REVUE N° 33 | ANNE 2025 / 2
Résumé
Une naissance
Cet article décrit une intervention dans le domaine de la prévention périnatale. L’expérience a été réalisée avec des professionnels hospitaliers (sages-femmes, puéricultrices, infirmières, gynécologues, néonatologues, etc.) et des professionnels de centres communautaires de santé mentale familiale (psychologues, psychothérapeutes, travailleurs sociaux et éducateurs). L’objectif principal était de promouvoir l’expérience et l’apprentissage multidisciplinaires à travers le groupe. L’auteure propose une perspective qui se concentre sur l’espace “entre les sujets”. Elle décrit les passages des interventions où des médiateurs ludiques ont été utilisés pour faciliter les chaînes associatives du groupe. Certains instruments théoriques et techniques issus de la danse/thérapie par le mouvement ont également été intégrés. Ils ont fonctionné comme des ponts entre le corps vécu, les émotions, et leur élaboration au sein du processus groupal. L’expérience de groupe a permis aux participants de reconnaître l’importance du réseau construit entre tous, réseau qui soutient et permet d’éviter les fragmentations dans leurs propres pratiques professionnelles. Il est proposé qu’il est essentiel de prendre soin des professionnels de santé afin de favoriser leur disponibilité à accueillir et comprendre la souffrance que les familles apportent dans leurs pratiques tout au long de leur cycle de vie.
Mots-clés: prévention périnatale et multidisciplinarité, travail de groupe et d’équipe, médiateurs ludiques et chaînes associatives groupales, psychanalyse de lien et danse/thérapie du movement.
Summary
A birth
The article describes an intervention in the field of perinatal prevention. The experience was carried out with hospital operators (obstetricians, childcare workers, nurses, gynecologists, neonatologists, etc.) and operators of community mental health centers (psychologists, psychotherapists, social workers and educators) who deal with women and the family. The main goal was to promote multidisciplinary learning to function as a group through group experience. A perspective is proposed that focuses on the space ‘between’ subjects. The author describes the use of play and mediators in the interventions carried out, to facilitate the associative chains of the group. Have been included some theoretical and technical instruments of dance/movement therapy, which functioned as bridges between the experienced body, emotions and the mental elaboration process of the group. The author describes in the material presented the intersubjective experience in the group that allows for understanding of the complexity of human bonds. Participants recognize the importance of the network that is built together, when a team functions as a group which sustains and allows them to prevent fragmentation and acting out emotions. Otherwise, the author proposes that caring for health caregivers is very important to facilitate their availability to host and understand the suffering that families bring throughout their life cycle to their professional practices.
Keywords: multidisciplinary and perinatal prevention, group and team work group, associative chains and playful mediators, relational psychoanalysis and dance/movement therapy.
Resumen
Un nacimiento
El artículo describe una intervención en el ámbito de la prevención perinatal. La experiencia se realizó con operadores de hospitales (obstétricas, puericultoras, enfermeras, ginecólogos, neonatólogos, etc.) y operadores de centros de salud mental comunitarios (psicólogos, psicoterapeutas, trabajadores sociales y educadores) que se ocupan de la mujer y la familia. El objetivo principal fue favorecer experiencia y aprendizaje de multidisciplinariedad a través del grupo. La autora propone una perspectiva que se concentra en el espacio “entre sujetos”; describe los pasajes de las intervenciones en las que se utilizaron mediadores lúdicos para facilitar las cadenas asociativas del grupo; se incluyeron también instrumentos teóricos y técnicos provenientes de la danza/movimiento terapia, los mismos funcionaron como puentes entre el cuerpo vivenciado, las emociones y la elaboración de estas a través del proceso grupal. La experiencia de grupo permitió a los participantes reconocer la importancia de la red que se construye entre todos, que sostiene y permite evitar fragmentaciones en las propias prácticas profesionales. Se propone que es muy importante cuidar a los operadores sanitarios para favorecer la disponibilidad de estos mismos, para alojar y comprender el sufrimiento que traen las familias a sus prácticas, en todo su ciclo de vida.
Palabras clave: prevención perinatal y multidisciplinariedad, grupo y trabajo en equipo, mediadores lúdicos y cadenas grupales asociativas, psicoanálisis vincular y danza/movimiento terapia.
ARTICLE
Un nacimiento
Maria Gabriela Sbiglio*
[Recibido: 29 de agosto 2025 – Aaceptado: 23 de noviembre 2025]
DOI: https://doi.org/10.69093/AIPCF.2025.33.11
This is an open-access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution License (CC BY).
“Una familia está esperando entrar al hospital para conocer al recién nacido.
Están todos juntos: la nueva abuela, la suegra, el suegro, el futuro tío, la cuñada y la nueva bisabuela. Abren las puertas del horario de visita y entran todos juntos como una ráfaga.
La enfermera pide silencio y que procedan despacio. Indica que la habitación es la que está al final del pasillo. Avanzan y llegan a una puerta abierta con una cuna.
Un recién nacido duerme allí. La madre no está…quizás no volvió aún de la sala de parto…
Se acercan y contemplan el milagro…
‘tiene tus ojos’, dice la abuela, dirigiéndose a su marido.
‘No, replica la bisabuela secándose una lágrima, esa expresión es de mi padre, si él estuviera vivo para verlo…’ la cuñada allí a su lado le toma su mano.
El nuevo tío agrega emocionado: ‘¡es robusto como yo!’
De repente se asoma una enfermera y dice: ‘Señores, se han equivocado de habitación, la vuestra es la que está enfrente’.”[1]
Introducción
Este trabajo alude a un nacimiento desde dos perspectivas. Al nacimiento de una nueva vida con la movilización que implica, y la posibilidad del nacimiento de un equipo de profesionales de distintas disciplinas, que pueda actuar como contenedor para alojar la complejidad del nacimiento de una familia.
El ser humano al nacer está sujeto a lo que lo precede en ese grupo; y, al mismo tiempo, es otro diferente de lo que fue pensado e imaginado. Deberá apropiarse de su propia singularidad construyendo su subjetividad a partir de la construcción del vínculo.
