REVUE N° 7 | ANNE 2010 / 1
Résumé
Le lien comme relation entre individus
Le lien étant un terme largement répandu dans la littérature psychanalytique, il convient de le préciser. Ici, le lien caractérise uniquement la relation «entre» les sujets. Le lien génère un espace virtuel de différence radicale entre les personnes. En psychanalyse, les conceptualisations du lien peuvent se regrouper selon deux modèles, appelés I et II dans ce travail, où je détaille leurs spécificités. Le modèle I marque une continuité entre la théorie des relations objectales et le développement du lien. Le modèle II montre la spécificité de la notion de lien et sa différence avec le concept de relation d’objet. Il convient de prendre en compte simultanément leurs origines différentes, leur logique distincte et déterminations sur la subjectivité.
Mots-clé : Lien, effet de la présence, jugement de la présence, interférence, différences radicales, altérité.
Summary
The link as a relationship between others.
As “link” is a term which is widely used in psychoanalytical literature, it is important to be precise about its meaning. In this paper, “link” refers specifically to the relationship between people. A link generates a virtual space between people where a radical difference exists. In psychoanalysis, there are two ways of conceptualizing “link” that I will call Model I and Model II. In this paper, I will detail the characteristics of these two models. In Model I, the structure of the link is considered as an extension of object relations. In Model II, I show the specificity of the notion of link as distinct from the concept of object relations. It is important to take into account that each model has a different origin, different logic and different effect on subjectivity.
Keywords: link, the effect of presence, judgement of presence, interference, radical difference, otherness.
Resumen
El vínculo como relación entre otros
Siendo vínculo un término de uso extendido en la literatura psicoanalítica conviene hacer precisiones. Aquí se caracterizará solo como la relación “entre” sujetos. El vínculo genera un espacio virtual de diferencia radical entre las personas. En psicoanálisis las formas de pensar el vínculo se puede agrupar en dos modelos que llamé I y II y en este trabajo y donde detallo sus especificidades. El Modelo I marca una continuidad entre la teoría de las relaciones objetales y el desarrollo vincular. El Modelo II muestra la especificidad de la noción de vínculo y su diferencia del concepto de las relaciones objetales. Conviene tener en cuenta a ambas sin perder de vista sus diferentes orígenes, distinta lógica y determinaciones sobre la subjetividad.
Palabras clave: vínculo, efecto de presencia, juicio de presencia, interferencia, diferencia radical, ajenidad.
ARTICLE
EL VÍNCULO COMO RELACIÓN ENTRE OTROS [1]
ISIDORO BERENSTEIN [2]
Cuestión. Análisis del título de esta presentación
Vínculo es una palabra muy usada entre nosotros. Se usa habitualmente en las conversaciones cotidianas y también en los trabajos psicoanalíticos. Un sentido más específico fue dado por Pichón Rivière, también por Bion y después por todos y cada uno de nosotros. Aunque suponemos decir lo mismo no siempre es así.
El vínculo, como relación en general, se refiere a lo que liga, pone en contacto, une de alguna manera a dos o más entidades internas o externas al sujeto. Así puede unir al yo y sus objetos internos, al yo y sus representaciones, puede ligar a un yo y otro yo, al paciente con su analista, a los miembros de una pareja o de una familia, etc. Y así se oirá hablar de vínculo interno, vínculo transferencial, vínculo de pareja, vínculo familiar, vínculo L, H y K o –L,-K, etc. Personalmente lo uso en forma restringida para denominar la relación “entre” sujetos.
No lo uso en los otros sentidos. El vínculo genera entre las personas un espacio virtual de diferencia radical (con consecuencias reales), el “entre”, y allí transcurren hechos emocionales y acciones eficaces. Y aquí hay dos modalidades de explicarlo y de funcionamiento que llamaré Modelo I y Modelo II.
Cuestión. Modelos posibles.
Modelo I (Figura 1):
Se refiere a la relación entre dos yoes con su vida psíquica infantil, registros de su pasado en una familia de origen, con una vida propia previa a esa unión. Pensemos en una pareja. Si es una familia esta descripción correspondería a los padres, que a su vez también funcionan como objetos amparadores, en base a la noción de desamparo del humano. Dan origen al mundo psíquico de los hijos, mediante la proyección e introyección. Son vigentes los juicios de existencia y de atribución. Lo que se da entre ellos es un movimiento en base a las identificaciones, con el cumplimiento de una fantasía inconsciente, con objetos parciales o totales proyectados desde el mundo interno de uno de ellos al otro, quien responde en forma complementaria, confirmando esa fantasía en la realidad, con lo cual cierra esa repetición de algún pattern pasado, temprano o infantil. La repetición no es idéntica, puede ser variable sin dejar de ser repetición. El otro puede hacer algo equivalente, lo cual no quita que sea el mismo mecanismo, se llaman identificaciones proyectivas cruzadas. En este modelo de relación la transferencia es el eje predominante.

