REVISTA N° 5 | AÑO 2009 / 1

Narración, historia, construcción


Narración, historia, construcción 

En este trabajo, el autor trata de mostrar cómo, también en el niño adoptado se hace evidente la búsqueda de su propia historia personal y cómo esto puede advenir a través de la constitución de una historia nueva que comprenda los pocos flash de la memoria.

Palabras clave: adopción, narración, construcción, historia personal.


Narration, histoire, construction 

Dans cet article, l’auteur cherche à nous montrer comment la recherche d’une histoire est évidente pour l’enfant adopté et comment cela devient possible grâce à la construction d’un nouveau récit.

Mots-Clés: adoption, narration, construction, histoire personnelle.


Narration, history, construction

In this piece of work I will try to outline how evident the search for one’s own personal history is in a situation of an adopted child, and, furthermore, how such a history may be constructed through the building up of anew narration.

Keywords: adoption, narration, construction, personal history.


ARTÍCULO

Narración, Historia, Construcción

Claudia Artoni Schlesinger

Prologo

La ignorancia de lo ajeno. La ignorancia del otro.

Este es el título de un festival que se ha realizado en Benevento, en la primavera – verano 2009. Me parece que el tema sobre el cual se trató es también significativo con respecto a la cuestión de la adopción. Se ha hablado en apariencia de lo otro, de lo jeno. Es más, se ha indagado sobre “el trabajo del actor contemporáneo como práctica conformista para cazar al Diferente de la escena” (de acuerdo a las palabras de presentación del festival).

Incluso en ese contexto se ha hablado del Diferente y de cuán difícil es hacer que este distinto no  sea expulsado, tanto si se refiere a un concepto como a una persona.

El conocimiento del otro

En el Festival se hablaba del Diferente en el sentido de aceptación en el campo teatral como del “no conforme”.

¿Y quién es, es cambio, El Otro, El Diferente, El No Conforme, en el que nos interesamos en este trabajo sino el niño o en general la persona adoptada?

El problema de la adopción es relativo al conocimiento de una cosa ignorada y muy difícil, sino imposible de acceder al conocimiento; sea a la conciencia tanto de la persona adoptada como de sus padres.

Para los padres adoptivos existe también la ignorancia de algo muy doloroso como es el desconocimiento de los primeros momentos de vida del propio hijo, del período en que no han podido vivir juntos. Se agrega a esto, el deseo profundo que emerge durante la vida en común, en el contacto con el hijo,  de haber generado ellos mismos un hijo propio tan amado. Este deseo comprensible puede llevar a esconderle al hijo, de ser posible, el hecho mismo de ser adoptado. Es el conocimiento, la imposibilidad o la falta de deseo de alcanzarlo, lo que crea conflictos tanto internos (en la mente), como externos entre padres e hijos. En la historia mítica hay un precedente: un hijo adoptado, que con su historia trágica ha creado, de cierta manera, el psicoanálisis a través del genio de Freud, o sea Edipo. También Edipo es hijo adoptivo y tiene entre sus metas esto: “de la recherche d’ une connaissance secrète” (la búsqueda de un conocimiento secreto) (De Simona 2006). Los hijos adoptivos buscan incluso ellos un conocimiento secreto, aquel de sus orígenes.

Es notorio además, y aceptado por aquellos que se ocupan de la adopción, que aunque si fuese posible conocer la realidad histórica del hecho, la pregunta de fondo que se haría cualquier persona adoptada sería: ¿Quién soy yo? ¿Quiénes eran mis padres? ¿Por qué me han abandonado? Las preguntas no serán satisfechas. Son las eternas preguntas que Edipo le hace al oráculo de Delfos. Buscaré ilustrar en este trabajo cómo, también en el niño adoptado, que no es nunca una tabula rasa, se hace evidente la búsqueda de su propia historia personal y cómo esto puede advenir a través de la constitución de una historia nueva que comprenda los pocos flash de la memoria (aquella implícita, Stern y otros 1998; Mancia 2004, 2007) que pueden emerger en la mente, a través de los sueños en las personas adultas  y en los dibujos – sueños, como me gusta llamarlos, de los niños adoptados (Artoni 2006). Pero no sólo también a través de aquello que hacen y dicen estos niños, a menudo extraordinarios, sino con su creatividad.

Retengamos que este trabajo interno / externo que se realiza a

través de la construcción de una historia nueva que nace de la adopción y de la relación fundamental entre los padres adoptivos y los hijos, se debe comprender porque se crean verdaderos vínculos de tipo familiar, aquello que eventualmente se sabe de la vida precedente del niño, como se ha dicho más arriba, que se funde en una única historia que comprende todo: los padres e hijos adoptivos, más las imágenes fantasmáticas de los padres naturales que están en los hijos, pero también en los padres adoptivos.

Para afrontar el tema comenzaré por narrar algunas historias que se pueden acercar al conocimiento parcial del otro a través del develamiento progresivo de su mundo interno y externo.