A través del material recogido en una experiencia realizada con un grupo de operadores sanitarios del ámbito perinatal, se atraviesan los momentos que reflejan el trabajo del grupo y el trabajo psíquico que acontece en un vínculo, y en la trama vincular.
La intervención se coloca en el ámbito de la prevención, ya que se ocupa del cuidado de los operadores teniendo en cuenta no sólo la pericia técnica y teórica, sino fundamentalmente la emocionalidad puesta en juego, la propia y la que traen los intervinientes.
Se propone el potencial del grupo, como un dispositivo de aprendizaje del trabajo en equipo, y como espacio privilegiado de experiencia y reflexión, que puede favorecer la comprensión de la complejidad de los lazos y vínculos humanos.
El grupo puede contener la movilización y las transformaciones que produce un nacimiento en una familia. Cuando se constituye como conjunto, es un entretejido de lo singular y lo plural, dando cabida así a la multiplicidad de los sujetos y las situaciones.
El grupo permite alojar las contradicciones, en su polifonía de voces y también dar espacio a la diversidad y la alteridad, transformándonos como sujetos. Esto refleja, por su generatividad y creatividad lo que puede suceder en los vínculos humanos en general.
Descripción del contexto – un recorte
La experiencia se encuadra en una iniciativa territorial en ámbito sanitario[2]. El objetivo del ente organizador es acompañar a las instituciones y a los distintos operadores que se ocupan del ámbito perinatal y de la salud de la familia, comprendiendo la salud mental y el bienestar en las relaciones interpersonales (ej. acompañamiento a las parejas, al proceso de convertirse en padres, etc.).
Las actividades del ente abarcan la formación continua, además de la profilaxis en las prácticas a través de diferentes dispositivos, tales como trabajo en equipo supervisado, evaluaciones continuas, etc.; así como las iniciativas para favorecer las redes de colaboración entre las instituciones.
El material que se describe en las viñetas corresponde a dos talleres realizados en el sector de formación continua en modalidad de taller presencial de cuatro horas cada uno. El grupo está compuesto por diversos profesionales, entre ellos: obstétricas, médicos (ginecólogos, neonatólogos y pediatras) enfermeros y puericultores de hospitales; y psicólogos, psicoterapeutas, trabajadores sociales y educadores de varios centros de salud mental comunitaria que se ocupan de la mujer y la familia.
Los participantes adhirieron a la iniciativa en modo voluntario y los dos talleres no tenían continuidad entre ellos. En cada encuentro participaron alrededor de cuarenta profesionales y en un alto porcentaje fueron los mismos en ambos talleres.
La intervención – Demanda
El pedido de intervención fue acerca del rol de coordinar, en calidad de consultor externo, una experiencia de multidisciplinariedad y trabajo en equipo para profesionales que se desempeñan en el ámbito perinatal en varias instituciones. El objetivo principal intenta poner a trabajar las diferencias focalizando en lo que se puede hacer juntos como conjunto.
Por la limitación del tiempo de la intervención directa con los operadores, la preparación ha incluido la producción conjunta – con el ente de formación – de un material escrito que se entregaba a los participantes para que pudieran continuar trabajando y elaborando en sus prácticas habituales. El trabajo con el ente también incluye un seguimiento en curso de los desarrollos sucesivos en las diferentes instituciones participantes.
Fundamentación
Al nacer se trae consigo el bagaje de la historia de las generaciones que nos preceden con todas las expectativas puestas sobre nosotros por parte de ese grupo. El niño que fue pensado, deseado e imaginado antes de llegar, pero al nacer es “otro”[3]. Está sujeto a lo que lo precede y será sujeto del vínculo.
En el camino hacia su propia subjetividad deberá abrirse paso desde su “otredad y ajenidad” (Berenstein, 2001). Resnizky nos señala que «en un nacimiento lo recién nacido lo “arribante” les acontece tanto al bebé como a los padres, propone una alteración radical del conjunto» (Resnizky, 2024, p. 39). Cuando nace un niño, todos se transforman, ya que llega algo nuevo e inesperado que no será igual a lo imaginado.
La relación instituye a los sujetos que lo produjeron y lo habitan, siendo este un punto de partida (Berenstein 2001). En la perspectiva de un psiquismo abierto que no está puramente determinado por sus estructuras, cada encuentro nos permite la construcción de nueva subjetividad.
El sujeto y el grupo. El espacio “entre”
El ser humano vive una danza continua, un movimiento oscilante, entre la necesidad de pertenecer a un vínculo y la de encontrar, sostener y afirmar su propia singularidad. Gomel y Matus (2011) nos dicen que en ese juego de pertenecer hay un trabajo psíquico, fuente de fatiga y de un cierto sufrimiento más allá de la deriva patológica, por la cierta dosis de renuncia pulsional y el necesario procesamiento de las diferencias. Nos encontramos en las diferencias y nos diferenciamos en el encuentro (Gomel y Matus, 2011, p. 48).
El grupo cuando es acompañado a metabolizar las ansiedades y procesos que atraviesa, es un dispositivo adecuado para experimentar lo que sucede en un vínculo. El grupo como conjunto, nos permite atravesar las fantasías, oscilaciones emotivas y los procesos de mentalización que se viven en ese espacio “entre sujetos” que como un campo dinámico va definiendo lo que queda afuera en interrelación con las distintas situaciones.
Kaës (2015, p. 102) nos recuerda que desde diferentes posturas y conceptualizaciones el grupo ha sido considerado como un “todo” (Bion, Pichón Rivière, Foulkes, Bleger, Anzieu). En su metapsicología del tercer tipo, este autor nos propone que el grupo es un espacio de entretejido de lo singular y lo plural. Es en la dimensión inter psíquica, que existiría ese espacio “entre” sujetos, que es lo que los liga y lo que los diferencia (Kaës, 2015, p. 93).