Modelo II (Figura 2).
En esta otra formulación, Vínculo es una relación entre sujetos cuya característica es la presencia (con la puesta en juego del específico juicio de presencia), donde cada cual afecta al otro por estar ahí en ese momento y en ese lugar. A eso llamo presentación. Se da a través de una serie de actos donde el sujeto otro impone su presencia y por ello interfiere, no permite el movimiento identificatorio del yo. Interferir se relaciona con inmiscuirse, deriva de Inter que tiene la misma raíz que “entre” y de ferens: llevar. El carácter de otredad hace tope, interrumpe, altera la identificación del y con el objeto proyectado. Otredad es lo ajeno, lo extranjero del otro. La tarea es hacer lugar, en la relación, a la otredad de cada cual. Esta diferencia marca a todo sujeto en relación con el otro, al de la pareja, a cada padre, hijo, hermano o hermana, que son familiares y a la vez extraños, ajenos o extranjeros en cierto modo, por estructura, por definición, por el principio de subjetividad. Los conflictos vinculares exacerban y patologizan la diferencia.
Vínculo es un lugar de comienzo que repite una semejanza y una diferencia infantil y básicamente establece una diferencia radical cuyo trabajo puede dar lugar a un devenir además de producir la elaboración de una repetición.
Aquí el eje predominante es la interferencia. Lo más probable es que se dé el modelo I) y el II) pero es de importancia terapéutica diferenciarles e interpretarlos como determinaciones diferentes. El título de esta ponencia se completa diciendo que la relación es entre otros. Cada uno de nosotros es otro sujeto en relación a un sujeto que es otro. Quiero decir que prefiero no usar el término “yo” y “tu”, que indican más la direccionalidad en el discurso, de quien va a quien lo recibe. La construcción de la alteridad marca a cada sujeto como otro, y a la otredad como una propiedad dada por la pertenencia al vínculo. Obliga, como dije, a un arduo trabajo que dura toda la vida, con la imposición y la interferencia de la identidad así como con la identificación y la transferencia.
El modelo I es más conocido y frecuente. Por eso y por la brevedad del tiempo aquí me voy a referir especialmente al modelo II, que me parece ser menos transitado.