Narración, historia, construcción

La hipótesis que hemos formulado en el grupo de trabajo[1] sobre el tema de la adopción, es que la narración de una historia de sí, aunque sea nueva y no esté apoyada por acontecimientos reales, tanto como para hacer aquello que el conocimiento histórico no pudo construir por sí solo en el niño (adolescente / adulto) adoptado: o sea una imagen de sí no más fragmentada, que le permita una inserción normal en el tejido social en el cual vive. Ilustraré también la técnica de los tratamientos con la familia adoptiva llevada a cabo por nuestro grupo.

Narraciones de historias

Una historia de sí que puede ser contada es el punto de partida fundamental.

Una persona que no tiene una historia, o que tiene una que no conoce, no tiene una identidad, no sabe quién es.

Lo decía, entre otros, también Walter Benjamin[2].

Marco y su historia, que se va componiendo pedazo a pedazo en el largo trabajo psicoterapéutico con Fiamma Buranelli[3], seguirá como demostración de la posibilidad que ofrece el trabajo analista / paciente de realizar una nueva construcción del sí mismo, a través de un trabajo mental intenso y creativo.

Marco es un adolescente, ha finalizado felizmente su larga psicoterapia con Fiamma Buranelli y ha comenzado su camino autónomo por la vida futura.

De los orígenes de su vida se sabe lo poco que sus padres adoptivos cuentan: comenzó con mucho sufrimiento. Incluso los futuros padres han tenido que afrontar un recorrido difícil para llegar a la decisión de adoptar y después para superar el primer impacto del encuentro con el niño en el orfanato, en el que había sido internado después del abandono de su madre biológica. Del padre, como casi siempre ocurre, no se tenía ninguna noticia.

Luego de haber conocido al niño, los padres adoptivos han demostrado quererlo mucho, tenaz y profundamente, a pesar de que en el primer encuentro, cuando era todavía pequeño (tenía poco más de un año) se les había mostrado un pequeño ser perdido. Como muchos niños en esa condición de vida, no había adquirido las funciones normales de su edad: estaba sentado con dificultad y no podía asumir la posición erecta, ni hablar de caminar. También había estado enfermo de una infección viral, necesitando un período de hospitalización en el que se había vuelto hacia sí mismo como un pequeño erizo, sin contacto con el mundo circundante.

Los futuros padres, en el momento de la dolorosa pero necesaria primera separación (así disponen los reglamentos de adopción de aquel país), le regalaron un gran peluche; y luego en el tiempo establecido volvieron para llevárselo.

Marco se quedó con el peluche, suave y grande como con un inmenso seno materno.

Es el inicio de una nueva historia para Marco, quien perdió con los padres naturales su primera familia y la posibilidad de mantener la continuidad del ser que tenía comienzo. Esto ya es largamente reconocido por muchos y recientes estudios de las neurociencias, ese ser que aparece muy precozmente desde el punto de vista psíquico en la vida fetal.

¿Pero qué significa para un nuevo ser, para una pequeñísima persona en formación, perder la continuidad del ser?

La memoria para la persona adoptada, que a veces es recuperada parcialmente, tiene que ver casi siempre sólo con la memoria implícita y por lo tanto con el modo sensorial. Y está ligada a cambios traumáticos de alejamiento catastrófico de los objetos primarios, del ambiente y de los lugares de origen.

Advenimientos (Artoni 2006) relativos a los cambios de lugares fundamentales para la vida de un niño, que interrumpe la continuidad del ser, diría Winnicott (1995).

En presencia de una ruptura de la continuidad del ser que no puede ser reconstruida eternamente resulta fundamental para el trabajo del analista, que como dice Bion (1996) debe darle mucho espacio a su intuición que le permitirá crear vínculos, tanto si se han interrumpido, como si no se han creado nunca.

No creo que sea posible reconstruir la continuidad para una persna adoptada que pierde (Artoni, 1997)[4], “el cofre de la memoria” representado, en las condiciones de vida normal, por la presencia de los antepasados (no sólo los padres y abuelos, sino también las historias que se cuentan en la familia sobre los antepasados) (Pogue Harrison, 2004)[5]

Se dice de niños que llevados al cementerio para visitar la tumba de sus abuelos adoptivos subrayaban a los padres como si para ellos fuera posible darle una cara a quien los había generado, cuando para estos niños adoptados eso era imposible

En estas personas se manifiesta entonces el dolor profundo que nace del no saber, no recordar, no saber dónde colocarse, de dónde se viene, de dónde se proviene, a quién se parece y a quién se le parece y no tener nadie a quien poder preguntar. También en estos casos se tiene que tomar en cuenta, con la falta de continuidad del ser y con la capacidad de tolerarla, sin perderse en la nada como hacen algunos de estos niños, que no están en condiciones de tolerar una situación de gran sufrimiento (Artoni 2006).

Sería fácil poder responder a preguntas así dolorosas con el pensamiento que ha dominado en el ámbito de aquellos que se ocupaban de la  primera infancia, que si estos niños fueron adoptados de muy pequeños está bien, no se verifican traumas particulares porque “no saben, no recuerdan, olvidan”.

Este convicción  fue (e incluso ahora) difundida hasta hace poco tiempo atrás.