El espacio “entre” – lo que mantiene unido el conjunto – es considerado al decir de Deleuze “de lo que va por el medio”[4]. En ese espacio “entre” se juega la “lógica del dos”, donde se alternan conflictivamente el mundo representacional, la relación de objeto (el aspecto intrapsíquico) con el mundo de la presentación, lo nuevo que “el otro me propone” (Resnizky, 2024).
El efecto de la alteridad y el efecto de la presencia se ponen en juego convocando los participantes del vínculo a realizar un trabajo psíquico (Resnizky, 2024 p. 52). En ese espacio “entre” también se juega el cuerpo vivenciado en el campo dinámico vincular. La dimensión intersubjetiva que se pone en juego a través del cuerpo como apuntalamiento del psiquismo ha sido considerada desde diferentes teorizaciones en psicoanálisis. Pallaro (1996), por ejemplo, citando el trabajo de Anzieu y Fairbairn, entre otros, subraya que los límites del yo se construyen a partir de las primeras sensaciones táctiles, sensoriales y kinestésicas. Una línea del psicoanálisis que se desarrolló en USA. puso atención en la observación de la interacción madre – hijo estudiando los procesos de individuación desde una perspectiva de la evolución psico-sexual y afectiva del niño[5]. Desde otra perspectiva, y considerando los diferentes ritmos que acompañan y separan los tiempos vividos de los sujetos y los conjuntos, Kaës (2015, p. 131) nos recuerda el trabajo de Avron, que ha llamado inter – rítmica pulsional o pulsión de interrelación rítmica: a la capacidad humana de entrar en relación inmediata y recíproca con los otros; y establece que la inter rítmica está en la base de las experiencias de placer y displacer compartidas.
En el abordaje del psicoanálisis vincular[6], sobre todo a partir de los trabajos de Janine Puget e Isidoro Berenstein, se fue dando lugar a incluir en el encuentro entre el yo y el otro, el efecto de presencia en el aquí y ahora en la relación intersubjetiva, la ajenidad y la alteridad que el otro me presenta en un encuentro.
Los desarrollos posteriores de esta línea han ido entonces considerando que, en un encuentro entre sujetos se juega también el plano de las dinámicas de la relación interpersonal real y encarnada. Por ejemplo, Gomel y Matus nos proponen considerar la escucha visual entre las conjeturas diagnósticas vinculares (Gomel y Matus, 2011 p. 105).
Gaspari (2011) también nos señala el cuerpo real que se presenta en un encuentro entre sujetos como algo que se puede poner a trabajar en el campo analítico. Este autor propone la importancia de una escucha sensorial en el dispositivo con familias. Y agrega que los ritmos de gestos y posturas, miradas y variaciones de la voz nos pueden indicar la modulación de la pulsión, y llama a esta dimensión “proxemia”[7]. Gaspari (2011) e incluye a la “proxemia” como producción de sentido, considerando que es una dimensión configurativa de las operatorias de los conjuntos y promotora de significantes de demarcación del “entre” sujetos.
En los vínculos el apuntalamiento es doble, hay apoyaturas múltiples incluyendo los aspectos fantasmáticos, simbólicos y sensoriales (táctiles y kinestésicos). El sujeto se va transformando en el intercambio constante con el medio y con los otros. Lo vincular es situacional. «Los vínculos emergen simultáneamente con aquello que enlazan en una dinámica de autoorganización» (Najmanovich, 2011, p. 70) como sucede con el grupo.
El grupo como experiencia de aprendizaje
Scalari (2017) partiendo de la concepción del grupo operativo[8], destaca el potencial de éste como dispositivo de aprendizaje para generar un equipo pensante que pueda comprender y contener el sufrimiento de quienes llegan a los operadores y a las instituciones como usuarios. Aquí esta autora puntualiza que el grupo como totalidad, no es un conglomerado o sumatoria de individuos, y que en calidad de conjunto puede ser una potencia peligrosa y destructiva, si no se lo acompaña leyendo y ayudando a elaborar sus dinámicas y procesos. Esta autora destaca el valor transformativo del grupo, si es acompañado por un coordinador que tiene un método y una experiencia para guiarlo y favorecer el pensar juntos, y subraya la necesidad de aprender a «copular psíquicamente entre diversos» como una urgencia cultural y social (Scalari, 2017 p. 50).
El grupo favorece la introducción a la lógica de la complejidad[9]. Corbella nos recuerda que la teoría y la clínica del grupo «nos han familiarizado con conceptos de complejidad, complementariedad y de la suplementación» (Corbella, 2014, p. 49). Esta autora agrega que el concepto de complejidad nos obliga a abandonar el paradigma del «out out y sustituirlo con el de et et».
Autori M. y otros (2025), nos proponen el grupo como lugar de reflexión de la teoría y la práctica clínica en psicoterapia (o del psicoterapeuta), ya que el mismo permitiría sostener la posición tercera que necesitamos para estar en el área transicional con el-los pacientes (con los grupos, parejas y familias).
Abordaje vincular y configuración del dispositivo[10]
Se trabajó en diferentes momentos “entre”[11] para configurar el dispositivo de intervención. Las preguntas que fueron surgiendo en la preparación de este fueron: ¿Cómo introducir una novedad y favorecer cierta deconstrucción de los lugares y modos habituales? ¿Cómo hacer que los participantes no permanecieran defendidos recitando un rol profesional? ¿Cómo catalizar en el arco de una experiencia de taller de tan solo cuatro horas, un pasaje a la horizontalidad necesaria para crear multidisciplinariedad?
Había que apostar a la creatividad del vínculo que reside en aquello que podemos hacer juntos y que es lo que mantiene unido al conjunto, poniendo a trabajar las diferencias en modo creativo y constructivo. Se partió de la pregunta; ¿Qué hay en ese espacio “entre”? ¿Qué tenían en común todas las instituciones y operadores?: La pertenencia al gran conjunto de aquellos que se ocupan del bienestar y la salud de la mujer y las familias.
