REVISTA N° 6 | AÑO 2009 / 2
Resumen
La Realidad Psíquica Del Vínculo
La realidad psíquica inconsciente es la hipótesis constitutiva del psicoanálisis. Con el método de la cura, el psicoanálisis exploró su consistencia, sus procesos y sus formaciones en el espacio psíquico del subjeto singular. ¿Si se extiende el concepto de la realidad psíquica a los vínculos inter – y transubjectivos y a sus configuraciones, cómo describir esta realidad y qué consecuencias deben preverse en nuestra concepción de los objetos y del método del psicoanálisis? El estudio se da para objetivo de calificar la realidad psíquica del vínculo, en particular, las alianzas inconscientes que en es la materia fundamental. El autor propone tener en cuenta lo que está en juego a niveles epistemológicos y clínicos de un «tercera tópica» centrada en esta dimensión de la realidad psíquica de los vínculos.
Palabras clave: Realidad psíquica, Teoría psicoanalítica del vínculo, Alianzas inconscientes, Tercer tópico, Sufrimiento y psicopatología del vínculo.
Résumé
La Réalité Psychique Du Lien
La réalité psychique inconsciente est l’hypothèse constitutive de la psychanalyse : avec la méthode de la cure, la psychanalyse en a mis au jour la consistance, les processus et les formations dans l’espace psychique du sujet singulier. Si l’on étend le concept de la réalité psychique aux liens inter- et transsubjectifs et à leurs configurations, comment décrire cette réalité et quelles conséquences sont à envisager dans notre conception des objets et de la méthode de la psychanalyse ? L’étude se donne pour but de qualifier la réalité psychique du lien, notamment les alliances inconscientes qui en sont la matière fondamentale. L’auteur propose de prendre en considération les enjeux épistémologiques et cliniques d’une « troisième topique » centrée sur cette dimension de la réalité psychique.
Mots-clé : Réalité psychique, Théorie psychanalytique du lien, Alliances inconscientes, Troisième topique, Souffrance et psychopathologie du lien.
ARTÍCULO
La Realidad Psiquica Del Vínculo[1]
René Kaës[2]
En este estudio, propongo desarrollar ciertos aspectos del concepto de vínculo centrando mi reflexión sobre la realidad psíquica del vínculo. Esta perspectiva distingue la concepción psicoanalítica del vinculo de otras conceptualizaciones, psico-sociológica, sociológica, o antropológica.
El inconsciente, o la realidad psíquica inconsciente es la hipótesis constitutiva del psicoanálisis. Resumo así la propuesta: la realidad psíquica se define primero por su propia consistencia, es decir la materia psíquica inconsciente, irreductible y opuesta a todo otro orden de la realidad. La prevalencia acordada a los deseos inconsciente especifica la realidad psíquica:”Y si ya estamos frente a los deseos inconscientes en su expresión última y más verdadera, es preciso aclarar que la realidad psíquica es una forma particular de existencia que no debe confundirse con la realidad material”. (S. Freud, 1900) [3]. La consistencia propia de la realidad psíquica es aquella de las formaciones, de los procesos, de las instancias del inconsciente. Los sueños, las fantasías inconscientes, las pulsiones, los síntomas y las formaciones homólogas cuya estructura es aquella de las formaciones de compromiso, el síntoma por ejemplo, todas las series del conflicto deseo/defensa, placer/displacer, son efectos de la realidad psíquica. La realidad psíquica, que se opone a la realidad material o externa, debe adecuarse a ella.
Una parte de la realidad psíquica es compartible y compartida con otros sujetos. Freud iniciará esta línea de pensamiento con los conceptos de identificación por el síntoma, de comunidad de fantasías, de apuntalamiento de las pulsiones del Yo sobre el Yo maternal, de los ideales comunes. Esta perspectiva se especificará en la representación que la realidad intrapsiquica induce en las formaciones y los procesos de la realidad psíquica de otro sujeto o de un conjunto de sujetos, según diversas modalidades: así resultará la teoría del Yo, del Superyó y de las identificaciones en la segunda tópica, y es así cuando Freud avanza con la hipótesis de una “psique de grupo”.
Sin embargo es necesario aportar una precisión: no hay una teoría explícita de Freud sobre la cuestión de la intersubjetividad y no encontramos este concepto en su obra. Es un concepto post-
freudiano que hace un pasaje por la filosofía, la lingüística y ciertas propuestas de Lacan. Pero podemos pensar que los conceptos que retomo aquí están en condiciones de contribuir a una construcción moderna de esta problemática. Pero es después de Freud que las condiciones intersubjetivas de la represión han sido tomadas en consideración, que la concepción del apuntalamiento de la pulsión en la subjetividad del objeto, y que las alianzas inconscientes han sido elaboradas como los procesos centrales de la intersubjetividad[4]. Pienso haber contribuido varias veces a emprender esta problemática, principalmente en El Aparato Psíquico grupal (1976), en El grupo y el sujeto del grupo (1994) y más recientemente en Un singular plural (2007).