Dina Vallino y Claudia Artoni escribían  ya en el 2001, a propósito de un problema de custodia y de adopción negada a los custodios: “No somos de la opinión de que (un niño pequeño) esté listo a introyectar una pérdida y luego tener cicatrices permanentes”. Al contrario muchos psicoanalistas (Stern, Cristal, etc.) que han observado y han tenido experiencias terapéuticas con niños traumatizados en edad precoz mostraron que estos niños (y esto se aplica  también, y quizás aún más para niños pequeños), pueden  experimentar un estado mental que está conectado a la angustia de muerte, cuyas manifestaciones no son tanto el miedo a la muerte, sino una suerte de terror mortal. Una situación bio – traumática que repercute globalmente en los procesos mentales de la persona, que influyen en la categoría del recuerdo, de la representación, de la simbolización, de la mentalización. El niño traumatizado a edad precoz, hasta donde los adultos podemos detectar, no tiene un recuerdo que se pueda contar”.

Nosotros (entiendo por nosotros a los del grupo de adopción) deseamos llegar a mostrar (como hemos dicho anteriormente  no demostrar, porque esto lo han hecho ya los neonatólogos y los neurocientíficos), como aunque un niño pequeño sufre puede igual construir, recuperar una integridad de sí a través de una relación afectiva nueva y buena, que permita la construcción de una historia que a diferencia de la primera pueda llegar a ser contada y adquirir un sentido.

También mencionaré algunos pensamientos – emociones suscitados en un hombre joven adoptado al realizar una visita a su país de origen. Había tomado la decisión de ir allí, en donde nunca había estado solo, porque resolvió solucionar la ignorancia del otro, que en su caso era la ignorancia de su país de origen visto desde la parte menos conocida, la del sufrimiento de los niños abandonados porque los padres no pueden darles el mínimo indispensable para sobrevivir.

El joven, al que llamaré Battista, yendo a su país de origen había encontrado no sólo a los niños abandonados con una fuerte ansiedad de separación, sino también ritmos de música típica de su país, que no creía conocer, pero que lo hacían moverse en la danza como si los hubiera conocido desde siempre.

Battista, al volver a su país en el cual vive luego de la adopción (“está aquí mi casa, mi vida”, dice), está pleno de emociones entre las cuales prevalecen la alegría mezclada con la melancolía y la nostalgia. Subraya que los niños abandonados que ha encontrado tenían reacciones emotivas similares a las suyas, como una fuerte ansiedad de separación. Agrega pensativo: “Es extraño porque mi abandono ocurrió inmediatamente después de nacer y no he estado ningún período en un orfanato.” Su adopción fue realmente buena. A pesar de ello también ha sufrido y sufre de ansiedad de abandono y de separación, como ha podido constatar  en los niños encontrados allá.

Sus palabras confirman aquello que Vallino y yo escribíamos a propósito de las reacciones a los abandonos precoces.

La nueva historia de Marco

Marco tiene en cambio una historia diferente y constituye un modelo importante de recuperación, de relaciones afectivas y de construcción de un ser cohesivo a pesar de la fragmentación  de las experiencias pasadas. No hablo sólo de un ejemplo, sino de un modelo que confirma las hipótesis de que sea posible la recuperación a través de la relación.

Imbasciati (2009) describe de manera profunda cómo sería la relación que daría origen y construiría el aparato mental de una persona.

La historia de Marco es entonces importante para poder mostrar, ante todo, la posibilidad de individualizar signos claros del sufrimiento del niño pequeño (tenía sólo unos pocos meses) al momento del abandono de parte de la madre y de su internación en el orfanato; signos de sufrimiento que se representaron peligrosamente cuando fue hospitalizado. En aquel momento se había retraído en sí mismo sin más contacto con el mundo externo. Se sabe con certeza que también el niño muy pequeño reacciona a los estímulos externos con todo el soma, siendo un todo que no teniendo todavía una capacidad de comunicación con el lenguaje, no puede más que expresarse de esa manera.

Todos conocen los primeros estudios de Spitz (1962) sobre la hospitalización de niños muy pequeños que, aunque curados materialmente sin defectos, podían llegar a la muerte por la falta de contacto con un care – giver estable.

Pero debemos volver a Marco: naturalmente relaciona la historia de todos estos hechos del primer período conocido de su vida, y llega a saber de los padres adoptivos.

Y así comienza la historia, la nueva historia de este pequeño que encuentra a alguien, los nuevos padres, capaces de contarla.

Marco, cuentan ahora los padres, ha tenido un primerísimo y breve período de vida con la madre natural, con la que es posible imaginar que habrá habido un contacto no del todo negativo. Relación interrumpida muy rápido y luego el niño fue internado en el orfanato.

Nuestra experiencia nos ha permitido constatar muchas veces como incluso breves períodos pasados con la madre, sobre todo en las fases iniciales de la vida, son capaces de sentar las bases para construir un sí mismo más integrado, incluso aunque luego suceda el abandono y la adopción[6].

En el caso de Marco la historia aunque se inició con un comienzo negativo, se desarrolló positivamente. A favor de este niño han jugado probablemente una buena dotación personal, que no fue destruida  por las situaciones traumáticas precedentes vividas, y un buen ambiente relacional encontrado en la familia nueva. Además de todo esto y no en último lugar, ha contribuido un intenso y profundo trabajo psicoterapéutico.