Acompañando a las familias en su ciclo vital en todas sus formas (nacimiento/cambios y muerte) estas instituciones y sus operadores tienen la posibilidad de “favorecer” crecimiento, pero al mismo tiempo pueden ser potencialmente un “depósito” de expectativas, sufrimientos, miedos y duelos no procesados. Especialmente en estos momentos en los que el sistema de salud está bajo presión por la falta de recursos y la gran demanda. Los profesionales que trabajan en instituciones, en calidad de actores, están en primera línea recibiendo el impacto emotivo de los usuarios.
Recursos posibles
Pensando en las dificultades y fatigas, de estos operadores, se trabajó con la idea de iniciar con la anécdota del equívoco en el hospital, para introducir el primer encuentro. Como nos sugiere Sara Moscona el recurso del humor puede ser un modo de suavizar las dificultades y las ansiedades que la situación nueva nos genera. Esta autora agrega que el humor jugando con palabras y equívocos permite continuos deslizamientos del lenguaje, «cambia la vía del sentido y de este modo crea una situación inédita» (Moscona, 2024, p. 151).
Se proyectó contar con objetos mediadores y técnicas lúdicas que incluyeran la experimentación con el cuerpo vivenciado, si el grupo y la situación lo permitían. El juego podía favorecer un área común creativa en ese espacio “entre sujetos” y superar los diferentes lenguajes de cada profesión. Este recurso se utilizaría antes de la tradicional discusión de un caso clínico, en modo que se fueran articulando las imágenes y metáforas de las cadenas asociativas del grupo con un lenguaje nuevo común.
Se pensó entonces en incluir el cuerpo en movimiento a través de ejercicios, actividades lúdicas a fin de ponerlo en juego en la “escucha visual, sensorial y kinestésica del grupo” para favorecer un área de integración entre cuerpo, emociones y elaboración mental, (salir de binarismos y los determinismos que nos llevan a pensar al cuerpo o desde la biología – fisiología o solamente desde el aspecto representacional). Se incluyeron entonces entre los mediadores – para favorecer un lenguaje común – algunos de los instrumentos con los que cuenta la autora en su caja de herramientas[12].
Entretejido dialéctico teoría y práctica
El primer encuentro
El primer encuentro es siempre una novedad. Algo que no se puede predecir y que permite agregar algo nuevo a lo esperado. Pues en esta viñeta hay algo de esperado y algo de inesperado. Sentados en círculo se observa que los participantes están ubicados “de a dos”, como comúnmente sucede en algunas situaciones sociales, quizás entre colegas que ya se conocen. Hay rumor y risas como a veces ocurre en un grupo antes de iniciar una reunión.
viñeta
Para crear un momento nuevo se comienza con la anécdota del nacimiento y del equívoco elegida (la que está en la introducción de este escrito), la que provoca un momento común de distensión y risas. La coordinadora agrega luego: “El objetivo de esta jornada es pensar juntos en todo lo que está más allá de la parturienta, en esa mujer y madre, antes de ella, con ella y con el niño”.
Antes de la presentación de la coordinadora y los participantes, se han cambiado los lugares que ocupaban en las sillas en el círculo. Luego de la presentación con nombre, institución y profesión, se invita a todos a abandonar las sillas. Sucesivamente se pide a cada uno que se presente con su nombre y un gesto.
A continuación, se introduce el trabajo individual con el propio eje de equilibrio y la respiración para entrar en contacto con el propio cuerpo. Se verbaliza la necesidad de enraizarse con los pies en la tierra respirando ese momento, y se realiza un recorrido nombrando todas las partes del cuerpo para ir apuntalando el contacto con uno mismo. Luego se introduce, como objeto mediador, una tela elástica circular[13] que permite estar unidos y crear juntos ritmos de movimiento y figuras sin necesidad de estar en contacto físico con las manos.
Se observa que el grupo juega espontáneamente con el entusiasmo y la sorpresa de estar haciéndolo. Para ellos es algo novedoso. Sorpresa también para la coordinadora, que esperaba mayores dificultades y resistencias. Las risas y comentarios manifiestan una cierta dosis de alegría, diversión y también la ansiedad de estar allí jugando juntos.
La sincronía y sintonía, en la escucha de las modificaciones rítmicas[14] que cada uno iba proponiendo y que la coordinadora va integrando con intervenciones de movimientos y palabras. Se producen variaciones, y el grupo va llegando a un ritmo común abriendo y cerrando el círculo en movimientos centrípetos y centrífugos. Surgen comentarios: “Parece un útero que se contrae”.
Luego la coordinadora invita a cada uno a entrar al interior del círculo, si deseaban hacerlo. Y poco a poco todos van entrando de uno a uno. Alguien se mueve adentro y el grupo lo refleja desde afuera; alguien se apoya con su peso y el grupo lo sostiene equilibrando. Alguien pregunta: “¿Me sostienen? ¿Puedo confiar?” Así van entrando de uno a uno, por vez para colocarse al centro.
La coordinadora sugiere a todos probar entrar y apoyarse en la tela en círculo, diciendo: “Si nos apoyamos y estamos atentos a equilibrarnos, encontramos juntos el equilibrio”. Los participantes van entrando y se van apoyando hasta llegar a un momento de silencio y pausa, respirando con calma y equilibrando el peso de todos apoyados en la tela, lentamente, a un ritmo lento en el plano horizontal como el de acunarse[15]. Alguien dice: “Esta es la red”. La coordinadora concluye: “El grupo es una red que sostiene pero requiere de mucha atención al equilibrio de uno mismo y de todos en el conjunto”.
Entretejido
Como se puede observar, se había experimentado la seguridad del equilibrio de cada uno, individualmente durante el trabajo inicial con el enraizamiento (grounding). Esto fue importante como pasaje para proponer la posibilidad de equilibrarse sincronizando un ritmo entre todos juntos conectados a través de la tela. La experiencia permitió que los participantes asociaran estar dentro de la tela que los podía contener y el ritmo del conjunto de abrir y cerrar, con el hecho de estar naciendo: “Es un útero” y también con una red, como un grupo “somos un todo”. Asociaron también las ansiedades y miedos de caerse y no ser sostenidos con lo que, en sus prácticas en las instituciones y equipos sienten, viven. “¿Puedo confiar en compartir mis dificultades, miedos y ansiedades? ¿Me sostienen?