3a. Cuestión. Lo que se presenta en la relación entre otros. (Figura 3.)
La presencia (Berenstein 2007) de la persona es esa condición que se da por hallarse delante de otra u otras en el mismo paraje en una relación, en un lugar y un tiempo dispuestos con su cuerpo. Es distinto a relacionarse con el otro en ausencia, sin la presencia de su cuerpo, y con la representación[3] [4], siempre autoengendrada por el sujeto como base de la construcción del psiquismo. La presencia sería lo más específico del sujeto pues aunque acepta la representación que de él hace el otro sin embargo éste no puede investirlo en totalidad y podríamos considerar también específica y precisamente como presencia aquello que queda fuera de la representación.
La presencia se da a conocer como presentación, está sostenida por el cuerpo de cada cual y por su opacidad, que cuando falta lo convierte en ausencia. La presencia se conecta con el ahora más radical, aquí y ahora, en el presente, diferente a una realización del pasado, o como un deseo futuro. Quizá el pasado y el futuro se ubiquen en el campo de la representación y el sujeto, ahora en el presente, brinda una presentación.
La ausencia del sujeto, cuya construcción vía identificación introyectiva y proyectiva da lugar al objeto interno y la presencia del sujeto debieran poder pensarse como participando de una zona fluida que resulta de la suplementación entre ambas. Presencia se liga a la densidad del cuerpo, del cual se puede obtener una imagen, a la cual se puede investir pero tiene una marca de inaccesibilidad que señala su cualidad de extraño, de ajeno. Habría dos tipos de presencia: I) Una es la que se espera en relación a la ausencia bajo el supuesto de reemplazarla y hacerla coincidir. Sería una reactualización. La incertidumbre y la inevitable espera al reencuentro con lo perdido se invisten de ambivalencia. Se encuentran el deseo amoroso de volver a tener al otro, bajo la forma de lo anterior y la hostilidad porque el otro demora en venir o porque cuando lo hace se presenta distinto, lo cual puede ser registrado como falta de amor, no reconocimiento y especialmente como no haciéndole lugar en la mente del otro. No hay herida tan profunda para el yo como la fantasía de no tener existencia en y para el otro.
- II) La otra modalidad, que podemos llamar la presencia propiamente dicha, es la que no remite a algo previo. Despierta perplejidad que puede orientarse hacia la curiosidad por conocer o hacia desconfianza al no coincidir con lo conocido, o porque se lo superpone con un objeto persecutorio, ligado a experiencias previas. Dependerían de lo que la relación actual pueda producir. La presentación tiene una relación muy cercana con el cuerpo propio y de los otros. De éstos tenemos dos modalidades: el cuerpo pasajero, que habitando el mundo con nosotros no sostienen un vínculo subjetivo. Es el cuerpo de la persona que pasa, que podemos mirar en algún detalle pero pronto se esfuma, desaparece y deja un registro efímero. Ese cuerpo del cual nada ajeno se registra es llamado Körper por Husserl (cercano a la biología y casi como un objeto externo). Estimula la visión, puede entresacarse algún detalle parcial pero no nos modifica ni se modifica. El otro cuerpo, aquel que se entrama con la vida subjetiva, que forma parte de la intersubjetividad sería lo que Husserl llama Leib, cuerpo vivido, con significado. Tiene significado si me cambia, si me modifica. Es con éste último que aparece la idea de ser un cuerpo ajeno, es decir que puedo acercarme a él tanto como quiera pero me dice que es radicalmente otro. Estar con él me obliga a un trabajo permanente de acercamiento.
4a. Cuestión. Acerca de lo que se impone e interfiere en la relación con los otros. (Figura 4).
La interferencia (Berenstein, 2004) es el nombre de la falta de continuidad cuando dos (o más) presencias se enfrentan, se ponen una frente a la otra. Es el otro que se impone y al imponerse interfiere, estorba, obstaculiza, el transcurrir de las representaciones, las cuales tienen la virtud de evocar momentos de otro tiempo (anterior respecto del ahora) así como de otro espacio (interno respecto del actual entredos). Se producen dos situaciones y lo difícil es su existencia simultanea o sucesiva: la de la proyección de las representaciones inconscientes, de la fantasía previa al encuentro, el de vacío a ser rápida e infructuosamente llenado por los diversos mecanismos de la identificación. Es la búsqueda de coincidencia de lo anterior y lo interno con ese sujeto que hace gala de una presencia que interfiere, ahora aquí, expectativa que, a los fines de equipararlos, pone en marcha la transferencia. La otra situación es de incertidumbre respecto de ese desconocido que somos uno respecto del otro. También los afectos son otros y superpuestos: unos, los de transferencia van del amor a la hostilidad, otros, los de interferencia van desde la sorpresa hasta la emergencia de lo no conocido. En la primera es posible el enamoramiento, en la segunda es posible el conocimiento para poder hacer algo con él. Cabría preguntarnos como puede darse la novedad o la incertidumbre en una relación que tiene características de estabilidad.
La acción de interferir que resulta de la imposición, ya que es eso, una acción pertenece a la estructura del vínculo no corresponde a un propósito consciente de oponerse. Pertenecer a un vínculo será estar enfrente del otro, enfrentarse como dije antes haciendo en consonancia aunque cada cual lo haga diferente, lo cual no es bien visto por el carácter identitario que envuelve al yo. La interferencia es consonante con las nociones de malentendido como fundante del habla entre dos sujetos, con la noción de desacuerdo ante el acuerdo que propone lo idéntico o semejante, con la desubicación que surge en el intento de entenderse. Se opone al concepto de empatía = einfülung. Si la transferencia está ligada al amor (y al odio), la interferencia lo está a la perplejidad. La perplejidad es una suerte de extrañeza, de asombro ante lo que se supone no debería producirse y ocurre. Puede tener una deriva paranoide ante un intento de recrear que hay una sola manera de ver las cosas, una sola manera de pensar, la mía o la de la comunidad a la que pertenezco.
Lo novedoso e imprevisto se presenta impensadamente en una relación, corresponde a lo no esperado desde la semejanza en ella.