Estas alusiones a la historia narrada, no importa si no son confirmadas por la verdadera historia del niño, del que sólo sabemos aquello que cuentan los padres adoptivos, dan comienzo a una nueva narración que comprende al niño y la los padres.

Construcción de la persona

Todavía un flash de la psicoterapia de Marco parece ilustrar el pensamiento según el cual son las relaciones y las situaciones ambientales las que constituyen el ser de la persona (Imbasciati, 1998,2009).

Buranelli, a su vez, narrando el desarrollo de la psicoterapia, refiere que luego de un primer período en el cual el niño (tenía seis años) se movía groseramente en la habitación, casi representando su no poder encontrar puntos donde aferrarse como en un contenedor seguro, el niño llega a la sesión con un objeto diciendo: “es de mi mamá”. Es un pisa papas. Toma los  trozos del pongo que había utilizado siempre desordenadamente, y los mete en este objeto culinario. Aplasta y salen tiras de pongo de colores mezclados que muestra muy  contento a la colega.

Según Buranelli este juego hecho en la sesión con la terapeuta, pero con un objeto materno, no se puede pensar más que en la función ordenadora de la mente materna y analítica que a través de la capacidad de contener en su interior los grumos de emociones y sensaciones fragmentadas e insoportables, logra transformarlos en pensamientos creativos y construir vínculos familiares (los diversos colores, la mezcla) que permiten a la mente pensar.

Nosotros, los del grupo que escuchamos, estamos fascinados al ver realizada y representada por un niño, que no se hubiera pensado nunca que pudiera hacerlo, la capacidad de la mente materna y analítica juntas, que a través de la relación ha sido capaz de ordenar la confusión existente en la mente de Marco.

Al mismo tiempo los padres seguidos por otra colega del grupo, Patricia Gatti, en un primer momento de gran disconformidad en el pensamiento (así decía la madre acerca de su esterilidad) “no ser capaz de hacer nada bueno”, comenzando a poder apreciar en vez, la posibilidad de tener un buen contacto con Marco “de hacer cualquier cosa buena”, diríamos nosotros.

Es ciertamente esto (la capacidad de transformación de los grumos des pensamiento, en pensamientos ordenados y creativos) el trabajo que, sin saberlo, hacen incluso los padres adoptivos en el contacto continuo con una pequeña persona que muchos de ellos saben observar atentamente. Las observaciones de los padres son preciosas para el psicoterapeuta llamado a ayudarles (Mastella, 2009).

Es la relación que construye y ajusta la mente. (Imbasciati 2009)

¿Qué significa adoptar?

La descripción más simple es aquella que dice que un niño que no tiene más una familia entra en una nueva familia.

Este niño entonces es un persona que, habiéndola tenido al comienzo, no tiene más una historia. O mejor dicho tiene una historia desconocida, no transmisible.

Adoptar, he dicho, es un modo de darle una familia  a un niño que no la tiene más y está en estado de abandono; pero es también, y no debe ser olvidado, darle un hijo a las familias que no lo tienen, o bien que teniendo los propios, piensan que pueden ofrecer un espacio afectivo incluso a otros.

La actitud mental y afectiva de los padres en la confrontación con un hijo adoptivo es necesariamente diferente respecto de aquello contra un hijo natural, incluso si cada tanto se siente afirmar lo contrario.

Cuando digo diferente no significa sostener absolutamente que el vínculo afectivo entre los padres y el hijo adoptivo sean menos profundos que aquellos existentes en una familia natural, pero simplemente que son diferentes en sus raíces.

No podría ser de otro modo, porque el hijo adoptivo (Arrigoni, 2002) viene de afuera, no es generado en la familia, es en todo sentido un extranjero.

Pero debo subrayar que hablando de extranjero no me refiero al niño nacido en otro país que no sea Italia, el extranjero que viniendo de afuera, o sea de otra familia, podría incluso haber nacido en la puerta de al lado.

Algini (2003) habla también del hijo natural como de aquel extranjero que sin  embargo nos pertenece profundamente.

He afirmado a menudo que la adopción es, en la mayor parte de los casos, el encuentro entre muchos traumas: aquel del abandono súbito del niño, y casi siempre aquel de la esterilidad de los padres que decidieron adoptar.

El encuentro por ende entre dos grandes sufrimientos que están incluidos en los afectos profundos y duraderos que provocan, y que a menudo son subestimados. Subestimados en el sentido de que se tiende a olvidar, a no aprovechar los signos antiguos de este sufrimiento.

Una nueva narración nace en la vida de la familia adoptiva que se enriquece continuamente de numerosos mosaicos.

Se da origen así a la construcción de una historia compartida, que permite en la relación con los varios miembros de la familia, el desarrollo en el nuevo individuo del ser separado.

Bion (1996) afirma que no es importante conocer los hechos de la vida del paciente y que el analista debe estar libre de intuirlo. No sólo intuirlo, sino darle forma a la historia que nace de la nueva narración.