Luego, en dispositivo tradicional de grupo circular, sentados comentan la experiencia. Un participante mencionó la importancia de haber estado cerca físicamente como no sucedía durante la pandemia. Alguien verbaliza: “Estando todos apoyados pensé a la red de colaboración entre las distintas instituciones necesarias para sostenernos en nuestras prácticas”. Alguien expresó: “Somos la tribu de cuidadores, como esa de la anécdota del hospital y la familia que se equivoca de habitación…” -y agregó- “esa tribu es la que a veces hoy falta por todos los cambios que hubo en los últimos años en el tejido social. La mujer se siente muy sola y nos pide mucho cuando llega a nosotros”
Las intervenciones a nivel del trabajo con el cuerpo facilitaron[16] la instalación de emociones y ansiedades, relacionadas a fantasías de fusión, y alternaron momentos en los que se apuntalaron funciones del preconsciente y el yo, generando atención, contención y elaboración para favorecer imágenes de separación, individuación y singularidad. Como sostiene Schmais (1985), a través de los ritmos que el equipo va creando con los gestos y coreografías del movimiento, se acompaña el proceso del grupo, articulando las imágenes y metáforas, integrándolas con la producción de palabras y pensamiento. Fue posible generar palabras y significantes de demarcación desde la pre – elaboración a la cadena asociativa grupal. La novedad del juego con un objeto mediador y el cuerpo en movimiento facilitaron la creación de un área transicional que apuntalara la interacción a nivel horizontal. Fue surgiendo el “nosotros” que dio lugar, desde un “somos un conjunto”, a “esta es la red que puede sostenernos”. Se podría decir que surgió en este encuentro un momento fusional, con el “pecho bueno”, quizás “útero bueno” en este caso, que es parte de los procesos de los grupos. La “ilusión grupal” (Anzieu, 1971), “somos un buen grupo”, cuando surge, apuntala la creación de un involucro “la piel del grupo” como “la red que sostiene” y viceversa. Fue importante restituir a los participantes que, haber experimentado ser un “buen grupo”, reflejaba parte de los procesos, ya que siempre se atraviesan otros momentos en los que parece que el grupo no sostiene y no es un buen grupo, y que allí reside el trabajo psíquico que acompaña un coordinador.
La discusión del caso clínico en el primer taller
En un segundo momento, después de la pausa, se utilizó un caso clínico como tarea del procesamiento grupal. Se presentaba el caso de una mujer que, en una sesión con una psicóloga, relataba la violencia con la cual había vivido el parto. En la escucha hubo intercambios en donde se fue más allá del campo de la teoría y la práctica específica de cada profesión, compartiendo las resonancias emotivas. Una de las obstétricas comentó su dificultad para “no ponerse rígida cuando una mujer se lamentaba del dolor que sentía”, ya que lo leía como capricho y le daba mucho fastidio. Otro operador agregó: “¿Cómo se sentirá la parturienta si la persona que tiene que ayudarla, le pone cara de fastidio?”.
El grupo fue asociando los miedos y ansiedades experimentadas al estar en el círculo con la tela, con las ansiedades que la mujer podría experimentar en el momento del parto, y llegó a una conclusión: “En el grupo hemos experimentado juntos, las sensaciones de miedo y las emociones, y nos fuimos sosteniendo juntos; en cambio, la mujer en la sala de parto, si es acompañada con cara de fastidio, podría sentirse sola en ese momento crítico”.
Retomando la consideración de Gaspari, del trabajo con la “proxemia”, la inclusión del efecto de la presencia real del otro en la comunicación (el comportamiento, los gestos, miradas, tonos y ritmos de la voz, etc.) podrían ser elementos que nos permiten trabajar en dirección de la ampliación de lo preconsciente (Gaspari, 2011).
Se observa en la viñeta que el trabajo con estos elementos de la proxemia (gestos, posturas y rítmica interaccional) activaron imágenes de acciones interpersonales con ciertas correlaciones intrapsíquicas de algunos participantes (“¿Me sostienen?” – “Si le pongo cara de fastidio a la parturienta, podría sentirse sola”). Estas imágenes de pasajes de momentos de intersubjetividad y acciones interpersonales dieron apoyo al surgir de elaboraciones importantes a nivel de la relación yo-otro. Además, el tema mencionado de la postpandemia y la cercanía física podría interrogarnos sobre el tema del cuerpo vivo y real en esta época.
Se pudo observar, tal como Winnicott nos revelara, que el juego como tercera área de la experiencia (Winnicott, 1967) y los objetos mediadores facilitan la producción de imágenes y metáforas, como un área transicional entre el objeto y la representación, favoreciendo el trabajo del preconsciente.
El preconsciente estaría asociado a la actividad de simbolización del significado y sentido en el lazo y vínculo intersubjetivo (Kaës, 2015, p. 273). La ampliación del preconsciente podría ser muy importante cuando se trabaja con dispositivos plurisubjetivos, ya que como señala Kaës, el preconsciente es un área que permite conectar la producción de subjetividad y el espacio “entre” sujetos.
El segundo taller
Esta vez el tema propuesto para la tarea del grupo son los conflictos y dificultades en sus prácticas. El mediador elegido es un trabajo en pares (de dos en dos) facilitado por el juego del espejo (uno hace gestos y el otro lo espeja, alternando luego los roles).
En un segundo momento el mediador utilizado es la música para favorecer el juego de la construcción de un ritmo en común. Se sugiere la imagen de una danza o coreografía realizada de a dos: la consigna es utilizar un punto de contacto físico seguro (mano en el hombro o manos tomadas).
Un participante guía el movimiento y el otro se deja llevar por éste hasta ir intercambiando roles para ir creando juntos una danza, donde ya no haya uno que guie y otro que siga, sino un hacer juntos un ritmo, como un diálogo que fluye.