La consistencia de la realidad psíquica del vínculo:problemas
El sujeto al cual los psicoanalistas dedican habitualmente su atención y sus cuidados es un sujeto “singular”. Lo tratan y lo piensan “uno por uno”, podemos decirlo también “individualmente”. Es la realidad psíquica inconsciente de este sujeto que les interesa: la organización de su mundo interno y de sus conflictos, las vicisitudes de su historia por medio de sus transformaciones y de sus impases, el proceso de su subjetivación.
Sus pacientes y su propio trabajo de pensamiento enseñaron a los psicoanalistas la estructura y el funcionamiento de este mundo interno. Pero para constituir este saber sobre el inconsciente a partir del saber de lo inconsciente, S. Leclaire hacía esta útil distinción (1975), ellos debieron aislar el espacio de la realidad psíquica interna de su “entorno” social e intersubjetivo. Para esta puesta en suspenso de las determinaciones extra-psíquicas o metapsíquicas del mundo interno, el artificio riguroso del método psicoanalítico aplicado a la cura individual ha vuelto posible que los efectos de lo inconsciente se vuelven cognoscibles en sí mismos, ya que la cura individual extrae su eficacia de actuar sobre ellos, en tanto tales.
No se puede conocer todo a la vez. Al practicar este recorte de su objeto teórico y poniendo en acción el método apropiado a los fines del psicoanálisis aplicado al sujeto singular, los psicoanalistas “de diván” dejan en los márgenes de la situación psicoanalítica un “resto a conocer” cuyos contornos y sus campos son, sin embargo, esbozados primero por la vía de la especulación. Fue así durante mucho tiempo en Freud y en muchos de sus contemporáneos, en las obras llamadas del “psicoanálisis aplicado”: Tótem y Tabú, Psicología de las Masas y análisis del Yo testimonian de ello, como así también los numerosos trabajos de K. Abraham, S. Ferenczi o T. Reik.
Es notable que Freud haya tenido el genio de indicar una extensión del campo de la realidad psíquica en el centro mismo de estas obras centradas en las formaciones intrapsiquicas. Tomo muchas veces este ejemplo de Introducción al Narcisismo (1913), en el cual Freud nos presenta un sujeto a la vez en conflicto o en acuerdo con la “necesidad de ser a si mismo su propio fin” y dividido entre esta necesidad y las exigencias que le impone el hecho que él está al mismo tiempo sujetado a una cadena de la cual es un eslabón. He desarrollado esta propuesta construyendo el concepto de sujeto del grupo y el más amplio de sujeto del vínculo[5]. Porque el sujeto “individual”, es al mismo tiempo el servidor, el beneficiario y el heredero de esta cadena, aquel que se singulariza en cada uno de nosotros, se construye en efecto en los vínculos y en las alianzas en las cuales se forma, en los conjuntos del cual es parte constituyente y parte constitutiva: la familia, los grupos, las instituciones. Este sujeto, en tanto sujeto del vínculo, es un sujeto “singular plural” y por este doble título, es sujeto del inconsciente.
Cuando las nuevas prácticas como las terapias psicoanalíticas de grupo (o por medio del grupo), las terapias psicoanalíticas de la familia y de la pareja, los dispositivos de trabajo sobre las relaciones entre padres y bebés han comenzado a tener lugar, fue necesario admitir la necesidad de pensar si éstas prácticas pertenecían o no al campo del psicoanálisis. Fue y es todavía objeto de debate, a veces es un rechazo a encarar el problema. Pero la cuestión tardó en formularse con distensión. ¿Debemos considerar al vínculo a partir de cada sujeto considerado aisladamente, pero desde el punto de vista en el cual sus relaciones de objeto y sus identificaciones son efectos del vínculo, o bien admitir que la realidad psíquica en los vínculos adquiere una consistencia específica, y que dispone de formaciones y procesos propios? ¿Si nosotros retenemos esta última hipótesis, cómo dar cuenta de ella: con cuál teoría y cuál metapsicología? ¿Esta cuestión epistemológica surge en la crisis de los objetos del psicoanálisis en sus “fronteras”[6] y cómo se adecuan las relaciones entre el conocimiento del inconsciente y los dispositivos que le abren el acceso?