Como todas las historias, incluso esta está hecha de momentos felices y de períodos de mayor o menor dificultad y sufrimiento. Momentos que se manifiestan en los primeros períodos de la vida de la nueva familia, cuando el niño es todavía un desconocido al que no siempre resulta fácil entender el significado de su comportamiento. Tiene que ver con una pequeña persona nueva que todavía tiene que ser conocida. El trabajo de los padres  para adaptarse al niño y del niño a sí mismo y al nuevo ambiente, no puede ser otra cosa que arduo, comprometido, lleno de dudas. En suma difícil.

Es muy raro hoy en día que exista la posibilidad de adoptar un niño recién nacido ya que hay pocos niños declarados para adoptar, pero puede suceder. Las observaciones conducidas por Dina Vallino (2004) según el método de la infant observation, le hicieron formular la hipótesis importante de que ya en el neonato hay reacciones detectables que hacen pensar en una profundización alfa activa en los primerísimos meses de vida del niño. La observación conducida por Gasparini Occhi (1989) sobre una recién nacida adoptada, pone en evidencia aquello que podríamos llamar los primeros sufrimientos de una recién nacida independiente de la madre natural. Ésta observación parece ilustrar la hipótesis que luego formularía Vallino. Se debe prestar particular atención no sólo a las reacciones más evidentes de mal estar de los niños más grandes, si no también a aquellas menos comprensibles de los niños más pequeños que se manifiestan en disturbios somáticos (rechazo de la alimentación, insomnio, llanto incontrolable).

Cada niño es un individuo separado, único, irrepetible que, aún que pequeño, posee sus características no llevadas a un modelo predeterminado.

Debemos considerarlo una persona, aunque pequeña, conocerla en su individualidad y si es posible en su pasado. No es fácil porque normalmente no se sabe casi nada de su vida primigenia.

Podemos no llegar al conocimiento real de los hechos que han caracterizado a los primeros tiempos de aquella vida misteriosa que se propone, pero sí intuir aquello que nosotros psicólogospsicoterapeutas-psicoanalistas indagamos con varios métodos y llamamos mundo interno. O sea las imágenes que están en el niño y a las que se puede llegar a veces a través de breves flash, quizás de memoria ( teniendo en cuenta que la memoria, como sabemos bien ahora está siempre deformada por el tiempo); por los sueños de las personas adultas ( Mancia 2004,2007); por los dibujos-sueños de los niños adoptados capaces de transmitir profundas emociones y ecos de mundos lejanos (Artoni  2006).

La historia de la que podemos saber, los hechos mejor dicho, tienen a menudo inicios absolutamente trágicos. Son historias de abandono, de privaciones  y también de maltratos físicos de los que no se sabe casi nada. A veces quedan huellas bajo la forma de cicatrices en el cuerpo, que la persona adoptada no sabe reconducir a una memoria que pueda ser comunicada.

“Memories in feelings” decía Klein (1961) este concepto  fue retomado y ampliado en “recuerdos somáticos” (F.Meotti, 1998)[7]. Recuerdos que parten del cuerpo. Recuerdos no concientes, no traducibles en palabras. Sensaciones que contienen en sí mismos la reacción a los acontecimientos a los cuales estuvieron expuestos.

El pedido de ayuda d ela pareja adoptiva

Las nuevas parejas adoptivas piensan a menudo que con el amor con el que se sienten plenos, todas las dificultades serán resueltas y resulta muy duro que a la inversa a menudo “el amor no alcanza”.  “¿Y si el amor no alcanza para recibirlo y criarlo adecuadamente, qué se necesita hacer?” Preguntan y se preguntan los padres. Y a su vez a nosotros considerados “expertos” que podemos llegar a ayudarlos. Pero también para nosotros ha sido y es necesario hacer continuamente un recorrido de búsqueda, a menudo junto a ellos, para llegar a algún conocimiento de este mundo misterios pero fascinante e incluso menos lejano de aquello que se teme. A veces es suficiente intervenir con una ayuda que consista en llevar a la conciencia que el amor, ciertamente necesario, a veces está sazonado de desilusiones, expectativas no realizadas, sentimientos agresivos que se presentan en los hijos, incluso en los padres sin preaviso. Y en emboscada, en los momentos difíciles se hace una pregunta: ¿Quién me mandó meterme en esto? Naturalmente con el consiguiente sentimiento de culpa.

Nuestro trabajo consiste entonces en que puedan hacerse cargo de estos sentimientos de culpa y de insuficiencia, volviendo menos dramático pero tratando de entender cuáles son los nudos, los enganches que hacen difícil, a veces aparentemente imposible, la relación. No deseamos mencionar los casos peores que a veces sin que se declaren llevan a la “restitución” del hijo. ¿Y a quién?. Ahora el niño o el adolescente es hijo con todas las marcas de la pareja y entonces la restitución significa solo llenar la comunidad de niños inadaptados.

No deseamos hablar de estas historias tristísimas de nuestro país que no pueden si no recordar la política de devolución de los inmigrantes a su país de origen, sin posibilidad de entender las razones que impulsan a estos desesperados a huir de países, a menudo en guerra (y de guerra sin cuartel); pero sí de aquellas historias que teniendo quizás padres más concientes; condiciones de vida en ambientes favorables a la formación de un niño y también servicios sociales más preparados obtener resultados positivos a pesar del inevitable paso a través de dificultades a veces muy grandes.