Viñeta
En el momento sucesivo, sentados en círculo, se habla de lo que se experimentó en el juego de a dos. Una psicóloga participante dice: “Para mí fue difícil seguir el ritmo del otro porque sentía que debía abandonar el control”; un pediatra agrega: “me hace pensar en lo que me pasa cuando hay una complicación en el amamantamiento, me viene la urgencia de decidir por una solución porque no me gusta sentirme así en incertidumbre, me da ansiedad y me pongo nervioso”.
Una psicoterapeuta manifiesta: “Para mí en cambio, fue difícil guiar al otro con mi ritmo porque tenía miedo de invadirlo y ser impositiva”, y concluye: “Me reconozco en esto, ya que es mi forma de relacionarme con las personas” … “cuando siento que me debo adaptar siempre a los otros, por miedo a entrar en conflicto…”.
Este ejercicio introdujo la atención a los momentos de encuentros y desencuentros en los ritmos que se iban creando. Surgieron representaciones intrapsíquicas y en el plano intersubjetivo, con reflexiones importantes sobre situaciones de interacciones entre el yo y el otro, en donde las imágenes surgidas a partir de la de diacronía rítmica se proponían como metáforas descriptivas.
Un ginecólogo dijo algo que introdujo el tema del trabajo en equipo y los conflictos: “En el momento de la danza tomados de las manos, pensé en la mano de mi colega con el que no estoy de acuerdo” (dirigiéndose a él, porque allí estaba a su lado). “A pesar de que no estamos de acuerdo en nuestras posturas, en el quirófano, cuando estoy cansado, él me sostiene mi mano cuando tengo que usar el bisturí; si me ve en dificultad, me ayuda”.
El grupo pudo concluir que la imagen de “La mano que sostiene en el quirófano a pesar de no estar de acuerdo” expresaba la presencia y la disponibilidad de los operadores entre colegas a ayudarse, más allá de los conflictos, para que se pudiera poner la atención en lo que se puede hacer juntos, poniendo al centro los pacientes (la mujer, el niño y la familia). Cuando nace el grupo como espacio en el que las diferencias vienen contenidas y se ponen a trabajar, es posible concentrarse en la creatividad de la tarea. Es lo que también sucede cuando en un vínculo podemos transformarnos enriqueciéndonos a través de lo que se puede construir y hacer juntos.
La discusión del caso clínico
También en este segundo encuentro se utilizó un caso clínico después de la pausa para favorecer la elaboración y el pensamiento grupal. La hipotética paciente era una mujer de 65 años que llegaba a un centro de salud mental comunitaria, con pedido de asistencia psicológica para trabajar su dificultad en la relación con su hija adulta. Hablaba de la experiencia tan negativa del parto de su hija, evidenciando mucho rechazo y una notable conflictividad en el tipo de vínculo con ella.
Una obstétrica comentó: “¡Oh!, el tema de las madres… ¡Qué tema! Por este motivo yo no les dejo llevar el celular a la sala de parto a las mujeres cuando van a dar a luz, así la propia madre no las molesta llamándolas o diciendo lo que deben hacer, ¡a veces las madres son muy pesadas!”. Otro operador replicó: “Pero no es suficiente con evitar que hable realmente con la madre al teléfono porque lamentablemente su influencia está en su cabeza”.
Una psicoterapeuta agregó que, pensando en los conflictos inconscientes de una mujer, le venía en mente la situación de una paciente que había atendido en el centro de salud donde trabaja, la cual estaba embarazada y: “esperaba que fuera un varón porque inconscientemente la hacía sentir ser aceptada por su padre. Cuando supo que sería una niña pensó en la interrupción del embarazo”. Y agregó: “Fue importante trabajar para elaborar el luto de lo que no sería posible con esta paciente, para acompañarla a reflexionar sobre su decisión”.
El grupo pudo conectarse con la complejidad de los lazos y vínculos humanos; las ansiedades y ambivalencias que a veces los conflictos nos generan, de cuánto es difícil sostener esa carga emotiva y del importante trabajo elaborativo. Se abrió la posibilidad de una diferente lectura del sufrimiento de la hipotética mujer en la sala de parto, dando espacio a la comprensión de las ansiedades y conflictos, pactos y alianzas inconscientes de la madre en el vínculo con la familia de origen; y, a su vez, el entramado de la familia en la sociedad. Un médico agregó a propósito de esto: “La formación profesional que hice no me dio instrumentos para comprender el aspecto psicológico o integrar la complejidad humana”.
Reflexiones accesorias
Compartiendo en detalle cómo se fueron integrando los diferentes instrumentos del armado de este entretejido, se ha recuperado también la presencia del cuerpo real y su lugar. Las técnicas mediadoras lúdicas fueron un instrumento de sostén importante para la coordinadora porque forma parte de las herramientas con las que cuenta en su bagaje. Esto se plantea como suplementario y posible de ser incluido, si lo permiten las condiciones de la situación y del grupo, sobre todo si son recursos estudiados y trabajados.
En el caso de este grupo, el emergente de imágenes que dieron figurabilidad a la rítmica interactiva, abrió la posibilidad de que los operadores no se refugiaran detrás de sus prácticas y teorías y pudieran entrar en el plano emotivo y relacional en un territorio desconocido que quizás favoreció la deconstrucción de previos esquemas y la creatividad grupal. Un tema para continuar profundizando es el área de integración de las lógicas diferentes en el campo vincular y el lugar del cuerpo desde el punto de vista vivencial, tema que nos convoca en esta contemporaneidad.
Work in progress (Trabajo en proceso y en progreso)
Al trabajar en instituciones nos encontramos en contextos, a menudo rígidos y poco vitales (creencias e ideologías establecidas, verdades o conceptos sobre la normalidad y la desviación, prejuicios, dinámicas de poder, etc.) que nos atraviesan y que muchas veces pueden interferir en nuestro trabajo. La institución “alberga”, pero a veces los operadores no se sienten acogidos en la necesidad de crecimiento, porque los aspectos institucionales disociados y fragmentados o bien llamados psicóticos (Bleger, 1971) tienden a volverse burocráticos y no permiten acompañar el cambio y la renovación. Cuando falta el contenedor del equipo como espacio de pensamiento común, surgen fragmentaciones en las perspectivas y cada uno se defiende de sus dificultades, a veces sin procesar las emociones sino actuándolas, como en el ejemplo de la viñeta del primer encuentro, donde la obstétrica experimenta como capricho el dolor de la parturienta, entonces se pone rígida ante ella.