Para emprender este debate, podemos todavía hoy referirnos a esta definición del psicoanálisis que Freud daba en 1923, en el momento en que la práctica psicoanalítica era exclusivamente aquella de la cura individual. El escribió: “El psicoanálisis es un método de investigación de los fenómenos psíquicos que de otra forma serían apenas accesibles; un método de tratamiento de los problemas psíquicos que se funda en esta investigación: y una manera de encarar la vida psíquica adquirida por estos medios y que progresivamente constituye una nueva disciplina científica”.
Tres espacios psíquicos
He consagrado una buena parte de mis investigaciones a describir, tratar de comprender y volver inteligibles las complejas relaciones que especifican, distinguen, oponen y articulan tres espacios psíquicos: aquel del sujeto singular, aquel de los vínculos intersubjetivos y el de los conjuntos complejos, o también de las “configuraciones de vínculos”, como los grupos, las familias y las instituciones. Para establecer y construir estas investigaciones, me apoyé en una triple práctica del psicoanálisis: la cura individual, el trabajo en situación de grupo, el acompañamiento de los equipos de tratamiento en las instituciones psiquiátricas.
He sostenido que el sujeto se construye en los procesos y en las formaciones psíquicas comunes a varios sujetos, fundamentalmente en las alianzas inconscientes de las cuales ellos son parte constituyente y parte constituida. El conocimiento adquirido por estos medios forma progresivamente una teoría psicoanalítica del vínculo.
I. Elementos de una teoria psicoanalitica del vínculo
Puedo actualmente cualificar la consistencia de la realidad psíquica del vínculo e ilustrarla por una de sus dimensiones: aquella de las alianzas inconscientes. Previamente debo situar el marco más general de mis investigaciones.
Los tres pilares del psiquismo
El postulado de base de mis investigaciones es el siguiente[7]: el psiquismo humano reposa sobre tres principales pilares: la sexualidad infantil, la palabra y los vínculos intersubjetivos. Estos tres pilares de fundación están en estrecha interrelación: la larga dependencia inicial del recién nacido, debido a su prematuración al nacimiento, es su lugar espacial, marca su sexualidad, sus vínculos y su acceso a la palabra y al lenguaje.
La palabra y el lenguaje vienen al infans (el que no habla) marcadas por la represión de su sexualidad infantil y por las condiciones intersubjetivas en las cuales su primer entorno – la madre – le aporta transmitiéndole sus propios contenidos inconscientes y su propia represión: estas condiciones son a la vez subjetivas (la psique maternal) e intersubjetivas (el encuentro entre la psique materna y la psique del infans). Correlativamente, el vínculo intersubjetivo se inscribe en la sexualidad y en la palabra y los marca con sus efectos. Sexualidad, palabra y vinculo concurren de manera distinta y fundamental a la formación del inconsciente del sujeto y a la construcción de su Yo (Je). En el mismo movimiento, estos tres pilares concurren a la formación de la realidad psíquica inconsciente del vínculo intersubjetivo.
Un tejido de vínculos, un texto cuyo sentido debemos descifrar
Porque nosotros nacemos prematuros, estamos envueltos en cuidados físicos e indisociablemente psíquicos, de pañales, de brazos que nos sostienen, de una piel que nos da calor y se adosa a la nuestra, de olores e imágenes, de baños de palabras y de discursos. En resumen de todo un tejido de vínculos, que se ligan adentro de nosotros mismos y con los otros, formando aglutinamientos y nudos que no cesan de hacerse y de deshacerse durante toda nuestra vida. Un “texto” ciertamente, pero un texto de carne viva, de emociones y de pensamientos, de signos y sentidos, un palimpsesto cuyo sentido nosotros desciframos a menudo con dolor y algunas veces con felicidad.
Estamos necesariamente ligados por toda suerte de vínculos antes de poder desligarnos parcialmente, y contraer otros, ser suficientemente autónomos y asumirnos como Sujeto (Je). Nosotros no podemos vivir sin los vínculos, aunque ciertos vínculos, por exceso o por defecto, nos encadenan o nos impiden vivir, amar, conocer, jugar.
Aprendemos a distinguir entre vínculo y obstáculo, entre los vínculos portadores de vida, de amor y crecimiento, y los vínculos portadores de odio, destrucción y de muerte. Todos estos vínculos están intrincados unos con otros, como la vida y la muerte y lo que complica el asunto, con los de los otros que experimentan las mismas intrincaciones. Es por eso como lo dice Aragon, “nuestra bella juventud se desgasta en desligar lo tuyo de lo mío”. Algunos pasan su vida de esta manera a menos que renuncien a eso. Es verdad que encaramos con reticencia a confrontarnos con aquello que nos liga adentro de nosotros mismos, y a los otros, que confundimos a menudo estos dos espacios y preferimos ignorar aquello que liga los vínculos.
