REVISTA N° 04 | AÑO 2008 / 2
EDITORIAL
Anna Maria Nicolò
En todo el mundo parecen aumentar las manifestaciones de la violencia en la pareja. Todo esto podrìa parecernos extraño, sobre todo si lo comparamos con el nivel de desarrollo de la sociedad occidental.
Es conocida la dificultad de las personas y de las familias con problemas de violencia para contener los impulsos y elaborar las frustraciones. A menudo se caracterizan por un funcionamiento concreto, con dificultad para la elaboraciòn y la reflexiòn. El sujeto violento utiliza el mecanismo primitivo de la identificación con el agresor; de ese modo se defiende de sentirse excesivamente pasivo y de estar a merced de un perseguidor incontrolable, que representa el polo activo de la relaciòn. Como lo nota Clulow en este numero de la revista, “niños abusados pueden inculparse a si mismos antes que pensar a sus figuras afectivas como abusadores, disminuyendo su capacidad de pensar y actuar como individuos”.
El hecho que en su familia originaria estas personas hayan sido maltratadas determina la repeticiòn del comportamiento y algunos estudios interesantes (entre otros Person, Clulow) han sacado a relucir como el recuerdo de los maltratos y de los abusos es a menudo desplazado y disociado. El recuerdo del hecho traumatico se organiza mas a nivel sensomotor o iconico que verbal; en otros terminos “la imagen traumatica” se codifica como una representaciòn de “cosa” mas que de “palabra” (Person y Clar).
La recuperacion de tales recuerdos traumaticos no es siempre espontanea, ya que suelen estar disociados. El elemento mas importante y patogeno desde el punto de vista psicologico y de la transmision generacional es la disociaciòn, un mecanismo de defensa de que el sujeto dispone para defenderse de los efectos devastadores de dichos traumas. Pero la situacion es compleja, y no solo desde el punto de vista del recuerdo, como han señalado acertadamente diversos autores.
Para protegerse a ella misma del suceso traumatico (que tendrìa consecuencias desastrosas desde el punto de vista psicologico), pero tambien para mantener el importante vinculo que tiene con el padre o con la pareja en el plano afectivo y relacional, la persona maltratada se ve forzada a la negacion y a la disociacion incluso de lo vivido y por lo tanto de su personalidad.
A menudo dicha disociacion se mantiene en el funcionamiento familiar por la necesidad de mantener el secreto sobre la violencia y fundamentalmente sobre los abusos. Por eso existe una personalidad aparente y una identidad real de la familia y de las personas involucradas que estan en contradiccion. El niño aprende por ello una particular modalidad de funcionamiento y especialmente a no reconocerse como “un sujeto dotado de derechos en cuanto a persona”.
La comprension de este caso, como la de otros parecidos, nos pone ante la necesidad de realizar una observacion que tenga en cuenta los niveles relacionados entre sì, un nivel intrapsiquico y uno interpersonal.
No obstante, lo que es basico en este discurso es el nivel interpersonal en la pareja, esto es, como ambos miembros coinciden en construir una relacion de maltrato. Usando la expresion de Pichon Riviere (1979), podemos decir que aquì nos encontramos en presencia del vinculo como paciente (el paciente vincular como dice Pichon Riviere) y como este vinculo, con sus caracteristicas de ser externo al ser pero también como expresion de la union entre dos personas que lo constituyen, perdura en el tiempo por una parte compensando a los dos miembros de la pareja, y por otra inmovilizandolos en roles y funciones complementarias. Aunque sea dificil aceptarlo, la violencia en la pareja no es nunca una expresion de la vejacion de uno hacia el otro. Una complicidad inconsciente ata al perseguidor a su victima.
Y a veces la situaciòn producida da un vuelco a la vida de la pareja y asì aquel que era la victima puede convertirse en el perseguidor. Como han afirmado muchas veces numerosos estudiosos del tema (Kaplan 1999, De Zulueta1993) el problema no està en que las mujeres se convierten en victimas “porque todas las mujeras son susceptibles de convertirse en victimas en nuestra sociedad”, sino en su comportamiento despues de los abusos y de los maltratos. Por ello, estas mujeres perdonan a sus maltratadores, olvidan lo que ha sucedido y reemprenden la peligrosa relacion manteniendo en secreto todo aquello que ha ocurrido, llegando a veces a obstaculizar los tratamientos psicologicos. Frente a la identificacion inconsciente con una figura humillada y maltratada como ha sido la de estas mujeres en
su infancia, sus compañeros se muestran rapidamente dispuestos a reaccionar contra cualquier movimiento relacional que ponga en duda las reglas de poder y de control reciproco sobre las cuales està basada su identidad masculina.