Estamos atravesados por nuestras implicancias institucionales, partimos de conceptos de familia, salud y enfermedad de los que no somos conscientes; y, a menudo, es necesario que alguien externo nos permita poner en discusión esas certezas que nos parecen verdades absolutas. Cuando estamos dentro de una institución y somos parte de esta, es difícil coordinar un equipo que funcione como grupo verdaderamente; requiere de un trabajo supervisado o de una coordinación externa.
Como sostiene Scalari (2017) la coordinación de un equipo que pueda funcionar como grupo, va realizada por alguien que cuente con formación y experiencia específicas y que pueda acompañarlo, «estando en el círculo sin ser parte del grupo, asumiéndose la tarea de facilitar el proceso que va desde ser un conglomerado o sumatoria de personas a devenir un conjunto con una mente grupal» (Scalari, 2017, p. 52).
El equipo es un dispositivo para pensar juntos, para poner en discusión la rigidez de ciertos condicionamientos y nos permite deconstruir diferentes atravesamientos institucionales, todos aquellos que pasan por nosotros y con los que estamos involucrados. En nuestras profesiones como psicoanalistas estamos habituados a confrontarnos, escucharnos, intercambiar y supervisar tanto espacio “entre” en construcción, y eso nos sostiene y permite cuidarnos entre nosotros. No es así en todas las disciplinas y profesiones del ámbito sanitario y educativo, tal vez nuestra contribución es muy importante en este sector como cuidado de los que cuidan.
La breve experiencia en el grupo permitió acompañar a los participantes a interrogarse sobre el espacio que dan a la parturienta -futura madre en devenir- y sus conflictos. La experiencia dio lugar a preguntarse sobre cómo funcionan como grupo de trabajo, sobre sus prácticas. Quizás surja la oportunidad de profundizar y reflexionar sobre los atravesamientos ideológicos y contener una lectura polifónica de la familia alojando su complejidad.
Conclusiones
Esta intervención realizada tiene muchos límites y ha constituido solamente un evento en el que los participantes podían llevarse consigo nuevas reflexiones. Por las características de los dos talleres, no hay posibilidad de comprender o acompañar el efecto o impacto sucesivo. El formato de los talleres y el contenedor de la formación permitió quizás pasar de la idealización del momento de fantasía fusional al momento posterior del trabajo con las diferencias, que promovieron reflexiones creativas y aperturas.
No podemos saber el efecto posterior de des idealización en las prácticas cotidianas de todos los participantes cuando regresan a sus instituciones. No obstante, hay un seguimiento en curso a través del trabajo que la autora sostiene aún con el ente. Algunas instituciones han abierto un espacio de Inter visión y en algunos hospitales han realizado iniciativas autoorganizativas para hacer un encuentro on-line e intercambiar informaciones, reflexiones, criticidades, etc., para favorecer momentos de comunicación dado que en los turnos rotativos no hay tiempo para hablar de las dificultades. La breve experiencia realizada es como una pequeña marca en un trayecto que sería importante que pudiera continuar como proceso. Parecería que generó muchas expectativas y resultados inmediatos. No obstante, si toda esa energía se deja suelta, sin apuntalar, la desilusión o la búsqueda de un líder-salvador podría ser destructiva.”[17] Cabe esperar que algunas de las imágenes que surgieron puedan ser semillas que den nacimiento a un modo diferente de estar en sus lugares de trabajo.
La autora fue integrando en el entretejido de las diferentes tramas del grupo, sus instrumentos adquiridos en otros campos, dando lugar al trabajo de la proxemia y el cuerpo real. Esta actividad se reveló promotora de sentido y de significantes de demarcación. Los mediadores fueron permitiendo un lenguaje común para introducir el tema del inconsciente y poder elaborar lo que se experimenta en las propias prácticas. La intención de la autora de compartir las imágenes y pasajes de la experiencia intersubjetiva del grupo es un modo de dar un estímulo para valorar el potencial de la extensión del psicoanálisis en el ámbito de la prevención y profilaxis de las prácticas en ámbitos sanitario y educativo.
Se evidencia la importancia de contribuir a la prevención, extendiendo nuestra tarea en el intercambio con otros operadores pertenecientes a otras disciplinas del ámbito sanitario y educativo. En el compromiso ético de acompañar las madres, parejas y las familias en la construcción de lazos y vínculos más sanos, se extiende también nuestra tarea al ámbito de los otros operadores sanitarios que las acompañan en su ciclo de vida. La experiencia de grupo para introducir el trabajo en equipo muestra el potencial para alojar las dificultades de los operadores y generar un espacio de contención y cuidado con el propósito de acompañarlos a conocer la necesidad y la relevancia de escuchar el sufrimiento partiendo de sus propias dificultades. Cuidando a los otros cuidadores (operadores sanitarios y las instituciones), quizás contribuimos a la disponibilidad para alojar el sufrimiento y su presencia para escuchar lo que traen las madres, parejas y familias. En este modo contribuimos a la prevención de procesos bloqueados por rigidez y esterilidad.
Necesitamos aprender a salir de nuestros territorios para ver desde otros puntos de vista. El desafío de conocer otros lenguajes y ponernos a dialogar para construir inter y multidisciplinariedad es un modo de hacer algo juntos y encontrarnos en estas diferencias para hacer una comunidad. Poner a trabajar las diferencias no significa que hay una mejor y una peor, simplemente que eso nos llevará a considerar que existen condiciones de posibilidad.