Para hacer vínculo, desde el origen de la vida psíquica y ulteriormente para formar una pareja, vivir en familia, asociarse en grupo, para vivir en comunidad con otros humanos, investimos electivamente tanto a unos como a otros, nos identificamos inconscientemente entre nosotros a través de objetos y de rasgos comunes. Estos procesos y las experiencias que lo cualifican acompañan nuestras primeras experiencias intersubjetivas. Son la materia de la realidad psíquica del vínculo, pero no son los únicos, otras formaciones especificas constituyen la realidad psíquica del vínculo; el contrato de base y las alianzas inconscientes estructurantes y defensivas, las prohibiciones, las referencias identificatorias y los ideales comunes, las representaciones imaginarias y simbólicas compartidas.
El vinculo, un ensayo de definición
Para esbozar una primera delimitación de nuestro objeto, propongo partir de la siguiente noción: denomino vínculo a la realidad psíquica específica inconsciente construida por el encuentro de dos o varios sujetos. Esta definición por el contenido pone el acento en la realidad psíquica inconsciente, objeto constitutivo del psicoanálisis. Esta noción necesita un desarrollo en términos de procesos: el vínculo es el movimiento más o menos estable de las investiduras, representaciones y acciones que asocian dos o más sujetos para la realización de algunos de sus deseos.
Completo mi definición por una cualificación de su nivel lógico. Distinta de aquella que organiza el espacio intrapsíquico del sujeto singular, la lógica del vinculo es aquella de las implicaciones reciprocas, de las inclusiones y exclusiones mutuas. Estas definiciones no describen los diferentes tipos de vínculo: parentales, filiales, fraternales, intergeneracionales, transgeneracionales, amorosos, de odio, etc. Ella no pone en primer plano los criterios aportados por la psicopatología de los vínculos, aunque la pertinencia de la descripción de los vínculos en términos de narcisismo y de objetalidad, o de organización neurótica, perversa, psicótica se ha demostrado útil.
Las exigencias de trabajo psíquico para formar un vínculo
Nuestro status en el vínculo nos impone un cierto trabajo psíquico. Entiendo la exigencia de trabajo psíquico en el sentido que Freud le ha dado a esta noción al construir la primera teoría de las pulsiones: la pulsión impone a la psique “un trabajo psíquico en razón de su relación con lo “biológico”. Otro trabajo psíquico es exigido por el encuentro con el otro (der Andere), para que las psiques o partes de ella se asocien y se unan, para que experimenten sus diferencias y se pongan en tensión, para que ellas se puedan regular.
He distinguido cuatro exigencias principales de trabajo psíquico impuestas por el vínculo intersubjetivo o conjunciones de subjetividad. La primera es la obligación para el sujeto de investir el vínculo y a los otros con su libido narcisista y objetal con el fin de recibir en repuesta de los otros las investiduras necesarias para ser reconocido como un sujeto miembro del vínculo. Esta exigencia de trabajo se forma bajo el modelo del contrato narcisista descripto por P. Castoriadis-Aulagnier (1975).
La segunda exigencia es la puesta en latencia, la represión, el renunciamiento o el abandono de ciertas formaciones psíquicas propias del sujeto. Freud había indicado en 1921 que el yo debe abandonar una parte de sus identificaciones y de sus ideales personales, privilegiando los ideales comunes, a cambio de los beneficios proporcionados por el grupo y/o el líder. Todo vínculo impone obligaciones de creencia, de representación, de normas observables, adhesión a ideales y sentimientos comunes. Ser en la intersubjetividad no implica solamente que ciertas funciones psíquicas estén inhibidas o reducidas y que otras estén electivamente movilizadas y amplificadas. La clínica de la cura, la de los grupos y de las familias nos llevan a suponer – en lo que a mi concierne a admitir – la idea de una exigencia de no-trabajo psíquico que se manifiesta por el abandono del pensamiento, de los borramientos de los límites del yo, o de partes de la realidad psíquica que especifican y diferencian cada sujeto. Es el caso de los grupos sectarios[8] y de los grupos ideológicos. Como lo muestran los análisis clínicos de los sujetos y de las familias que han sido tomadas por los grupos sectarios o sometidos al poder de la ideología, nos lleva a admitir los procesos de auto-alienación que están al servicio de estas exigencias del vínculo.