En estos casos más favorables, en situaciones en que es admitida una apelación, podemos decir ahora que sabemos qué hacer con padres que no se asustan, que buscan las soluciones, incluso como ya dijimos contactándose con cd. expertos.

El trabajo del grupo de estudio para la adopción

Nuestro grupo pora el estudio de la temática de la adopción (al que nos hemos referido anteriormente), constituido informalmente en 1998 en el Centro Bedetta d’ Intimo y que luego se volvió autónomo en 2007, está compuesto por psicoterapeutas con preparación psicoanalítica.

La experiencia de largos años de trabajo común sobre el campo, nos ha permitido poner a punto un método de trabajo que utiliza mucho el grupo como punto esencial de referencia.

De las primeras entrevistas de consulta primero con los padres,  luego con los hijos y si fuera necesario con la familia completa, la discusión de grupo es esencial. Esencial para la comprensión de los problemas que emergen de las peticiones de varios miembros de la familia, y para las decisiones sobre las intervenciones que se consideran más útiles en aquel contexto en particular.

A veces simples entrevistas de aclaración de las dificultades evidenciadas por los padres son suficientes para disolver los nudos que se oponen a una buena continuidad del contacto familiar, otras veces es necesaria una intervención más importante en varios miembros de la familia.

Artoni escribía en 2006 “Mi tarea, en el ámbito de las competencias que cada uno de los componentes del grupo fueron adquiriendo ha sido aquello de ocuparme de las parejas de padres, tratando de evitar en lo posible poner en terapia a los niños, normalmente los pacientes designados. La razón de esta elección está en el hecho de que hemos constatado cómo estos niños, que siempre llevan dentro de sí el miedo a ser abandonados, viven a menudo como un nuevo abandono cada situación en la cual resulte asignado a otros”.

Si se decide intervenir con una psicoterapia para el hijo hemos adoptado un método que a menudo ha dado resultados favorables. O sea un colega tiene en psicoterapia al hijo, niño o adolescente, y otro a los padres.

Fueron llamadas psicoterapias paralelas. Un elemento importante de estas psicoterapias es el continuo intercambio entre el terapeuta del niño y aquel de los padres.

Este método hace que sea posible poner en evidencia problemas, fantasías y dinámicas en general que se presentan contemporáneamente si bien con contenidos diferentes en  el hijo que en los padres.

El caso de Marco, al cual me he referido, es particularmente significativo desde el punto de vista del resultado alcanzado y cómo ejemplificación de un recorrido psicoterapéutico que puso en evidencia momentos importantes de la madurez del contacto con la colega. Contemporáneamente acompañado por la construcción interna de una integración entre la historia pasada y la presente. Esto le permitió a Marco la construcción de aquello que pienso poder considerar como la realización de una persona no fragmentada y capaz de un pensamiento creativo.

Contemporáneamente otra colega ha trabajado con los padres haciéndose cargo de las ansiedades de la pareja.

Cómo ha nacido la idea de estos tratamientos

Al comienzo de este trabajo con los niños y los padres, nos habíamos encontrado con pedidos de intervención en familias adoptivas, que a menudo daban la impresión de estar en condiciones tales de pedirnos intervenir en situaciones extremadamente difíciles y quizás no factibles, verdaderas misiones imposibles.

En realidad era necesario confrontarse a su vez con el miedo del desconocido, o sea afrontar un discurso nuevo: la terapia de la adopción. Nos dimos cuenta rápidamente que la familia adoptiva tenía características particulares, que fueron reconducidas a ellas solo en parte, por la dinámica de las familias naturales.

Las intervenciones, con la ya mencionada terapia paralela, en la familia, como ya se ha dicho, se han revelado extremadamente eficaces.

Los niños ya crecidos de los que sabemos y que los habíamos seguido de niños, efectivamente están afrontando la vida generalmente con buenos resultados.

Técnica del tratamiento

La persona Adoptada

Pensamos que el acercamiento al paciente adoptado debe ser muy delicado y poco intervencionista (o sea interpretativo). Tenemos la convicción de deber aprender mucho del paciente mismo que nos guía en su mundo interno. Debemos estar listos a aprovechar lo nuevo que muy seguido puede ser individualizado en las palabras, en las fantasías, en los sueños, en los dibujos – sueños, de estos pacientes particulares.

La interpretación en estos tratamientos (y quizás en todos los tratamientos psicoanalíticos), debe ser sobre todo algo que siga el material del paciente como si fuera un mapa que ilustra mundos antiguos que sólo él conoce y a través de los cuales conduce, esperando que seamos capaces de seguirlo.

Barale y Civitarese (2009) en las intervenciones hechas en el Centro Milanés de Psicoanálisis durante la clausura del año científico 2008/2009, hablan de experiencia estética como previa al pensamiento verbal. Refiriéndose así a una experiencia sensorial no expresable en palabras aún. Su trabajo se refiere también a los escritos de Meltzer (1981) de los cuales recordamos el título sugestivo “La comprensión de la belleza” que nace de las primeras percepciones del rostro materno

Más allá de eso, agrega Barale (2008) hay que subrayar las primeras experiencias de escucha musical.