La familia de hoy vive las transformaciones sociales del mundo del individualismo y el aislamiento. Las redes de sostén y apoyo de la comunidad y la presencia de los miembros de sus familias de origen se han ido desdibujando en cierta forma. Los operadores participantes en esta experiencia se reconocieron en el hecho de constituir, a veces, para la mujer que llega a la sala parto, una especie de “tribu”, como esa que en la anécdota que está invistiendo ese niño por llegar. La mujer y las familias que llegan a nuestras prácticas necesitan esa tribu para sentirse investidas de confianza y no en soledad.
Una comunidad que permite y da lugar a las singularidades es como una tribu que apoya y contiene, es una red que sostiene. La mano que da apoyo en los momentos difíciles es como el acompañarnos en el devenir de nuestras prácticas. Poner a trabajar la alteridad y las diferencias, donde hay un reconocimiento del otro, permite de avanzar con lo que podemos hacer juntos como comunidad. ¿Qué podemos hacer hoy desde nuestros lugares?
«Instituir con otros. Un invento que da figurabilidad a una heterogeneidad; figurabilidad para sí mismo y para el afuera. Creación de un interior y un exterior compuesto, heterogéneo. Una síntesis que hace posible la convivencia de esa heterogeneidad. En ese sentido nace como todo nombre, sintomático. Entonces, las configuraciones vinculares son cuatro, a saber: familia, pareja, grupo e institución en la construcción singular de nuestra propia figurabilidad. Delineación de una frontera en relación con el medio, y establecimiento de una diferencia singularizante. Lo interesante es que persiste, aún con sus malestares; y sigue identificando a un conjunto que piensa sus prácticas.
Todo el dilema de la lozanía de una institución pasa por no practicar teorías, sino teorizar a partir de las prácticas, por una particular modalización en sus oscilaciones, constructividad, figurabilidad, y su trabajo de deconstrucción» (Gaspari, 2000, ficha interna AAPPG).
Bibliografía
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* Psicoterapeuta, socia APG y COIRAG, Italia; miembro AIPCF, socia egresada AAPPG. (Asociación Argentina Psicoterapia di Grupo). Socio APID. mariagabrielasbiglio@gmail.com
[1] Adaptación de la autora de un cuento de Ephraim Kishon: “Tierno retoño de un árbol añoso” (fuente: https://librarium.data.blog/2023/10/21/tierno-retono-de-un-tronco-anoso/), fue sugerido por el supervisor de este proyecto de intervención, el Lic. Ricardo Claudio Gaspari, miembro titular AAPPG (Asociación Arg. de psicología y Psicoterapia de Grupo). Fue utilizado con el grupo de operadores participantes a la experiencia descripta en este trabajo.
[2] Corresponde al ámbito llamado “tercer sector”, que se apoya a recursos de sponsors privados para iniciativas en el sector sanitario y educativo, de una ciudad de América del Sur. No se dan más detalles por razones de confidencialidad.
[3] «Llamaremos “otro” al que además de un sector semejante y uno diferente ofrece al yo, de un modo definitorio, un sector ajeno. La ajenidad define al otro y su presencia» (Berenstein, 2001, p. 62).
[4] A. Zadunaisky, “Episteme de lo vincular”, Seminario “Producción de subjetividad”, IPCV – Ficha de catedra. AAPPG.
[5] Pusieron la atención en la observación de las interacciones entre madre e hijo (Mahler, Kestemberg); estudiando las características kinestésicas que acompañan los diferentes periodos de la evolución psico-sexual y afectiva del niño y los momentos de encuentro y desencuentro. Esta línea luego agregó el estudio de estudio de la llamada comunicación no-verbal en grupos y familias (Scheflen 1972).
[6] J. Puget hace referencia a una teoría vincular propia del Rio de La Plata, que fue tomando forma a partir de la noción de vinculo de Pichón Rivière que incluyó sujeto-vinculo y cultura, los Baranger con concepto de situación analítica como campo dinámico y el concepto de contratransferencia de H. Racker (Resnizky, p. 37-38).
[7] La Proxemia es también una disciplina que estudia el comportamiento no-verbal en la comunicación humana y se desarrolló principalmente en USA. a partir de los desarrollos de la teoría cibernética y de Bateson.
[8] Concepción derivada de Pagliarani y Bauleo, a su vez derivada de las aperturas creadas por Pichón Rivière, en Argentina a mitad de los años 1930.
[9] El paradigma de la complejidad de Morin concibe la interconexión entre los distintos elementos de las situaciones, como infinitos caminos que se van perfilando a partir de efectos vinculantes en la posibilidad, no como un pensamiento de estructura predeterminada de causa y efecto (Cerutti, 2009)
[10] Dispositivo entendido como «registro del panorama de recursos y obstáculos materiales y humanos disponibles para una singularizada experiencia analítica» (Gaspari, 2022, p. 8).
[11] Entre ellos los encuentros con el ente y la preparación con supervisión externa.
[12] Su formación teórico-práctica en Danza/movimiento terapia realizada durante 1997-1999, en el programa de Master in Creative Arts in Therapy. Drexel University. Filadelfia, USA.
[13] Esta tela de un metro de altura y con un diámetro que permite contener hasta aprox. cuarenta personas puede ser utilizada como un objeto lúdico mediador con diferentes grupos.
[14] La formación como danza/movimiento terapeuta comprende también un aprendizaje teórico practico de la “escucha y de la intervención kinestésica” que comprende, la observación de la forma y ritmos y el aprendizaje corporal de los mismos.
[15] Que correspondería a las cualidades de movimientos de los ritmos orales libidinales (Kestemberg, 1975).
[16] La secuencia donde cada uno se concentraba en su centro de gravedad, con el apoyo de los pies en el piso (apoyo/enraizamiento), el proprio equilibrio y la respiración permitió apuntalar seguridad en el eje vertical de cada uno.
[17] Anzieu (1971), nos recuerda que en los grupos los seres humanos comparten una ilusión en-cantadora o autodestructiva. En este último caso es la pulsión de muerte, escindida, es la que se proyecta no hacia el exterior, sino sobre el mismo grupo.