La tercera exigencia atañe a la necesidad de poner en acción las operaciones de represión, de denegación o de rechazo para que las conjunciones de subjetividad se formen y que los vínculos se mantengan. Estas operaciones no conciernen solamente a los apoyos meta-defensivos que los miembros de un grupo pueden encontrar en este último, como E. Jacques (1955) lo dijo hace muchos años. Conciernen a toda configuración de vínculos que asegure y mantenga los dispositivos meta-defensivos necesarios para su autoconservación y para la realización de sus fines. Ellos son requeridos entonces a la vez por el vínculo y por los intereses personales que los sujetos encuentran al contraerlos. Tal es el status y la función de las alianzas inconscientes defensivas. Estas alianzas son procesos productores de lo inconsciente actual en el vínculo, forman sus nudos neuróticos y psicóticos, y por este conjunto de razones, ellas son las piezas mayores de la formación de la realidad psíquica propia en una configuración de vínculo.
La cuarta exigencia se articula con las prohibiciones fundamentales en sus relaciones con el trabajo de la civilización (Kulturarbeit) y los procesos de simbolización. Freud (1929) ha insistido sobre la necesidad del renunciamiento mutuo a la realización directa de los fines pulsionales para que establezca una “comunidad de derecho” garante de vínculos estables y confiables. El resultado de esta exigencia es las alianzas inconscientes estructurantes, en la categoría en la cual nosotros comprendemos el contrato narcisista, el pacto entre los Hermanos y con el Padre y el contrato de renunciamiento mutuo. El resultado de esta exigencia de trabajo es la formación de sentido, la actividad de simbolización y de interpretación, pero también la capacidad de amar, jugar, pensar y trabajar.
Estas cuatro exigencias concurren a la creación de un espacio psíquico común y compartido. Consideradas desde el punto de vista del sujeto al cual ellas se imponen, estas exigencias son estructurantes y conflictivas. El conflicto central se sitúa entre la necesidad de ser a si mismo su propio fin y aquella de ser un sujeto en el grupo y para el grupo. Al cumplir este trabajo psíquico, los miembros de un grupo se atribuyen o reciben a cambio beneficios y obligaciones. Un balance económico se establece, en positivo o en negativo, sobre aquello que ellos ganan y sobre aquello que pierden al satisfacer estas exigencias.
De una cierta manera, nosotros no podemos elegir para sustraernos a estas exigencias: debemos someternos para entrar en un vínculo y para existir como sujeto. Pero también tenemos que desprendernos o desligarnos cada vez que estas exigencias y las alianzas que las sellan sirven a nuestra auto-alienación, y la alienación que nos imponen los otros, a menudo sin que uno lo sepa. Desde esta perspectiva pienso que podríamos definir el campo práctico del trabajo psicoanalítico en la situación de grupo.
II. Las alianzas inconscientes están en el fundamento de la ralidad psiquica del vínculo y del sujeto
Las alianzas inconscientes están en el fundamento de la realidad psíquica del vínculo y del sujeto[9], Ellas cumplen varias funciones. Indicaré sumariamente aquellas de marco y de garante metapsíquico.
Las alianzas inconscientes de base o primarias están al principio de todos los vínculos. Ellas forman parte de los procesos y las formaciones precoces de la socialización. Las primeras alianzas son las alianzas de acuerdo primario, ente la madre y el bebé, ellas son reciprocas y asimétricas, e implican un entorno en el cual la madre y el niño son incluidos de diversas maneras. Sobre estas alianzas se anudan las alianzas de placer compartido y la ilusión creadora y correlativamente las alianzas de amor y de odio. Entre las alianzas estructurantes primarias, el contrato narcisista (P. CastoriadisAulagnier 1975) presenta la particularidad de ligar al conjunto humano que forma el tejido relacional primario de cada nuevo sujeto (de cada recién nacido) y del grupo (en el sentido amplio) en el cual el encuentra y crea su lugar. Se trata acá de una alianza estructurante. Este contrato narcisista originario es fundador, define un contrato de filiación: está al servicio de las investiduras de autoconservación del grupo y del sujeto de ese grupo, el grupo reconoce al niño como miembro del grupo exigiendo de él que por su parte, reconozca al grupo como aquel de donde procede, y que él debe prolongar.
Hasta aquí tenemos los contratos narcisistas originarios. Vamos a tener contratos narcisistas secundarios, cuando el sujeto establece vínculos extra-familiares, en los diversos grupos sociales formales o informales del cual él es participante. Estos son los contratos de afiliación, que redistribuyen las investiduras del contrato narcisista originario y que entran en conflicto con él, fundamentalmente en la adolescencia.
Un segundo conjunto de alianzas estructurantes, que llamaremos secundarias, porque ellas presuponen la mayor parte de las precedentes, esta formado por los contratos y los pactos fundados sobre la Ley y las prohibiciones fundamentales: nos encontramos principalmente aquí con el pacto fraterno, la alianza con el padre simbolizado y el contrato de renunciamiento a la realización directa de los fines pulsionales destructivos. Estas alianzas estructurantes secundarias conciernen en primer lugar a las relaciones sexuales y las relaciones entre las generaciones.