5a. Cuestión. Acerca de una tópica vincular: Lo semejante, lo diferente, lo ajeno. (Figura 5).
Esta noción de vínculo se sostiene en la diferencia radical y se puede describir una tópica correspondiente a modos de agrupar diversos sucederes de la relación, con su lógica correspondiente.

5.1. Lo semejante. (Figura 6)
Trabaja con la lógica de los parecidos. El mecanismo es la identificación, apropiación de una cualidad del otro para formar parte del sujeto, basada en el mecanismo de incorporación. Es el lugar predilecto del enamoramiento, y busca la anulación del hecho de ser dos sujetos para tratar de sentirse y ser uno. Trata de borrar al otro y acercarlo al propio ideal para que el otro sea como yo o para ser como el otro.
El verbo ser es el que mejor lo expresa. Siendo un paso requerido para cumplir con la fantasía de conjugarse con el otro tiende a convertir a los dos en uno. Cuando fracasa y alguien le reprocha a su pareja por no ser semejante se suele responder: “Con otras personas no me pasa, solo me ocurre contigo o a ti conmigo”.
Los reproches frecuentemente tienen como base la no semejanza. De esa manera se pone en palabras el deseo de pertenecer a un mundo uniforme, donde lo privilegiado sea lo uno.

5.2. Lo diferente. (Figura 7)
En esta zona se mueven los sujetos con la concepción de que no remiten a uno. Las diferencias son tres: la diferencia sexual: masculino/femenino, la diferencia generacional: padres/hijos y la diferencia de la alteridad: otro/otro. Estas diferencias no tienen el mismo status. Las dos primeras son específicas y también pueden funcionar como encubridoras de la tercera, siendo las tres a su vez modos de expresar la inaccesible diferencia radical. Es distinto decir que se “aceptan las diferencias”, cosa que por lo general casi todos decimos, a trabajar con ellas. En realidad habría una escisión entre el dicho de aceptar las diferencias y el registro corporal que marca una verdadera dificultad de su aceptación. El cuerpo se acerca más a la diferencia radical que el mundo representacional que en parte se basa en la semejanza.

5.3. Lo ajeno. (Figura 8)
Caracteriza lo que pertenece al otro, lo extraño, lo extranjero. Ajeno viene de alienus, en la antigüedad alienus era “ni griego ni romano”, y arrastra hasta ahora el sentido de no ciudadano. En inglés se dice alien que es un ser de otro universo pero con intenso carácter persecutorio, como en el film de Sigourney Weaver.
Estamos en una zona donde entre los habitantes del vínculo no se produce semejanza, donde a la extrañeza solo cabe hacerle un lugar, no se volverá ciudadana. Solo cabe hacer en conjunto si se da la posibilidad, como en el ejemplo de Baumann. Si seis hombres tratan de hacer un trabajo trasladar un pesado tronco de un lugar a otro y eso lleva una hora, uno solo de ellos no lo puede hacer trabajando seis horas. El trabajo conjunto no los hace ser uno y no dejan de ser quienes eran: uno alto, uno fuerte, uno bajo, etc., ajenos, pero el conjunto permite, al ofrecer un lugar para otros, un hacer que solos, individualmente no hubieran podido.

Bibliografía
Berenstein I., (2007), Del ser al hacer. Curso sobre vincularidad. Buenos Aires, Paidós.
Berenstein I., (2004), Devenir otro con otro(s). Ajenidad, presencia, interferencia. Buenos Aires, Paidós.
Birnbaum D., (1998), The hospitality of presence. Problems of
Otherness in Husserl´s phenomenology. Sternberg Press, Berlin, 2008
[1] Este trabajo fue presentado originalmente en el 4º. CONGRESO INTERNACIONAL PSICOANALISIS DE FAMILIA Y PAREJA. Buenos Aires, jueves 29 de julio de 2010.
[2] Argentina. Email: Iberens@fibertel.com.ar
[3] Habría tres sentidos de representación: I) cuya referencia es de proximidad en la imagen, II) de una relación con una experiencia que, inconsciente, se hace presente a través de otras producciones no sujeta a las reglas de la interpretación y construcción mediante indicios, III) una relación de autorización entre alguien que está en la posición autor y alguien en la posición de actor.
[4] Presentación, presentation (Präsentation, Gegenwärtigung). Representación, representation ( Vergegenwärtigung). Véase Birnbaum D. The hospitality of presence.
Sternberg Press, Berlin, 2008. Pág. 23