Di Benedetto 2000 ha escrito un libro  sobre aquello que se puede intuir que advenga  a la mente antes  que se presente la palabra. Y  en sus pensamientos la música, ciertamente una experiencia estética preeminente, tiene un gran espacio. Es el intento de mirar un mundo sensorial donde la mente se está formando. Quizás es mejor decir primero que se presentan “las palabras para decirlo”. En una conferencia organizada por el CIPA, para el segundo Congreso Internacional y FCA, el tema será “La voz del otro…”. Voz que también para el niño adoptivo es, ante todo la “voz de la madre” audible ya en la vida fetal.

Las voces de los otros son aquellas del mundo externo que circunda a la madre: el padre, los hermanos, la música que se escucha en la casa. Las personas adoptadas están excluidas de todo esto, que parece que no se olvida (memoria implícita).

Se me ocurre que aquello que traen los pacientes adoptados del mundo de allá (así me gusta llamar al mundo del que vienen aunque sean de la puerta de al lado) está todo ligado a una experiencia estética, en el sentido propio de sensorial. Es una modalidad, que sobre todo en los pacientes adoptados, pero no sólo en ellos asume una importancia particular propia por la falta de conocimiento “de aquello que ha estado antes”, que es al menos en la fantasía, más grande que para la persona no adoptada.

Todo esto para decir que hay momentos en la psicoterapia de niños y en los análisis de las personas adultas adoptadas, que pueden ser “entendidos” por el analista, incluso en la parte que es necesaria vivir con una comprensión que pasa por el cuerpo como emoción, para arribar luego eventualmente a la mente y poder ser formulado en palabras.

Un mundo perdido que necesita ser pensado juntos en el cual las emociones pueden ser reconocidas y adquirir significado. El niño (y el adulto) adoptado no puede hacer esta operación solo, necesita a sus padres o de su capacidad de aprovechar y contener en la mente las fantasías propias y la de los hijos de manera de integrar las unas con las otras.

Como si estas fantasías compartidas convirtieran progresivamente la trama para el tejido del mundo interno mental familiar, que constituye el fundamento del vínculo afectivo familiar. ( ArtoniVallino, 2001; Di Chiara, 200).

Los padres que no son ayudados a entender las crisis de estos hijos particulares a menudo se asustan, se preguntan qué pudo haber sucedido, qué errores han cometido sin darse cuenta.

A menudo hay una falta de comprensión y de conocimiento de los procesos normales de desarrollo aumentada por los problemas particulares de los hijos adoptivos.

Para ayudar a los padres en dificultad son muy eficaces también los grupos de padres adoptivos que cada vez son más numerosos en varios lugares, tanto sea en Italia como el exterior, donde poder hablar juntos de los problemas que son comunes a muchos. Sirve no sólo para tranquilizar las ansiedades, si no también para elaborar los problemas de manera tal de encontrar soluciones a menudo creativas y válidas para el crecimiento de los hijos[8]. Y como dice Mastella “soñar el hijo de otra”.

Desearía concluir esta parte nuevamente con Marco, ya crecido que comenzaba a terminar la psicoterapia.

Cómo siempre el juego que le permite afrontar el desprendimiento, es de una particular calidad creativa.

Buranelli dice:

“Marco es ahora un adolescente al umbral de la escuela secundaria, ha contribuido a dar vida a una banda musical con la que organiza espectáculos que han tenido bastante éxito. Su terapia está llegando al final y hemos proyectado la fecha de finalización.

En la sesión siguiente después de las vacaciones de Navidad, se ha presentado con un objeto extraño (¡otro!). Con aire de desafío me invita a resolver el “enigma” “Veamos si puede separar estos dos anillos, no es fácil y no todos lo consiguen…” me dice; luego como si deseara protegerse de la decepción de no verme capaz de hacerlo decide que él me mostrará cómo se hace.

“Mire”, agrega “existe un punto preciso en el cual se pueden separar uno del otro. Parece simple, pero si no lo encuentra se torna difícil, sería forzado y con el riesgo de deformarlo. En cambio yendo despacio se encuentra un punto justo y los dos quedan intactos y se puede unir y separar de nuevo…”

¿Qué más se puede agregar? Parece que Marco tiene ahora definitivamente interiorizado el concepto de vínculo y de relación, y con ello la capacidad de reconocerse con una identidad propia separada y a su vez reconocible. La separación puede ser afrontada y vivida ahora como experiencia de crecimiento frente a la autonomía y no como corte doloroso que al contrario obstaculiza cada transformación auténticamente evolutiva.

Este es también el resultado de un profundo trabajo de grupo que ha visto involucrados a sus padres junto a él con las respectivas psicoterapias. Trabajo que ha permitido afrontar, sin sucumbir, las dificultades que se manifestaban durante el crecimiento, que podían ser reconocidas poco a poco y puestas en el interior de una vivencia individual sustituyendo progresivamente el sentimiento de culpa y de fracaso de lo que no había podido ser (con la responsabilidad más amplia y completa).