Estas alianzas forman el marco o el zócalo intersubjetivo de la subjetividad, son ellas la condición y garante del espacio psíquico común y compartido donde “El Yo (Je) puede advenir”. Ellas aseguran la transmisión de la vida psíquica entre las generaciones.
Sobre estas bases, es posible distinguir formas patológicas, perversas o psicóticas, de estos contratos y alianzas. Su ausencia o sus fallas testimonian la regresión a formas contractuales del vínculo hacia relaciones de fuerza al servicio de grupos que detentan el poder de definir de manera arbitraria y violenta las normas sociales y el lugar de cada uno, el orden y los valores dominantes. Conducen a los que las sufren a deterioros sociales y psíquicos radicales.
Las alianzas inconscientes: su función de encuadre y garante metapsíquico
He propuesto denominar metapsíquicas las formaciones y las funciones que enmarcan la vida psíquica de cada sujeto, que se ubican como telón de fondo de la psique individual. Quiero precisar de que se trata: El vínculo y las alianzas inconscientes están en posición meta en relación con otras formaciones psíquicas, estas formaciones pertenecen al sujeto considerado en su singularidad.
Existe una reticencia a admitir el concepto de marco metapsíquico cuando pensamos en la organización y el funcionamiento de la psique y la posición del sujeto en términos de psicología individual: esto sucede sin embargo en la cura individual, que mantenemos como telón de fondo del espacio intrapsíquico al espacio intersubjetivo, dejándolo en suspenso, es decir una parte determinante, que es la consistencia del vinculo y de las alianzas inconscientes. Pero nosotros no estamos en condiciones de abolir estas formaciones meta, sus formaciones y sus procesos. Queda entonces por comprender como este marco metapsíquico, observado desde el espacio psíquico individual afecta a éste ultimo. En efecto, comprendemos todo el interés de este concepto cuando cambiamos de dispositivo psicoanalítico, porque cambiamos también las características del marco metapsíquico. Cuando utilizamos un dispositivo de trabajo psíquico que junta a varios sujetos – una familia, una pareja, un grupo, los vínculos inter y transubjetivos en los cuales se forma la psique individual pasan de un telón de fondo al primer plano. Aparece entonces muy claramente que el marco metapsíquico ejerce un efecto organizador o desestructurante sobre los procesos y las formaciones intrapsiquicas, y más precisamente sobre la formación del inconsciente individual. La formación de las instancias del Superyó y de los Ideales, y ciertas funciones del Yo reposan sobre la internalización de estos marcos metapsíquicos.
En situación de trabajo psíquico con varios sujetos nosotros percibimos que las alianzas inconscientes forman la parte central de estos marcos y de estos garantes. Otras formaciones aseguran una función meta, pero su materia es social, cultural, política o religiosa.
III. Hacia una tercera topica
La apuesta epistemológica
He indicado desde la introducción de este estudio que la problemática del vínculo y de las alianzas inconscientes abre una cuestión epistemológica central en el psicoanálisis: ella concierne al campo de la realidad psíquica y sus fronteras, trata sobre las condiciones de la formación del inconsciente y del sujeto del inconsciente.
Las repuestas a esta cuestión tienen una incidencia sobre la extensión de la práctica psicoanalítica, sobre la definición de sus objetos teóricos, y en consecuencia sobre las construcciones que ella elabora para dar cuenta del inconsciente y de sus efectos en la organización de la vida psíquica de un sujeto considerado en la singularidad de su estructura y de su historia.
Se habla mucho hoy de una tercera tópica: esta fue un tema prevalente del 66 Congreso de psicoanalistas de lenguas romanas (2006). El debate se centró en los términos de las relaciones entre la configuración del mundo interno de un sujeto y de las relaciones que el ha mantenido con sus primeros otros, los padres, la familia. El punto de vista estuvo centrado en el individuo y no sobre la puesta en consideración de la realidad psíquica de los vínculos intersubjetivos. Nosotros podemos esperar tal punto de vista ya que la práctica de referencia es aquella de la cura individual. Pero a partir del momento en que uno trabaja con un dispositivo plurisubjetivo, donde el espacio psíquico que se desarrolla es aquel de una realidad psíquica específica, común y compartida, esta tercera tópica incluye también este espacio intersubjetivo entre los sujetos. Lo que debemos tomar en consideración es la consistencia de este espacio entre los sujetos, y no solamente el efecto del espacio intersubjetivo sobre el espacio interno. Es aquel que he modelizado en mis primeras investigaciones bajo el nombre de aparato psíquico grupal.
