completas (1937-1939), tomo XXIII, Amorrortu editores.
Kahn L. (2005), Faire parler le destin, Paris, Klincksieck.
Laval Guy (2002), Bourreaux ordinaires, Psychanalyse du meurtre totalitaire, Paris, Épîtres, P.U.F.
Scarfone Dominique (1999), Oublier Freud?, Montréal, Les Éditions du Boréal.
* David Benhaïm – 900 Rockland App 309 – Outremont, Québec, H2V3A2 Canada