Esta clase de vinculos lleva finalmente a un tipo de despersonalizacion del otro en el caso especifico de la mujer, pues ella no es reconocida como una persona dotada de emociones, sentimientos y derechos.
En conclusión, no estamos solo en presencia de un sintoma especifico, sino que el funcionamiento mental, ademas de la vida misma de la paciente, son expresion de un trastorno. Y así, para definir mejor este aspecto, el síntoma que estos pacientes nos presentan, es su vida misma
En realidad no existe un maltrato o un trauma sexual que no esté también, y especialmente, precedido por un trauma relacional, lo que Masud Khan (1974) define como trauma acumulativo. Mejor dicho, por citar las palabras de Novick, el trauma relacional, sìntoma de una relacion patologica entre el padre y el niño y expresion de una externalizacion del padre, “viola el ser del paciente mucho antes que tenga lugar” cualquier otro trauma. Pero esta es naturalmente una especie de cadena. Como justamente nota Jill Scharff en este numero esta especie de trauma influencia la calidad y la manera en las cuales son vividas las etapas del desarrollo emotivo y del ciclo de vida de esos pacientes.
Y sobre este nivel aunque con palabras diferentes se detiene Rosa Jaitin que observa como las luchas fratricidas, las separaciones violentas o los incestos provocan efectos de sideracion psiquica en la familia y en la transmision generacional y en este punto la violencia familiar emerge como forma de resistencia y lucha contra el derrumbe psiquico.
Es fundamental, por lo tanto, interrogarnos sobre la modo de abordaje terapeutico que un analista debe llevar a cabo en caso de tener que tratar con tales pacientes. Para nosotros el trabajo no serà unicamente en el plano individual, sino que la familia entera y a veces la pareja deberàn ser objeto y protagonistas del tratamiento.
Podremos considerar como, en estos casos no solo el paciente que merece nuestra atenciòn es la victima de un maltrato o de un abuso, sino que el perseguidor lo es también a su vez, dada su problematica, su incapacidad para controlarse y el trastorno producido por su sexualidad.
También los otros miembros de la familia son problematicos. A menudo con su ocultaciòn compulsiva de los hechos, con su manera de pretender que no han visto nada se convierten en complices del problema (no solo de hecho sino también de una manera fantasmatica); lo cual, no lo olvidemos tiene una vertiente legal y criminal ademas de una bàsicamente psicologica.
Cuales vias recorrerà la intervencion terapeutica? Elaboracion del trauma? Mentalizacion? Transformacion de los sentimientos de verguenza y culpa? Y como trabajaremos sobre las defensas, sobre los vinculos violentos, sobre las dimensiones transgeneracionales? La formación también confronta al sujeto con la inevitable violencia relacionada con el proceso de crecimiento y diferenciación, y algunas características de esto están descriptas en el artìculo de Maurice Blassel que cierra el número y que ha sido puesto en la sección ”work in progress” con la intención de la revista de abrir un debate sobre ese tema candente.
Bibliografia
DE ZULUETA F. (1993). From Pain to Violence. London: Whurr Publishers.
Kaplan A.G., citado en De Zulueta F. (1993). Dal dolore alla violenza. Milano: Cortina, 1999, p. 291.
Khan M. (1974). The Privacy of the Self. London: Hogarth Press.
Nicolò A.M. (2002). La violencia en la pareja. In: Pérez-Testor C., Alomar Kurz E. (comp.), Violencia en la familia. Barcelona: Edebé, 2005.
Person S.E., Klar H. (1994). Il trauma tra memorie e fantasie. In: Ammaniti M., Stern D. (comp.), Fantasia e realtà nelle relazioni interpersonali. Bari: Laterza, 1995, pp.113-139.
Pichon Rivière E. (1979). Teoria del vinculo. Buenos Aires: Nueva Vision.