La tercera tópica, tal como la expongo en Un singular plural, se organiza sobre una articulación entre la realidad psíquica del vínculo y aquella del sujeto singular[10]. Pienso que de esta manera es posible – y se ha vuelto necesario – dar cuenta de la manera por la cual el sujeto se forma en la intersubjetividad como sujeto del inconsciente, y de la parte que éste tiene en la formación de la intersubjetividad.
La tarea de una tercera “tópica” es describir y volver inteligible las relaciones complejas que articulan, distinguen, y por otros aspectos, oponen el espacio intrapsíquico, aquel del sujeto singular, y aquel de los espacios plurales, organizados por los procesos y formaciones psíquicas específicas. Tal es la apuesta epistemológica.
La apuesta clínica
Hay también una apuesta clínica al pensar en y con el psicoanálisis la consistencia psíquica de los vínculos intersubjetivos. Esta apuesta se inscribe en el doble fin que persigue el psicoanálisis: el conocimiento de la realidad psíquica inconsciente en el vínculo y su transformación, cuando el vínculo es una fuente de sufrimiento patológico. Estos son los dos fines principales del psicoanálisis del vínculo.
La nueva clínica que se constituye a partir de los dispositivos de trabajo psicoanalítico con las parejas, los padres y los grupos ha atraído la atención de los psicoanalistas sobre los sufrimientos y las patologías precoces y actuales del vínculo; sobre los problemas en la constitución de los límites internos y externos del aparato psíquico: los problemas de los “estados límites”; problemas o fallas de las envolturas psíquicas y de los significantes de demarcación,; fallas o ausencia de constitución de los sistemas de ligazón – o de desligazón -; patología de los procesos de transmisión de la vida psíquica entre las generaciones; deficiencia de los procesos de transformación. Estas son las patologías del narcisismo, de lo originario y de la simbolización primaria. Pero estas son también patologías del vínculo y de sus correlaciones intersubjetivas y transubjetivas. La clínica nos enseña que, por la existencia de estos vínculos, una psicopatología específica afecta a las parejas, las familias, los grupos y las instituciones.
La cuestión del vínculo se introduce en el campo del psicoanálisis porque la consistencia y las formas contemporáneas del vínculo intersubjetivo están en mutación. La clínica de los vínculos emerge a partir del momento en que los garantes metapsíquicos no cumplen más sus funciones de encuadre, de telón de fondo: las rupturas o transformaciones catastróficas o de no transformación amenazan al conjunto, en tanto que él es el espacio de los vínculos que se han formado sin que cada uno de los sujetos sepa que lo constituye. Podemos entonces hablar de un sufrimiento del conjunto y de una patología del vínculo. Los sujetos sufren al estar juntos, o cuando ellos forman un conjunto (Cet sujets souffrent d’être ensemble ou lorsqu’ils son ensemble). Están ellos en relaciones tales que la patología de uno es necesaria para la patología del otro. Cuando tomamos en consideración las consecuencias de las fallas de los encuadres y los garantes metapsíquicos, nos damos cuenta de todo el interés que representa el trabajo psicoanalítico en las configuraciones de los vínculos para el tratamiento de estos sufrimientos psíquicos y de estas psicopatologías “apenas accesibles
de otra manera”. Nosotros comprendemos mejor que los desarreglos, las fallas y las ausencias de estos marcos y garantes metapsíquicos afectan directamente la estructuración y el desarrollo de la vida psíquica de cada uno. He llegado a la idea que tres grandes tipos de fallas están en cuestión.
Un primer conjunto concierne a las fallas o ausencias de los dispositivos intersubjetivos de para-excitaciones y de la represión en la estructuración de los apuntalamientos de la vida pulsional.
En lugar de la formación de objetos internos estables y confiables, se desarrollan formaciones clivadas y no subjetivadas, desfavorables para los procesos de simbolización y de sublimación. Un sufrimiento narcisista intenso está en la base de las conductas antisociales que se desarrollan en estas condiciones. Estas fallas afectan las condiciones de la formación del Inconsciente y del Preconsciente.
Un segundo conjunto está constituido por las fallas en los procesos de formaciones de las identificaciones y de las alianzas intersubjetivas estructurantes de base. Estas alianzas consisten en los pactos que instituyen las prohibiciones mayores (interdicción del asesinato del semejante, del canibalismo y del incesto), en aquello que S. Freud ha descripto como la comunidad de renunciamiento a la realización directa de los fines pulsionales destructivos, y en el contrato narcisista.