Nuevas experiencias

La nueva experiencia que hoy se propone, principalmente en el trabajo privado, es relativa a hijos adoptados ya sean ahora niños o adultos, que no sabían, que no pudieron ellos ni sus familias gozar de un apoyo en el tiempo en que se encontraban en el inicio del contacto adoptivo. Llegan como adultos, a pedir ayuda “para entender quién soy verdaderamente, que debería hacer con aquel doble que se lleva adentro y que no conozco”. De otros he sabido por los padres. Llegando a adultos ha explotado la agresividad transformándose en actos antisociales, sino delincuenciales.

Ferro (2007) habla de lo que él piensa que es una causa o una estructura particular que cubre los comportamientos delincuenciales o a-sociales. Se pensaría que el sujeto tendría una incapacidad de pensar que se manifiesta en una evacuación en el cuerpo social. ¿Qué hacer con ellos? ¿Cómo hablarles, cómo entenderlos? ¿Cómo evitar la expulsión de la familia y de la sociedad?

Son estos los problemas, obviamente para mí más actuales, que me ocupan la mente.

Es una historia que continúa, las bases fueron sentadas en el pasado, pero explotan o buscan su ubicación en el presente.  Por otro lado Bion (1996) afirma, como he dicho anteriormente, que “Aquello que se “conoce” del paciente no tiene ninguna importancia ulterior: o es falso o es irrelevante.”

Pienso que esta afirmación puede ser sostenida incluso para la persona adoptada. Actualmente se reconoce que la memoria no se reproduce como si existiese en el interior una fotografía inmutable, sino que se modifica en el tiempo según los hechos de la vida del individuo.

Los tratamientos que llevamos a cabo, a veces durante años con los padres adoptivos, nos han demostrado que la memoria, probablemente también deformada vuelve a emerger en el curso del tiempo con connotaciones diferentes. Aquello que fue contado al comienzo del contacto se enriquece, pero antes fue negado absolutamente. Como ejemplo tenemos el recuerdo de los eventuales celos del niño adoptado al enfrentarse con el hermanito nacido de los padres adoptivos pocos meses después de la adopción. “Recuerdo, dice una mamá, que Angelo quería siempre ver mi pecho, pero se negaba a mamar del pezón, aunque se lo invitara a hacerlo.”

El padre como en un sueño, un día me dice: “Se me ocurre que Angelo se lamenta de no haber tenido bastante leche, o de no haberla tenido cuando era recién nacido.”

Es cierto, lo sé por documentos que guardan su historia pasada, que fue llevado a su madre en estado de fuerte desnutrición.

¿Pero su queja, me pregunto, nace del conocimiento a través de documentos que ha podido ver, de su historia real, o sobre todo por sus vivencias de niño pequeño (tenía dos años en el momento de la adopción) a la vista de la atención que la madre (aquella adoptiva) tenía por el hermanito recién nacido? Pensaría que en este niño se han mezclado las dos experiencias, transformadas por él en la edad adulta como: “Yo no he tenido bastante leche”.

La importancia de ese flash clínico está en el hecho de que se pueda reconstruir dentro de sí mismo una historia con elementos que no son nuevos, pero enriquecidos de emociones aparentemente no vividas antes y que en el contacto analítico pueden emerger a la conciencia.

El evento importante es que emergen tanto en los padres como en el hijo adoptado casi contemporáneamente.

Para utilizar las palabras de Mastella, como si fuera posible soñar uno con las emociones del otro.

Si se sigue esta reflexión podemos pensar que se debería dar una gran importancia a la intuición del analista en el trabajo, por ende una relevancia particular a la capacidad de escucha. Escucha que debe ir más allá de las palabras para llegar a las emociones.

*El material clínico proviene en parte del trabajo del grupo de Adopción


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[1] Grupo de trabajo constituido informalmente alrededor de 1998 en el Centro Benedetta d´Intino y que luego en 2007 se volvió autónomo.

[2] El narrador toma aquello que narra de la experiencia, de la propia o de aquella que le es referida, y lo transforma en experiencia de aquellos que escuchan su historia. ”Es, en realidad, la mitad del arte de narrar dejar libre una historia, en el acto de reproducirla, de cada suerte de explicación.” (L’angelus novus , 1955)

[3] Psicoterapeuta con formación psicoanalítica

[4] Artoni “El significado de los orígenes en la mente de los niños adoptados” Psiche, 1997

[5] Las historias se vuelven trasmisibles cuando existe la figura de un moribundo que las ha narrado. Es el problema de la muerte, de los antepasados que retorna.

(Pogue Harrison, 2004)

[6] Esta era incluso la opinión de Marcella Balcón (comunicación personal)

[7] Meotti (1998) en su trabajo “Tiempo, memoria y olvido en los procesos de reparación y d eautoreparación” trata profundamente estos problemas.

[8] Se ha publicado un interesante libro de Marco Mastella  “Soñar y crecer un hijo nacido de otra mujer” sobre grupos tratados de un modo original desde un punto de vista psicoanalítico.

Revista Internacional de Psicoanálisis de Familia y Pareja

AIPPF

ISSN 2105-1038