Un tercer conjunto concierne a las fallas en los procesos de transformación y de mediación. Lo más frágil en toda organización viva, son las formaciones intermediarias y los procesos de articulación. En la vida psíquica dan las condiciones de posibilidad del trabajo de simbolización y de la formación de la alteridad, pero también de la capacidad de amar, de trabajar, de jugar y de soñar. Estas formaciones y estos procesos están más amenazados por las crisis que afectan a los garantes metapsíquicos. La consecuencia más importante de su desfallecimiento es la puesta fuera de circuito del Preconsciente, la disminución de la capacidad de pensar por el derrumbe de las representaciones verbales. El trabajo del Preconsciente está siempre estrechamente asociado a la actividad de simbolización y a la construcción del sentido en el vinculo intersubjetivo.
Al proponer una reflexión sobre la realidad psíquica del vinculo, he solamente contribuido a abrir un vasto y complejo campo de trabajo.
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Kaës R., (1989) « Le pacte dénégatif dans les ensembles intersubjectifs »,. in A. Missenard, G. Rosolato et al. : Le négatif.
Figures et modalités. Paris, Dunod.
Kaës R., (1993), Le groupe et le sujet du groupe. Éléments pour une théorie psychanalytique du groupe. Paris, Dunod.
Kaës R., (1994), La parole et le lien. Les processus associatifs dans les groupes, Paris, Dunod.
Kaës R., (2003), « Tyrannie de l’idée, de l’idéal et de l’idole. La position idéologique » in A. Ciccone et al. Psychanalyse du lien tyrannique, Paris, Dunod, p. 69-104.
Kaës R., (2007), Un singulier pluriel. La psychanalyse à l’épreuve du groupe, Paris, Dunod.
Kaës R., (2008), « Pour une troisième topique de l’intersubjectivité et du sujet dans l’espace psychique commun et partagé », Funzione Gamma, 21, http://www.funzionegamma.edu. Kaës R., (2009), Les alliances inconscientes, Paris, Dunod Leclaire S., (1975), On tue un enfant, Paris, Le Seuil.
[1] Se trata de una introducción y no de un desarrollo: Retomo, resumiéndolas, propuestas más elaboradas en otras publicaciones introduciendo sin embargo algunas ideas nuevas. El lector podrá encontrar en los textos de referencia desarrollos más amplios.
[2] Psychanalyste, professeur émérite de l’Université Lyon 2 en psychologie. 32, quai de la Liberté. 69003 Lyon.
[3] Freud. S, (1900) La Interpretación de los Sueños, tomo V, pág. 607, Amorrortu Editores, 1979, Buenos Aires. (G-W., II-III, 625).
[4] El lector podrá encontrar un esbozo de esta problemática en mi estudio sobre “La intersubjetividad”: un fundamento de la vida psíquica. Referencias en el pensamiento de Piera Aulagnier”, Topique, 1998, 64, 45-73 en castellano La intersubjetividad: un fundamento de la vida psíquica. Señales en el pensamiento de Piera Aulagnier” en Proyecto Terapéutico, Editorial Paidós, 2004, Buenos Aires. Ver también, más recientemente Un singulier pluriel. La psychanalyse à l’épreuve du groupe, Paris, Dunod, (2007).
[5] Cf. Le groupe et le sujet du groupe, Paris, Dunod (1993; Ed. en castellano El grupo y el sujeto del grupo, Amorrortu Editores, Buenos Aires 1995 (N de la T).
[6] El tema del Congreso de la International Psychoanalytical Association, 2004, en Nueva Orleans era: “El psicoanálisis y sus fronteras” He presentado en este Congreso una puesta en perspectiva de las consecuencias de la invención psicoanalítica de grupo en el campo de la teoría y de la práctica psicoanalítica. Esta presentación ha sido desarrollado en Un Singulier pluriel. La psychanalyse à l’épreuve du groupe Dunod,(2007)
[7] Para un desarrollo de esta propuesta, ver R. Kaës Le groupe et le sujet du groupe (1993), (traducción al castellano El grupo y el sujeto del grupo Amorrortu (1995); et Un singulier pluriel (2007)
[8] Sobre la alienación sectaria, cf., los trabajos de E. Diet (2007), sobre el poder ideológico y el vinculo tiránico, R. Kaës (1980, 2003), sobre la ideología familiar F. Aubertel (1990, 2007)
[9] Sobre las alianzas inconscientes, cf. Kaës, 1989 y 2007, y 2009 Las Alianzas Inconscientes.
[10] Para un desarrollo más preciso de la noción de tercera tópica, el lector puede consultar mi estudio (2008) – “Por una tercera tópica, de la intersubjetividad y del sujeto en el espacio psíquico común y compartido”. Funzione Gamma, 21, http//www.funzionegamma.edu

